<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530</id><updated>2012-01-29T06:02:16.712-08:00</updated><category term='William Somerset Maugham'/><category term='john dos passos'/><category term='william blake'/><category term='estado de sitio'/><category term='José de Espronceda'/><category term='Edgar Allan Poe'/><category term='Ernest Miller Hemingway'/><category term='Anton Chejov'/><category term='Émile Zola'/><category term='Thomas Mann'/><category term='Guy de Maupassant'/><title type='text'>Doblan X Ti</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>21</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-6284235225612969514</id><published>2011-10-21T20:30:00.000-07:00</published><updated>2011-10-21T20:32:42.842-07:00</updated><title type='text'>El Mito de la Caverna</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/-PWQpYdly89Y/TqI5TSKsquI/AAAAAAAAAPk/7M8Y0ZMQZn4/s1600/caverna1.jpg"&gt;&lt;img style="float: left; margin: 0pt 10px 10px 0pt; cursor: pointer; width: 320px; height: 131px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-PWQpYdly89Y/TqI5TSKsquI/AAAAAAAAAPk/7M8Y0ZMQZn4/s320/caverna1.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5666154284642511586" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El Mito de la Caverna&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Platón&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Después de eso -proseguí - compara nuestra naturaleza respecto de su educación y de su falta de&lt;br /&gt;educación con una experiencia como ésta. Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de&lt;br /&gt;caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños &lt;br /&gt;con   las   piernas   y  el  cuello   encadenados,   de  modo   que   deben permanecer allí y mirar&lt;br /&gt;sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor las cabeza. Más arriba y&lt;br /&gt;más lejos se halla l luz de un fuego que brilla detrás de ellos; y entre el fuego y los prisioneros&lt;br /&gt;hay un tabique construido de lado a lado, como el biombo que los titiriteros levantan delante del&lt;br /&gt;público para mostrar, por encima del biombo, los muñecos.&lt;br /&gt;-Me lo imagino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Imagínate ahora que, del otro lado del tabique, pasan sombras que llevan toda clase de utensilios&lt;br /&gt;y figurillas de hombres y otros animales, hechos en piedra y madera y de diversas clases; y entre&lt;br /&gt;los que pasan unos hablan y otros callan.&lt;br /&gt;-Extraña comparación haces, y extraños son esos prisioneros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero son como nosotros. Pues en primer lugar, ¿crees que han visto de sí mismos, o unos de los&lt;br /&gt;otros, otra cosa que las sombras proyectadas  por el fuego en la parte de la caverna que tienen&lt;br /&gt;frente a sí?&lt;br /&gt;-Claro que no, si toda su vida están forzados a no mover las cabezas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y no sucede lo mismo con los objetos que llevan los que pasan del otro del tabique?&lt;br /&gt;-Indudablemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues entonces, si dialogaran entre sí, ¿no te parece que entenderían estar nombrando a los objetos&lt;br /&gt;que pasan y que ellos ven?&lt;br /&gt;-Necesariamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y si la prisión contara con un eco desde la pared que tienen frente a sí, y alguno de los que&lt;br /&gt;pasan del otro lado del tabique hablara, ¿ no piensas que&lt;br /&gt;creerían que lo que oyen proviene de la sombra que pasa delante de ellos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-  ¡Por Zeus que sí !&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿ Y que los prisioneros no tendrían por real otra cosa que las sombras de los objetos&lt;br /&gt;artificiales transportados?&lt;br /&gt;- es de toda necesidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Examina ahora el caso de una liberación de sus cadenas y de una curación de su ignorancia, qué&lt;br /&gt;pasaría si naturalmente les ocurriese esto: que uno de ellos  fuera  liberado  y  forzado  a&lt;br /&gt;levantarse  de  repente,  volver  el  cuello  y marchar mirando a la luz y , al hacer todo esto,&lt;br /&gt;sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de percibir aquellas cosas cuyas sombras había&lt;br /&gt;visto antes. ¿ Qué piensas que respondería si se le dijese que lo que había visto antes eran&lt;br /&gt;fruslerías y que ahora en cambio, está más próximo a lo real, vuelto hacia cosas más reales y que&lt;br /&gt;mira correctamente? Y si se le mostrara cada uno de los objetos que pasan del otro lado del tabique&lt;br /&gt;y se le obligara a contestar  preguntas  sobre  lo  que  son,  ¿  no  piensas  que  se  sentiría&lt;br /&gt;en dificultades  y  que  considerará  que  las  cosas  que  antes  veía  eran  más verdaderas que&lt;br /&gt;las que se le muestran ahora?&lt;br /&gt;- Mucho más verdaderas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y si se le forzara a mirar hacia la luz misma, ¿ no le dolerían los ojos y trataría de eludirla,&lt;br /&gt;volviéndose hacia aquellas cosas que podía percibir, por considerar que éstas son realmente más&lt;br /&gt;claras que las que se le muestran?&lt;br /&gt;- Así es.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y si a la fuerza se lo arrastrara por por una escarpada y empinada cuesta, sin soltarlo antes de&lt;br /&gt;llegar hasta la luz del sol, ¿ no sufriría acaso y se irritaría por ser arrastrado y, tras llegar a&lt;br /&gt;la luz, tendría los ojos llenos de fulgores que le impedirían  ver  uno  solo  de  los  objetos&lt;br /&gt;que  ahora  decimos  que  son  los verdaderos ?&lt;br /&gt;- Por cierto, al menos inmediatamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Necesitaría acostumbrarse, para poder llegar a mirar las cosas de arriba. En primer lugar miraría&lt;br /&gt;con mayor facilidad las sombras, y después las figuras de los hombres y de los otros objetos&lt;br /&gt;reflejados en el agua, luego los hombres y los objetos mismos. A continuación  contemplaría  de&lt;br /&gt;noche lo que hay en el cielo y el cielo mismo, mirando la luz de los astros y la luna más&lt;br /&gt;facilmente que, durante el día, el sol y la luz del sol.&lt;br /&gt;-Sin duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Finalmente, pienso, podría percibir el sol, no ya en imágenes en el agua o en otros lugares que&lt;br /&gt;le son extraños, sino contemplarlo cómo es en sí y por sí, en su propio ámbito.&lt;br /&gt;-Necesariamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Después de lo cual concluiría, con respecto al sol, que es lo que produce las estaciones y los&lt;br /&gt;años y que gobierna todo en el ámbito visible y que de algún modo es causa de las cosas que ellos&lt;br /&gt;habían visto.&lt;br /&gt;- Es evidente que, después de todo esto, arribaría a tales conclusiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y si se acordara de su primera morada, del tipo de sabiduría existente allí y de sus entonces&lt;br /&gt;compañeros de cautiverio, ¿no piensas que se sentiría feliz del cambio y que los compadecería?&lt;br /&gt;- Por cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Respecto de los honores y elogios que se tributaban unos a otros, y de las recompensas para aquel&lt;br /&gt;que con mayor agudeza divisara las sombras de los objetos que pasaban detrás del tabique, y para el&lt;br /&gt;que mejor se acordase de cuáles habían desfilado habitualmente antes y cuáles después, y para aquel&lt;br /&gt;de ellos que fuese capaz de adivinar lo que iba a pasar, ¿te parece que estaría deseoso de todo eso&lt;br /&gt;y que envidiaría a los más estaría deseoso de todo eso y que envidiaría a los más honrados y&lt;br /&gt;poderosos entre aquéllos? ¿ O más bien no le pasaría como al Aquiles de Homero,  y "preferiría  ser&lt;br /&gt;un labrador  que fuera siervo de un hombre pobre" o soportar cualquier otra cosa, antes que volver&lt;br /&gt;a su anterior modo de opinar y a aquella vida ?&lt;br /&gt;- Así creo también yo, que padecería cualquier cosa antes que soportar aquella vida.&lt;br /&gt;- Piensa ahora esto: si descendiera nuevamente y ocupara su propio asiento, ¿&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no tendría ofuscados los ojos por las tinieblas, al llegar repentinamente del sol?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sin duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-  Y   si   tuviera   que   discriminar   de   nuevo   aquellas   sombras,   en   ardua competencia&lt;br /&gt;con aquellos que han conservado en todo momento las cadenas, y viera confusamente hasta que sus&lt;br /&gt;ojos se reacomodaran a ese estado y se acostumbraran en un tiempo nada breve, ¿ no se expondría al&lt;br /&gt;ridículo y a que se dijera de él que, por haber subido hasto lo alto, se había estropeado los ojos,&lt;br /&gt;y  que  ni  siquiera  valdría  la  pena  intenar  marchar  hacia  arriba?  Y  si&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;intentase desatarlos y conducirlos hacia la luz, ¿ no lo matarían, si pudieran tenerlo en sus manos&lt;br /&gt;y matarlo?&lt;br /&gt;- Seguramente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pues bien, querido Glaucón, debemos aplicar íntegra esta elegoría a lo que anteriormente ha sido&lt;br /&gt;dicho, comparando la región que se manifiesta por medio de la vista con la morada-prisión, y la luz&lt;br /&gt;del fuego que ha en ella con el poder del sol; compara, por otro lado, el ascenso y contemplación&lt;br /&gt;de las cosas de arriba con el camino del alma hacia el ámbito inteligible, y no te equivocarás en&lt;br /&gt;cuanto a lo que estoy esperando, y que es lo que deseas oír. Dios sabe si esto es realmente cierto;&lt;br /&gt;en todo caso, lo que a mi me parece es que lo que dentro de lo cognoscible se ve al final, y con&lt;br /&gt;dificultad, es la Idea del Bien. Una vez percibida, ha de concluirse que es la causa de todas las&lt;br /&gt;cosas rectas y bellas, que en el ámbito visible ha engendrado la luz y al señor de ésta, y que en&lt;br /&gt;el ámbito inteligible es señora y productora de la verdad y de la inteligencia, y que es necesario&lt;br /&gt;tenerla en vista para poder obrar con sabiduría tanto en lo privado como en lo público.&lt;br /&gt;- Comparto tu pensamiento, en la medida que me es posible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Mira también si lo compartes en esto: no hay que asombrarse de que quienes han llegado allí no&lt;br /&gt;estén dispuestos a ocuparse de los asuntos humanos, sino que sus almas aspiran a pasar el tiempo&lt;br /&gt;arriba; lo cual es natural, si la alegoría descrita es correcta también en esto.&lt;br /&gt;- Muy natural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Tampoco sería estraño que , de contemplar las cosas divinas, pasara a las humanas, se comportase&lt;br /&gt;desmañadamente  y quedara en ridículo por ver de modo confuso y, no acostumbrado aún en forma&lt;br /&gt;suficiente a las tinieblas circundantes, se viera forzado, en los tribunales o en cualquier otra&lt;br /&gt;parte, a disputar  sobre  sombras  de  justicia  o  sobre  las  figurillas  de  las  cuales  hay&lt;br /&gt;sombras, y a reñir sobre esto del modo en que esto es discutido por quienes jamás han visto la&lt;br /&gt;justicia en sí.&lt;br /&gt;-De ninguna manera sería extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Pero si alguien tiene sentido común , recuerda que los ojos pueden ver confusamente por dos tipos&lt;br /&gt;de perturbaciones: uno al trasladarse de la luz a la tiniebla,  y otro de la tiniebla a la luz; y&lt;br /&gt;al considerar  que esto es lo que le sucede al alma, en lugar de reírse irracionalmente cuando la&lt;br /&gt;ve perturbada e&lt;br /&gt;incapacitada de mirar algo, habrá de examinar cuál de los dos casos es: si es&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;que al salir de una vida luminosa ve confusamente por falta de hábito, o si, viniendo de una mayor&lt;br /&gt;ignorancia hacia lo más luminoso, es obnubilada por el respalndor.Así, en un caso se felicitará de&lt;br /&gt;lo que le sucede y de la vida a que accede; mientras en el otro se apiadará, y si se quiere reír de&lt;br /&gt;ella, su risa será&lt;br /&gt;menos absurda que si se descarga sobre el alma que desciende de la luz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-6284235225612969514?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/6284235225612969514/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/10/el-mito-de-la-caverna.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6284235225612969514'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6284235225612969514'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/10/el-mito-de-la-caverna.html' title='El Mito de la Caverna'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-PWQpYdly89Y/TqI5TSKsquI/AAAAAAAAAPk/7M8Y0ZMQZn4/s72-c/caverna1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-8482731343418375797</id><published>2011-06-18T13:13:00.000-07:00</published><updated>2011-06-18T13:14:12.938-07:00</updated><title type='text'>Anonimous</title><content type='html'>&lt;iframe width="560" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/zS4zTKncdGQ" frameborder="0" allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-8482731343418375797?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/8482731343418375797/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/06/anonimous.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/8482731343418375797'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/8482731343418375797'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/06/anonimous.html' title='Anonimous'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/zS4zTKncdGQ/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-4199319849437903402</id><published>2011-04-22T22:59:00.000-07:00</published><updated>2011-04-22T23:02:01.922-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Edgar Allan Poe'/><title type='text'>Edgar Allan Poe</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/-gIGeXAWubFA/TbJrFZnlhwI/AAAAAAAAADw/PJvHjvZGumc/s1600/images.jpgmmmmmmmmmmmmmm.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; 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&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:center" align="center"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-family: Nosferatu;font-family:Nosferatu;font-size:18.0pt;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: right;" align="right"&gt;&lt;span style="font-family: Nosferatu;font-family:Nosferatu;font-size:18.0pt;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:right" align="right"&gt;&lt;span style="font-family:Nosferatu;mso-bidi-font-family:Nosferatu;font-size:100%;"  &gt;Edgar Allan Poe&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:12.0pt;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¡Es verdad! nervioso, muy, muy terriblemente nervioso yo había sido y soy; ¿pero por qué dirán ustedes que soy loco? La enfermedad había aguzado mis sentidos, no destruido, no entorpecido. Sobre todo estaba la penetrante capacidad de oír. Yo oí todas las cosas en el cielo y en la tierra. Yo oí muchas cosas en el infierno. ¿Cómo entonces soy yo loco? ¡Escuchen! y observen cuan razonablemente, cuan serenamente, puedo contarles toda la historia. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Es imposible decir cómo primero la idea entró en mi cerebro, pero, una vez concebida, me acosó día y noche. Objeto no había ninguno. Pasión no había ninguna. Yo amé al viejo. El nunca me había hecho mal. Él no me había insultado. De su oro no tuve ningún deseo. ¡Creo que fue su ojo! Sí, ¡fue eso! Uno de sus ojos parecía como el de un buitre — un ojo azul pálido con una nube encima. Cada vez que caía sobre mí, la sangre se me helaba, y entonces de a poco, muy gradualmente, me decidí a tomar la vida del viejo, y así librarme del ojo para siempre. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Ahora éste es el punto. Ustedes me imaginan loco. Los locos no saben nada. Pero ustedes deberían haberme visto. Ustedes deberían haber visto cuan sabiamente yo procedí —¡con qué cuidado! — ¡con qué previsión, con qué disimulo, yo me puse a trabajar! Nunca fui más amable con el viejo que durante toda la semana antes de matarlo. Y cada noche cerca de la medianoche yo giraba el picaporte de su puerta y lo abría, ¡oh, tan suavemente! Y entonces, cuando había hecho una apertura suficiente para mi cabeza, ponía una oscura linterna sorda todo cerrada, cerrada para que ninguna luz saliera, y entonces metía mi cabeza. ¡Oh, ustedes habrían reído al ver cuan hábilmente la metía! La movía lentamente, muy, muy lentamente, para no perturbar el sueño del viejo. Me tomó una hora poner mi cabeza entera dentro de la apertura hasta poder ver como él yacía sobre su cama. ¡Ja! ¿Habría sido un loco tan inteligente como para hacer esto? Y entonces cuando mi cabeza estaba bien dentro del cuarto abrí la linterna cuidadosamente — OH, tan cuidadosamente — cuidadosamente (ya que los goznes crujían), la abrí apenas tanto como para que un único rayo delgado cayera sobre el ojo de buitre. Y esto lo hice durante siete largas noches, cada noche sólo a la medianoche, pero encontraba el ojo siempre cerrado, y así era imposible hacer el trabajo, porque no era el viejo quien me vejaba sino su Ojo Perverso. Y todas las mañanas, cuando el día irrumpía, iba con audacia a su cuarto y le hablaba valientemente, llamándolo por su nombre en un tono cordial, y averiguando cómo había pasado la noche. Entonces pueden ver que tendría que haber sido un viejo muy profundo, en verdad, para sospechar que cada noche, cerca de las doce, yo lo observaba mientras dormía. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Hacia la octava noche fui más precavido que lo común en abrir la puerta. El minutero de un reloj se mueve con más rapidez que mi propia mano. Nunca antes de esa noche había yo sentido el alcance de mis propias facultades, de mi sagacidad. Apenas podía contener mis sentimientos de triunfo. Pensar que allí estaba yo, abriendo la puerta poco a poco, y él ni siquiera soñaba con mis actos o pensamientos secretos. Yo casi reí con la idea, y quizás él me oyó, ya que de repente se movió en la cama como alarmado. Ahora ustedes pueden pensar que di marcha atrás — pero no. Su cuarto era tan como negro como la brea con la pesada oscuridad (las persianas estaban bien cerradas por el miedo a los ladrones), y por eso sabía que él no podía ver que la puerta se abría, y seguí empujándola constantemente, constantemente. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="font-weight: bold;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Entré mi cabeza, y estaba por abrir la linterna, cuando mi pulgar se resbaló sobre la lata que la cerraba, y el viejo saltó en la cama, gritando, "¿Quién anda ahí?" &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Me quedé muy quieto y no dije nada. Durante una hora entera no moví ni un músculo, y mientras tanto no lo oí acostarse. Todavía estaba sentado en la cama, escuchando; al igual que yo lo he hecho noche tras noche escuchando los relojes de la muerte en la pared. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;En un momento, oí un suave gemido, y supe que era el gemido del terror mortal. No era un gemido de dolor o de pena — ¡oh, no! Era el sonido sofocado que se levanta desde el fondo del alma cuando ésta se sobrecarga de temor. Yo conocía bien el sonido. Hace algunas noches, justo a medianoche, cuando todo el mundo dormía, ha brotado de mi propio pecho, profundizando, con su tremendo eco, los terrores que me enloquecían. Digo que lo conocía bien. Yo sabía lo que el viejo sentía, y lo compadecí aunque en mi corazón riera. Sabía que él había estado despierto desde el primer ruido débil cuando se había vuelto en la cama. Sus temores habían estado creciendo en él desde entonces. Había tratado de imaginarlos sin causa, pero no podía. Se había estado diciendo a sí mismo, "No es nada, es el viento en la chimenea, es sólo un ratón corriendo en el piso," o, "es un grillo que ha cantado sólo una vez." Sí, se había tratado de confortar sí mismo con estas suposiciones; pero fue todo en vano. Todo en vano, porque la Muerte aproximándose a él, lo había acechado con su sombra negra y había envuelto a la víctima. Y era la influencia fúnebre de la sombra no percibida lo que le hizo sentir, aunque no veía ni oía, sentir la presencia de mi cabeza dentro del cuarto. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando hube esperado un largo tiempo muy pacientemente sin oír que se recostara, resolví abrir un poco — una muy, muy pequeña rendija en la linterna. Así la abría — ustedes no pueden imaginar qué tan sigilosamente, sigilosamente - - hasta que al fin un único rayo tenue como el hilo de una araña se disparó desde la rendija y cayó sobre el ojo de buitre. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Estaba abierto, bien, bien abierto, y me puse furioso al observarlo. Lo vi con perfecta precisión — todo un azul sombrío con un horrendo velo encima que heló la misma médula de mis huesos, pero no pude ver nada más de la persona o cara del viejo, ya que había dirigido el rayo como por instinto precisamente sobre el punto maldito. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;¿Y ahora, no les he dicho que lo que ustedes confunden con locura no es sino la hiperestesia de los sentidos? ahora, digo, vino a mis oídos un sonido apagado, sordo, penetrante, así como el de un reloj envuelto en algodón. Reconocí ese sonido también. Era el golpeteo del corazón del viejo. Aumentó mi furia como el golpeteo de un tambor estimula al soldado en el coraje. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Pero aún así me contuve y me quedé quieto. Apenas respiraba. Sostuve la linterna inmóvil. Traté de mantener lo más firmemente que pude el rayo sobre el ojo. Mientras tanto el compás infernal del corazón aumentó. Creció más rápido y más rápido, y más fuerte y más fuerte, cada instante. ¡El terror del viejo debe haber sido extremo! Se hizo más fuerte, digo, más fuerte cada momento! — ¿me entienden bien? Les he contado que soy nervioso: y sí lo soy. Y entonces a la hora muerta de la noche, en el silencio terrible de esa casa vieja, un ruido tan extraño como ése me excitó a un terror incontrolable. Pero aún así, por algunos minutos más me contuve y me quedé quieto. Pero el golpeteo se hizo más fuerte, ¡más fuerte! Pensé que el corazón iba a estallar. Y ahora una inquietud nueva se apoderó de mí — ¡el sonido sería oído por un vecino! ¡La hora del viejo había llegado! Con un gran alarido, abrí la linterna y salté dentro del cuarto. Él gritó una vez — solamente una vez. En un instante lo arrastré al piso, y tiré la pesada cama sobre él. Entonces sonreí alegremente, al ver el acto tan bien hecho. Pero por muchos minutos el corazón siguió latiendo con un sonido ahogado. Esto, sin embargo, no me molestó; no podría oírse a través de la pared. En algún momento cesó. El viejo estaba muerto. Saqué la cama y examiné el cadáver. Sí, él estaba muerto, bien muerto como una piedra. Puse mi mano sobre el corazón y la mantuve allí varios minutos. No había pulsación. Bien muerto como una piedra. Su ojo ya no me molestaría más. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Si todavía me creen loco, ya no lo pensarán cuando describa las precauciones sabias que tomé para el ocultamiento del cuerpo. La noche pasaba, y trabajé rápidamente, pero en silencio. Lo primero que hice fue desmembrar el cadáver. Corté la cabeza. Después, los brazos. Después, las piernas. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Levanté tres de las tablas del piso del cuarto, y deposité todo entre las maderas. Luego reemplacé las placas tan hábilmente tan hábilmente, que ninguno ojo humano — ni siquiera el suyo — podría haber detectado algo fuera de lugar. No había nada para lavar — ninguna mancha de ningún tipo — ni un rastro de sangre -. Había sido demasiado cuidadoso para que eso ocurriera. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando había llegado al fin de estas labores, eran las cuatro en punto —aún oscuro como a medianoche. Cuando la campanada señaló la hora, hubo un golpe en la puerta de calle. Bajé para abrir con el corazón alegre, —porque ¿qué había de temer yo ahora? Entraron tres hombres, quienes se presentaron, con perfecta suavidad, como oficiales de policía. Un grito había sido oído por un vecino durante la noche; la sospecha de algún crimen se había despertado, la información había llegado a la oficina de la policía, y ellos (los oficiales) habían sido enviados para investigar las propiedades. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sonreí, — ¿porque qué había yo de temer? Les di la bienvenida a los caballeros. El grito, dije, fue mío en un sueño. El viejo, mencioné, había partido al campo. Llevé a mis visitantes por toda la casa. Los invité a que buscaran —que buscaran bien. Los conduje, en un momento, a su habitación. Les mostré sus tesoros, seguros, inalterados. Con el entusiasmo de mi confianza, traje sillas al cuarto, y les rogué que descansaran aquí de sus fatigas, mientras yo mismo, con la osadía salvaje de mi triunfo perfecto, coloqué mi propio asiento en el mismo lugar sobre el que descansaba el cadáver de la víctima. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Los oficiales estaban satisfechos. Mi comportamiento los había convencido. Yo estaba particularmente tranquilo. Ellos se sentaron y mientras yo contestaba animadamente, charlaron de cosas familiares. Pero, mientras tanto, sentí que me iba poniendo pálido y deseé que se fueran. La cabeza me dolía, y me imaginé un zumbido en mis oídos; pero ellos aún estaban sentados, y aún charlaban. El zumbido se hacía más claro: hablé desenfrenadamente para conseguir librarme de lo que sentía: pero continuó y ganó carácter definitivo — hasta que, en un momento, descubrí que el ruido NO estaba dentro de mis oídos. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sin duda que ahora me puse muy pálido; pero hablé más fluidamente, y en voz más alta. Sin embargo el sonido aumentó — ¿y qué podía hacer? Era un sonido apagado, sordo, penetrante — muy parecido al que hace un reloj envuelto en algodón... Me costaba respirar, y sin embargo los oficiales no lo oían. Hablé más rápido, más vehementemente pero el ruido constantemente aumentaba. Me levanté y argumenté sobre tonterías, en un tono alto y con gesticulaciones violentas; pero el ruido constantemente aumentaba. ¿Por qué no se iban ellos? Recorrí el piso de aquí para allá con pasos pesados, como si me excitaran a la furia las observaciones de los hombres, pero el ruido constantemente aumentaba. ¡Oh Dios! ¿Qué podía yo hacer? ¡Lancé espuma — enloquecí — maldije! Movía la silla en la que había estado sentado, y la hacía rechinar sobre las tablas, pero el ruido se levantaba sobre todo y continuamente aumentaba. Se hizo más fuerte — más fuerte — ¡más fuerte! Y todavía los hombres charlaban gratamente, y sonreían. ¿Era posible que no lo oyeran? ¡Dios Todopoderoso! — ¿nada, nada? ¡Ellos oían! — ¡ellos sospechaban! — ¡ellos SABÍAN! — ¡ellos se estaban burlando de mi horror! — esto pensé, y esto pienso. ¡Pero cualquier cosa era mejor que esta agonía! ¡Cualquier cosa era más tolerable que este desprecio! ¡Ya no podía soportar más esas sonrisas hipócritas! ¡Sentí que debía gritar o morir! — y ahora —otra vez —¡escuchen! ¡Más fuerte! ¡Más fuerte! ¡Más fuerte! ¡MÁS FUERTE! — &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify; font-weight: bold;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;"¡Villanos!" grité, "¡no disimulen más! ¡Admito el acto! — ¡arranquen las tablas! — ¡aquí, aquí! — ¡es el latir de su horrible corazón!"&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-4199319849437903402?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/4199319849437903402/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/edgar-allan-poe_22.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/4199319849437903402'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/4199319849437903402'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/edgar-allan-poe_22.html' title='Edgar Allan Poe'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-gIGeXAWubFA/TbJrFZnlhwI/AAAAAAAAADw/PJvHjvZGumc/s72-c/images.jpgmmmmmmmmmmmmmm.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-7231197868640928673</id><published>2011-04-22T13:26:00.000-07:00</published><updated>2011-04-22T13:33:49.334-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Edgar Allan Poe'/><title type='text'>Edgar Allan Poe</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://t1.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTqTpumYqd17Lhy7Zf4CgKAvweZUhXITwuWRkM77ZcluTnhD5qq"&gt;&lt;img style="float:right; 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 &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Cierta noche aciaga, cuando, con la mente cansada,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“Es un visitante –me dije–, que está llamando al portal;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;sólo eso y nada más.”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado Diciembre!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;en mis libros, ni consuelo a la perdida abismal&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;y aquí nadie nombrará.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;que, para calmar mi angustia repetí con voz mustia:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;un tardío visitante esperando en mi portal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Sólo eso y nada más”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“Caballero –dije–, o señora, me tendréis que disculpar&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;que dudé de haberlo oído...”, y abrí de golpe el portal:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;sólo sombras, nada más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;pero en este silencio atroz, superior a toda voz,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;sólo se oyó la palabra “Leonor”, que yo me atreví a susurrar...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;sí, susurré la palabra “Leonor” y un eco la volvió a nombrar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Sólo eso y nada más.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¡Es el viento y nada más!”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;fue, se posó y nada más.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“Ese penacho rapado –le dije–, no te impide ser&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Dijo el cuervo: “Nunca más”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;me sorprendió aunque el sentido fuera tan poco cabal,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;que se llamara “Nunca más”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;hasta que al fin musité: “Vi a otros amigos volar;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;por la mañana él también, cual mis anhelos, volará”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Dijo entonces :”Nunca más”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“Sin duda –dije–, repite lo que ha podido acopiar&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;del repertorio olvidado de algún amo desgraciado&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;que en su caída redujo sus canciones a un refrán:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“Nunca, nunca más”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;planté una silla mullida frente al ave y el portal;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;y hundido en el terciopelo me afané con recelo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;en descubrir que quería la funesta ave ancestral&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;al repetir: “Nunca más”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¡Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;y ya no usará nunca más!.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;mecido por serafines de leve andar musical.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“¡Miserable! –me dije–. ¡Tu Dios estos ángeles dirige&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Dijo el cuervo: “Nunca más”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“¡Profeta! –grité–, ser malvado, profeta eres, diablo alado!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;dime, te imploro, si existe algún bálsamo en Galaad!”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Dijo el cuervo: “Nunca más”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“¡Profeta! –grité–, ser malvado, profeta eres, diablo alado!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Por el Dios que veneramos, por el manto celestial,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;dile a este desventurado si en el Edén lejano&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;a Leonor , ahora entre ángeles, un día podré abrazar”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Dijo el cuervo: “¡Nunca más!”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;“¡Diablo alado, no hables más!”, dije, dando un paso atrás;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!”&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Dijo el cuervo: “Nunca más”.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt; 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 font-family:"Times New Roman";  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span style="font-size:14.0pt;mso-bidi-font-size:10.0pt;"  lang="ES-AR"&gt;no se alzará...¡nunca más!.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="y"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;span style="font-family:&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;mso-fareast-Times New Roman&amp;quot;;mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:ES;mso-bidi-language: AR-SAfont-family:&amp;quot;;font-size:12.0pt;"  &gt;  &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-7231197868640928673?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/7231197868640928673/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/edgar-allan-poe.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/7231197868640928673'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/7231197868640928673'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/edgar-allan-poe.html' title='Edgar Allan Poe'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-6519650909352048821</id><published>2011-04-22T11:26:00.000-07:00</published><updated>2011-04-22T11:27:57.728-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='william blake'/><title type='text'>WILLIAM BLAKE</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_bywizH4_Yeo/Swb5pkLf6SI/AAAAAAAAJD4/OZk7ZxgioiU/s1600/William+Blake+-+A+radical+visionary.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 512px; height: 390px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_bywizH4_Yeo/Swb5pkLf6SI/AAAAAAAAJD4/OZk7ZxgioiU/s1600/William+Blake+-+A+radical+visionary.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:hyphenationzone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:browserlevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;  &lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:latentstyles deflockedstate="false" latentstylecount="156"&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt;  /* Style Definitions */  table.MsoNormalTable  {mso-style-name:"Tabla normal";  mso-tstyle-rowband-size:0;  mso-tstyle-colband-size:0;  mso-style-noshow:yes;  mso-style-parent:"";  mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;  mso-para-margin:0cm;  mso-para-margin-bottom:.0001pt;  mso-pagination:widow-orphan;  font-size:10.0pt;  font-family:"Times New Roman";  mso-ansi-language:#0400;  mso-fareast-language:#0400;  mso-bidi-language:#0400;} &lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;span style=" ;font-family:Verdana;font-size:10pt;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;span style=" ;font-family:Verdana;font-size:10pt;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style=""&gt;&lt;span style=" ;font-family:Verdana;font-size:10pt;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;Leve mosca,&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;tu juego estival&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;mi incauta mano&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;barrió.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;¿Mas acaso no soy&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;una mosca como tú?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;¿O no eres tú&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;un hombre como yo?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;Pues yo danzo&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;y bebo y canto&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;hasta que una ciega mano&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:10.0pt;"  &gt;barra mi flanco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;mso-bidi-font-family:Verdana;font-size:8.0pt;"  &gt;WILLIAM BLAKE&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Verdana-Italic;mso-bidi-font-family:Verdana-Italic;font-size:10.0pt;"  &gt;Songs of Experience&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-family:Verdana-Italic; mso-bidi-font-family:Verdana-Italic;font-size:10.0pt;"  &gt;"The Fly," Stanzas 1&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-6519650909352048821?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/6519650909352048821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/william-blake.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6519650909352048821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6519650909352048821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/william-blake.html' title='WILLIAM BLAKE'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_bywizH4_Yeo/Swb5pkLf6SI/AAAAAAAAJD4/OZk7ZxgioiU/s72-c/William+Blake+-+A+radical+visionary.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-9219064667388095823</id><published>2011-04-11T19:00:00.000-07:00</published><updated>2011-04-11T19:32:25.842-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='José de Espronceda'/><title type='text'>José de Espronceda</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://castellano1.wikispaces.com/file/view/Jose_de_espronceda.jpg/63259400/Jose_de_espronceda.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;width: 411px; height: 485px;" src="http://castellano1.wikispaces.com/file/view/Jose_de_espronceda.jpg/63259400/Jose_de_espronceda.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-weight: bold; color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;Cancion del Pirata&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia; font-style: italic;font-family:Arial,Helvetica,Geneva,Swiss,SunSans-Regular;font-size:180%;color:#dd0806;"   &gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;   &lt;div style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: georgia; font-style: italic;" align="right"&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;    &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left; font-family: arial;"&gt;José de Espronceda&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;p style="font-family: arial;"&gt;&lt;a href="http://www.analitica.com/va/entretenimiento/quepasa/5385807.asp"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;   &lt;/div&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Con diez cañones por banda,&lt;br /&gt;viento en popa, a toda vela,&lt;br /&gt;no corta el mar, sino vuela&lt;br /&gt;un velero bergantín.&lt;br /&gt;Bajel pirata que llaman,&lt;br /&gt;por su bravura, El Temido,&lt;br /&gt;en todo mar conocido&lt;br /&gt;del uno al otro confín.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;La luna en el mar riela&lt;br /&gt;en la lona gime el viento,&lt;br /&gt;y alza en blando movimiento&lt;br /&gt;olas de plata y azul;&lt;br /&gt;y va el capitán pirata,&lt;br /&gt;cantando alegre en la popa,&lt;br /&gt;Asia a un lado, al otro Europa,&lt;br /&gt;y allá a su frente Istambul:&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Navega, velero mío&lt;br /&gt;sin temor,&lt;br /&gt;que ni enemigo navío&lt;br /&gt;ni tormenta, ni bonanza&lt;br /&gt;tu rumbo a torcer alcanza,&lt;br /&gt;ni a sujetar tu valor.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Veinte presas&lt;br /&gt;hemos hecho&lt;br /&gt;a despecho&lt;br /&gt;del inglés&lt;br /&gt;y han rendido&lt;br /&gt;sus pendones&lt;br /&gt;cien naciones&lt;br /&gt;a mis pies.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Que es mi barco mi tesoro,&lt;br /&gt;que es mi dios la libertad,&lt;br /&gt;mi ley, la fuerza y el viento,&lt;br /&gt;mi única patria, la mar.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Allá; muevan feroz guerra&lt;br /&gt;ciegos reyes&lt;br /&gt;por un palmo más de tierra;&lt;br /&gt;que yo aquí; tengo por mío&lt;br /&gt;cuanto abarca el mar bravío,&lt;br /&gt;a quien nadie impuso leyes.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Y no hay playa,&lt;br /&gt;sea cualquiera,&lt;br /&gt;ni bandera&lt;br /&gt;de esplendor,&lt;br /&gt;que no sienta&lt;br /&gt;mi derecho&lt;br /&gt;y dé pechos mi valor.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Que es mi barco mi tesoro,&lt;br /&gt;que es mi dios la libertad,&lt;br /&gt;mi ley, la fuerza y el viento,&lt;br /&gt;mi única patria, la mar.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;A la voz de "¡barco viene!"&lt;br /&gt;es de ver&lt;br /&gt;cómo vira y se previene&lt;br /&gt;a todo trapo a escapar;&lt;br /&gt;que yo soy el rey del mar,&lt;br /&gt;y mi furia es de temer.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;En las presas&lt;br /&gt;yo divido&lt;br /&gt;lo cogido&lt;br /&gt;por igual;&lt;br /&gt;sólo quiero&lt;br /&gt;por riqueza&lt;br /&gt;la belleza&lt;br /&gt;sin rival.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Que es mi barco mi tesoro,&lt;br /&gt;que es mi dios la libertad,&lt;br /&gt;mi ley, la fuerza y el viento,&lt;br /&gt;mi única patria, la mar.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;¡Sentenciado estoy a muerte!&lt;br /&gt;Yo me río&lt;br /&gt;no me abandone la suerte,&lt;br /&gt;y al mismo que me condena,&lt;br /&gt;colgaré de alguna antena,&lt;br /&gt;quizá; en su propio navío&lt;br /&gt;Y si caigo,&lt;br /&gt;¿qué es la vida?&lt;br /&gt;Por perdida&lt;br /&gt;ya la di,&lt;br /&gt;cuando el yugo&lt;br /&gt;del esclavo,&lt;br /&gt;como un bravo,&lt;br /&gt;sacudí.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Que es mi barco mi tesoro,&lt;br /&gt;que es mi dios la libertad,&lt;br /&gt;mi ley, la fuerza y el viento,&lt;br /&gt;mi única patria, la mar.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Son mi música mejor&lt;br /&gt;aquilones,&lt;br /&gt;el estrépito y temblor&lt;br /&gt;de los cables sacudidos,&lt;br /&gt;del negro mar los bramidos&lt;br /&gt;y el rugir de mis cañones.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Y del trueno&lt;br /&gt;al son violento,&lt;br /&gt;y del viento&lt;br /&gt;al rebramar,&lt;br /&gt;yo me duermo&lt;br /&gt;sosegado,&lt;br /&gt;arrullado&lt;br /&gt;por el mar.&lt;/p&gt;   &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153); font-family: arial;"&gt;Que es mi barco mi tesoro,&lt;br /&gt;que es mi dios la libertad,&lt;br /&gt;mi ley, la fuerza y el viento,&lt;br /&gt;mi única patria, la mar. &lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tierra Santa y su version del poema de José de Espronceda&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;iframe title="YouTube video player" src="http://www.youtube.com/embed/5k-QLyo9Hoc" allowfullscreen="" width="480" frameborder="0" height="390"&gt;&lt;/iframe&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-9219064667388095823?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/9219064667388095823/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/jose-de-espronceda.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/9219064667388095823'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/9219064667388095823'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/jose-de-espronceda.html' title='José de Espronceda'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://img.youtube.com/vi/5k-QLyo9Hoc/default.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-5087567928632712214</id><published>2011-04-02T13:12:00.000-07:00</published><updated>2011-04-02T13:16:27.910-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Émile Zola'/><title type='text'>Émile Zola</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRfh1gzD_BxGtRmT6spBZA0huEyHV8kMlpECw5Da8PDYSZmrRJV"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 116px; height: 160px;" src="http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRfh1gzD_BxGtRmT6spBZA0huEyHV8kMlpECw5Da8PDYSZmrRJV" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:180%;color:#800000;"  &gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Angéline o la casa encantada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;      &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:85%;color:#800000;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="color: rgb(0, 153, 0);"&gt;         &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Émile Zola&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);"&gt;     &lt;/span&gt;                       &lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Hace cerca de dos años, iba en bicicleta por un camino  desierto del lado de Orgeval, más allá de Poissy, cuando la brusca aparición de  una vivienda a orillas del camino me sorprendió de tal forma que salté de la  bicicleta para contemplarla mejor. Se trataba, bajo el cielo gris de noviembre y  el viento frío que barría las hojas secas, de una casa de ladrillo sin gran  personalidad, en medio de un vasto jardín plantado de árboles viejos. Pero lo  que la hacía extraordinaria, con una rareza arisca que oprimía el corazón, era  el horrible abandono en el que se encontraba. Y como un batiente de la reja  estaba arrancado, como un enorme rótulo, desteñido por la lluvia, anunciaba que  la propiedad estaba en venta, entré en el jardín, cediendo a una curiosidad  mezclada de angustia y malestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa debía llevar deshabitada treinta o tal vez cuarenta años. Los ladrillos  de las cornisas y de los bordes estaban desunidos, invadidos por el musgo y los  líquenes. Numerosas grietas cruzaban la fachada, semejantes a arrugas precoces,  surcando el edificio aún sólido, pero del que nadie se ocupaba ya en absoluto.  Abajo, los peldaños de la escalinata, hendidos por las heladas, invadidos por  ortigas y zarzas, se asemejaban al umbral de la desolación y de la muerte. Y,  sobre todo, la horrible tristeza que provenía de las ventanas sin cortinas,  desnudas y glaucas, de las que los chiquillos habían roto los cristales a  pedradas, permitiendo ver todas el lúgubre vacío de las habitaciones, como ojos  apagados que han permanecido abiertos en un cuerpo sin alma. Luego, a su  alrededor, el amplio jardín era una absoluta devastación, el antiguo parterre  apenas visible bajo las crecidas hierbas silvestres, los paseos desaparecidos,  comidos por las plantas voraces, los bosquecillos convertidos en selvas  vírgenes, una vegetación salvaje de cementerio abandonado en la sombra húmeda de  los grandes árboles seculares en los que, aquel día, el viento otoñal, lanzando  su triste queja, se llevaba las últimas hojas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante largo rato permanecí allí, en medio de aquel lamento desesperado que  brotaba de las cosas, con el corazón turbado por un miedo sordo, por una  tristeza que aumentaba, retenido no obstante por una ardiente compasión, una  necesidad de saber y de simpatizar con todo lo que sentía de miseria y de dolor  a mi alrededor. Y, cuando me decidí a salir, vi al otro lado del camino, en el  cruce de dos caminos, una especie de posada, una casucha en la que se ofrecía  bebida, entré decidido a hacer hablar a la gente del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No había allí sino una anciana que me sirvió una caña de cerveza, quejándose. Se  lamentaba de estar situada en aquel camino alejado, por el que no pasaban ni dos  ciclistas al día. Hablaba sin parar, contaba su historia, decía que se llamaba  señora Toussaint, que había venido de Vernon con su hombre para hacerse cargo de  aquella posada, que al principio las cosas no habían marchado mal, pero que todo  iba de mal en peor desde que se había quedado viuda. Y, después de su raudal de  palabras, cuando empecé a interrogarla acerca de la propiedad vecina, se puso  circunspecta de repente, mirándome con expresión desconfiada, como si yo  quisiera arrancarle temibles secretos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah! sí, la Sauvagière, la casa encantada, como dicen por la comarca... Yo no  sé nada, señor. No es de mi época, sólo hará treinta años en Pascua que vivo  aquí, y esas cosas se remontan a cuarenta años. Cuando nosotros llegamos aquí,  la casa ya se encontraba más o menos en el estado en que la ve... Los veranos  pasan, los inviernos pasan y nada se mueve, salvo las piedras que caen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero, en fin -pregunté yo- ¿por qué no la venden, puesto que está en venta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah! ¿por qué? ¿por qué? ¡Qué sé yo!... se dicen tantas cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda, terminé por inspirarle confianza. Además, era evidente que estaba  deseando repetirme las cosas que se decían. Para empezar, me contó que ninguna  de las chicas del pueblo vecino se habría atrevido a entrar en la Sauvagière,  después del anochecer, porque corría el rumor de que un alma en pena se aparecía  allí por la noche. Y, como yo me extrañara de que, estando tan cerca de París,  una historia semejante pudiera aún encontrar algún crédito, se encogió de  hombros, quiso en un primer momento hacerse la fuerte, pero terminó por  manifestar su terror inconfeso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hay sin embargo hechos, señor. ¿Por qué no la venden? Yo he visto venir  compradores y todos se marcharon más rápido que llegaron; a ninguno de ellos lo  hemos visto reaparecer por aquí. ¡Y bien!, lo que es cierto es que, desde el  momento en que algún visitante se atreve a entrar en la casa, pasan cosas  extraordinarias: las puertas se mueven, se cierran solas con gran estrépito,  como si soplara un viento terrible; del sótano suben gritos, gemidos, sollozos;  y si se obcecan, una voz desgarradora lanza un grito prolongado: «¡Angéline!  ¡Angéline! ¡Angéline!» con una llamada tan dolorosa, que a uno se le quedan  helados los huesos... Le repito que esto está probado, nadie le dirá lo  contrario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Reconozco que empezaba a apasionarme por el tema, aunque fuera presa de un  pequeño escalofrío bajo la piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y esa Angéline, ¿quién es, pues?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah!, señor, sería necesario contárselo todo, y una vez más, yo no sé nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, terminó por decírmelo todo. Hacía cuarenta años, hacia 1858, en el  momento en el que el Segundo Imperio triunfante era una fiesta permanente, M. de  G..., que ocupaba un puesto en las Tullerías, perdió a su esposa, de la que  tenía una niña, de unos diez años, Angéline, un milagro de belleza, vivo retrato  de su madre. Dos años más tarde, M. de G... se había vuelto a casar con otra  belleza célebre, viuda de un general. Y aseguraban que, desde esa segunda boda,  unos atroces celos habían surgido entre Angéline y su madrastra, la una herida  en el corazón al ver a su madre ya olvidada, reemplazada tan pronto en el hogar  por aquella extraña; la otra, obsesionada, enloquecida por tener siempre ante  ella aquel vivo retrato de la mujer que temía no poder hacer olvidar. La  Sauvagière pertenecía a la nueva señora de G..., y allí, una noche, viendo que  el padre besaba apasionadamente a la hija, en su demencia celosa, habría  golpeado a la niña de tal manera, que la pobre pequeña habría caído muerta, con  la nuca fracturada. Luego, lo demás era horroroso: el padre fuera de sí aceptaba  enterrar él mismo a su hija en el sótano de la casa para salvar a la asesina; el  cuerpecito permanecía allí enterrado mientras afirmaban que la chiquilla se  encontraba en casa de una tía; los aullidos de un perro, que se empeñaba en  arañar el suelo, hizo que finalmente se descubriera el crimen, del que las  Tullerías se apresuraron a ahogar el escándalo. En la actualidad, el señor y la  señora de G... estaban muertos, pero Angéline volvía aún cada noche, al oír una  voz lastimera que la llamaba, desde el más allá misterioso de las tinieblas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nadie me desmentirá -concluyó la señora Toussaint-. Todo esto es tan cierto  como que dos y dos son cuatro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo la había escuchado, despavorido, sorprendido por las inverosimilitudes, pero,  conquistado, no obstante por la rareza violenta y sombría del drama. Aquel señor  de G..., yo había oído hablar de él y creía saber efectivamente que se había  vuelto a casar y que un dolor familiar había ensombrecido su vida. ¿Era, pues,  cierto? ¡Qué historia trágica y enternecedora, todas las pasiones humanas  removidas, exasperadas hasta la demencia, el crimen pasional más terrorífico que  pudiera verse, una chiquilla bella como el día, adorada, asesinada por su  madrastra y enterrada por su padre en un rincón del sótano! Era demasiado  hermoso de emoción y de horror. Yo iba a seguir preguntando, discutiendo, luego  me dije «¿Para qué?». ¿Por qué no llevarme, en su flor de imaginación popular,  aquel cuento horroroso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volvía a montar en bicicleta, eché una última ojeada a la Sauvagière. La  noche descendía, la casa miserable me miraba desde sus ventanas vacías y  oscuras, semejantes a ojos de muerta, mientras que el viento otoñal gemía entre  los viejos árboles.&lt;/span&gt;&lt;p style="color: rgb(0, 153, 0);" align="center"&gt;II&lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 153, 0);"&gt;¿Por qué se clavó esta historia en mi cráneo, hasta  convertirse en una obsesión, en un verdadero tormento? Ése es uno de los  problemas intelectuales difíciles de resolver. De nada servía decirme a mí mismo  que leyendas semejantes corren por la campiña, que ésta, en suma, no presentaba  ningún interés directo para mí. A pesar de todo, la niña muerta me obsesionaba,  aquella Angéline deliciosa y trágica, que una voz lastimera llamaba cada noche  desde hacía cuarenta años, a través de las habitaciones vacías de la casa  abandonada. Y durante los dos primeros meses del invierno, hice averiguaciones.  Evidentemente, por poco que una desaparición semejante, una aventura hasta ese  punto trágica, hubiera salido al exterior, los periódicos del momento debían  haber hablado de ella. Examiné las colecciones de la Biblioteca Nacional, sin  descubrir nada, ni una línea que se pareciera a semejante historia. Luego,  interrogué a los coetáneos, a personas de las Tullerías: ninguna pudo  contestarme con exactitud, sólo obtuve informaciones contradictorias, hasta el  punto de que había abandonado toda esperanza de llegar a la verdad, sin dejar de  sentirme presa del tormento del misterio, cuando una casualidad me puso una  mañana sobre una nueva pista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Iba, cada dos o tres semanas, a hacerle una visita de buena confraternidad, de  ternura y de admiración, al viejo poeta V... que falleció el pasado abril, cerca  de los setenta años. Desde hacía ya muchos años, una parálisis en las piernas lo  tenía clavado en un sillón en su pequeño gabinete de trabajo de la calle de  Assas, cuya ventana daba al jardín del Luxemburgo. Acababa allí dulcemente una  vida de ensueño, sin haber vivido más que de imaginación, habiéndose construido  el ideal palacio en el que, lejos de lo real, había amado y sufrido. ¿Quién de  nosotros no recuerda su fino rostro amable, sus cabellos blancos de bucles  infantiles, sus pálidos ojos azules que habían conservado la inocencia de la  juventud? No podría decirse que mintiera siempre, pero lo cierto es que  inventaba sin cesar, de tal manera que no se sabía nunca con exactitud dónde  acababa para él la realidad y dónde empezaba el sueño. Era un anciano  encantador, desde hacía mucho tiempo fuera de la vida, cuya conversación me  conmovía frecuentemente como una revelación discreta y vaga de lo desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día, charlaba pues con él cerca de la ventana, en la estrecha habitación,  que calentaba siempre un fuego intenso. Fuera, la helada era terrible, y el  jardín del Luxemburgo se extendía blanco de nieve presentando a la vista un  vasto horizonte de candor inmaculado. Y no sé cómo llegué a hablarle de la  Sauvagière, de aquella historia que me preocupaba aún: el padre casado de nuevo,  la madrastra celosa de la niña vivo retrato de su madre, luego su sepultura al  fondo del sótano. Me había escuchado con la tranquila sonrisa que conservaba  incluso en la tristeza. Se había hecho silencio, su pálida mirada azul se perdía  a lo lejos, en la inmensidad blanca del Luxemburgo, mientras que una sombra de  sueño, emanaba de él y parecía envolverlo con un ligero escalofrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Conocí mucho al señor de G... -dijo lentamente-. Conocí a su primera esposa, de  una belleza sobrehumana; conocí a la segunda, no menos prodigiosamente bella; e  incluso las amé apasionadamente a las dos, sin decirlo jamás. Conocía también a  Angéline, que era aún más bella, y que todos los hombres habrían adorado de  rodillas... Pero las cosas no ocurrieron exactamente como usted dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue para mí una gran emoción. ¿Era la verdad inesperada de la que ya  desesperaba? ¿Iba a saberlo todo? En un primer momento no desconfié y le dije:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah! amigo mío, ¡qué favor me hace! Por fin mi pobre cabeza va a poder  calmarse. Hable rápido, cuéntemelo todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero él no me escuchaba, su mirada permanecía perdida en la lejanía. Luego habló  con voz de ensueño, como si hubiera ido creando los seres y las cosas a medida  que los evocaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Angéline era, a los doce años, un alma en la que todo el amor de la mujer había  florecido ya, con sus arrebatos de alegría y de dolor. Fue ella quien cayó  perdidamente celosa de la nueva esposa, que veía cada día del brazo de su padre.  Sufría como si se tratara de una horrible traición, pero no era sólo a su madre  a la que la nueva pareja insultaba, era a ella misma a la que torturaba y le  desgarraba el corazón. Cada noche, oía a su madre que la llamaba desde la tumba;  y una noche en que sufría demasiado y moría de exceso de amor, para unirse con  ella, la chiquilla de doce años se clavó un cuchillo en el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo lancé un grito: «¡Dios santo! ¿es posible?»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué espanto y qué horror -prosiguió sin oírme- cuando al día siguiente, el  señor y la señora G... encontraron a Angéline en su pequeña cama con aquel  cuchillo clavado hasta el mango, en pleno pecho! Estaban en la víspera de  marcharse a Italia, y no había allí más que la anciana doncella que había criado  a la niña. Ante el terror de que pudieran acusarles de un crimen, ayudados por  la doncella, enterraron efectivamente el pequeño cuerpo, pero en un rincón del  invernadero que hay detrás de la casa, al pie de un naranjo gigante. Y allí lo  encontraron el día en que, muertos ya los padres, la anciana criada contó la  historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me habían surgido dudas, lo miraba, presa de inquietud, preguntándome si no se  lo estaba inventando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero -le pregunté- ¿cree pues también que Angéline pueda volver cada noche al  escuchar el grito desgarrador de la voz misteriosa que la llama?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta vez me miró y volvió a sonreír con aire indulgente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Volver? ¡oh, amigo mío! todo el mundo vuelve. ¿Por qué no quiere que el alma  de la querida pequeña muerta habite aún en los lugares en los que amó y sufrió?  Si se oye una voz que la llama, es que la vida no ha vuelto a comenzar aún para  ella, pero recomenzará, esté seguro de ello, puesto que todo recomienza, nada se  pierde, ni al amor ni la belleza... ¡Angéline! ¡Angéline! ¡Angéline! y ella  renacerá en el sol y en las flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Definitivamente, ni la convicción ni la calma se establecían en mí. Mi viejo  amigo V..., el poeta niño, no me había aportado sino más confusión. Sin duda se  lo estaba inventando. No obstante, como todos los videntes, tal vez adivinaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es de verdad, todo lo que me está contando? -me atreví a preguntarle riendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él se animó a su vez:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por supuesto que es cierto. ¿Es que todo lo infinito no es verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella fue la última vez que lo vi, pues tuve que ausentarme de París, un  tiempo después. Aún puedo verlo con su mirada soñadora perdida sobre las sábanas  blancas del Luxemburgo, tan tranquilo en la certidumbre de su sueño sin fin,  mientras que a mí me devoraba la necesidad de establecer para siempre la verdad  huidiza.&lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 153, 0);" align="center"&gt;III&lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Trascurrieron dieciocho meses. Yo me había visto  obligado a viajar; grandes preocupaciones y grandes alegrías habían apasionado  mi vida, en mitad de la tempestad que nos lleva a todos hacia lo desconocido.  Pero, siempre, a determinadas horas, oía venir desde lejos y entrar en mí el  desolado grito: «¡Angéline! ¡Angéline! ¡Angéline!». Y permanecía temblando,  dominado de nuevo por la duda, torturado por el deseo de saber. No podía  olvidar, no existía para mí más infierno que la incertidumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo decir cómo, una admirable velada de junio, me volví a encontrar en  bicicleta por el camino apartado de la Sauvagière. ¿Había deseado formalmente  volver a verla? ¿Era un simple instinto el que me hacía abandonar la carretera y  dirigirme hacia aquel lugar? Eran casi las ocho; pero el cielo, en los días más  largos del año, irradiaba aún con un ocaso del astro triunfal, sin una sola  nube, todo un infinito de oro y azur. Y ¡qué aire ligero y delicioso, qué buen  olor de árboles y hierbas, qué tierna alegría en la paz inmensa de los campos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la primera vez, ante la Sauvagière, el estupor me hizo saltar de la  máquina. Dudé un instante, no era la misma propiedad. Una bella reja nueva  brillaba bajo el sol poniente, se habían levantado de nuevo los muros de la  tapia y la casa, que apenas veía entre los árboles, parecía haber retomado una  alegría risueña de juventud. ¿Era pues la resurrección anunciada? ¿Angéline  había vuelto a la vida gracias a las llamadas de la voz lejana? Había  permanecido en la carretera, impresionado, mirando, cuando unos pasos lentos,  cerca de mí, me sobresaltaron. Era la señora Toussaint que traía su vaca de un  campo de alfalfa próximo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No tienen miedo pues éstos? -le dije, señalando la casa con un gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me reconoció y detuvo el animal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ah señor! hay gente que marcharía sobre el buen Dios. Hace ya más de un año  que la propiedad fue comprada. Pero es un pintor el que lo hizo, el pintor B...,  y ya se sabe, los artistas son capaces de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego se fue con el animal añadiendo con un cabeceo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En fin, ya veremos en qué queda esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡El pintor B..., el delicado e ingenioso artista que había pintado a tantas  amables parisinas! Yo lo conocía un poco, intercambiábamos apretones de manos en  los teatros, en las salas de exposiciones, en los lugares en los que nos  encontrábamos. Y, de repente, un deseo irresistible de entrar, de confesarme a  él, de suplicarle que me dijera lo que sabía de cierto sobre esta Sauvagière,  cuyo aspecto desconocido me obsesionaba. Y, sin reflexionar, sin reparar en mi  polvoriento atuendo de ciclista, que la costumbre empieza a tolerar por otra  parte, empujé mi bicicleta hasta el tronco mohoso de un viejo árbol. Al escuchar  el sonido claro del timbre cuyo resorte se movía en la reja, un criado acudió al  que le entregué mi tarjeta de visita, y que me dejó por un instante en el  jardín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi sorpresa aumentó aún más cuando lancé una mirada a mi alrededor. Habían  reparado la fachada, ya no se veían las grietas ni los ladrillos separados; la  escalinata, adornada con rosas, se había convertido en un umbral de feliz  bienvenida; y las animadas ventanas reían ahora, comunicaban la alegría  existente en el interior, detrás de la blancura de sus cortinas. Y además, el  jardín había sido limpiado de ortigas y zarzas, el parterre volvía a ser visible  como un gran ramo oloroso, los viejos árboles parecían rejuvenecidos en su paz  secular por la lluvia dorada de un sol primaveral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el criado reapareció, me introdujo en un salón comentándome que el señor  había ido al pueblo vecino, pero que no tardaría en regresar. Lo habría esperado  durante horas; me entretuve examinando la habitación en la que me hallaba,  instalada lujosamente con mullidas alfombras, cortinas y guardapuertas de  cretona, conjuntadas con el amplio diván y los grandes sillones. Aquellos  cortinajes eran tan grandes que me sorprendió entrar en un espacio tan oscuro.  Luego la oscuridad se hizo completa. No sé cuanto tiempo tuve que permanecer  allí, se habían olvidado de mí, sin traer siquiera una lámpara. Sentado en la  oscuridad, me había puesto a revivir toda la historia trágica, abandonándome a  la ensoñación. ¿Angéline había sido asesinada? ¿Se había clavado ella misma un  cuchillo en mitad del corazón? Y, confieso que, en esta casa encantada, ahora a  oscuras, el miedo se adueñó de mí, un miedo que sólo fue un ligero malestar, un  pequeño escalofrío a flor de piel, pero que más tarde se exasperó, me heló por  completo en una locura de pánico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio me pareció que unos ruidos vagos erraban por algún lado. Era sin  duda en las profundidades del sótano, quejas sordas, sollozos reprimidos,  pesados pasos de fantasma. Luego, aquello subió, se acercó y toda la casa oscura  me pareció llenarse de angustia horrorosa. Y, de repente, se oyó la terrible  llamada: «¡Angéline! ¡Angéline! ¡Angéline!» con tal fuerza creciente, que creí  sentir pasar sobre mi cara un soplo frío. Una puerta del salón se abrió  violentamente. Angéline entró, cruzó la habitación sin verme. La reconocí en  medio de la ráfaga de luz que había entrado con ella desde el vestíbulo  iluminado. Era la pequeña muerta de doce años, de una belleza milagrosa, con sus  admirables cabellos rubios sobre los hombros, vestida de blanco, blanqueada por  la tierra de la que volvía cada noche. Pasó muda, desatinada, desapareció por  otra puerta, mientras que, de nuevo, el grito se repetía más lejano: «¡Angéline!  ¡Angéline! ¡Angéline!». Y yo permanecí de pie, con la frente cubierta de sudor,  en un estado de pavor que erizaba todo el vello de mi cuerpo, bajo aquel viento  de terror procedente del misterio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi inmediatamente, creo, en el momento en el que el criado traía por fin una  lámpara, tuve consciencia de que el pintor B... estaba allí y me daba la mano,  excusándose por haberme hecho esperar tanto rato. No tuve falso amor propio, le  conté lo que me había sucedido, aún nervioso. Y ¡con qué sorpresa me escuchó en  un primer momento y con qué buenas risas se apresuró a tranquilizarme después!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Usted ignora sin duda, amigo mío, que yo soy primo de la segunda señora de G...  ¡Pobre mujer! ¡acusarla del asesinato de aquella chiquilla que amó y que lloró  tanto como el padre! Pues la única cosa cierta es que, efectivamente, la niña  murió aquí, pero no por su propia mano ¡Dios Santo!, sino de una fiebre  repentina, como un rayo, por lo que los padres le tomaron pavor a esta casa, y  no quisieron volver a ella jamás. Eso explica que permaneciera deshabitada  mientras ellos vivían. Después de su muerte, hubo interminables procesos que  impidieron su venta. Yo la quería, la aceché durante años, y le aseguro que no  hemos visto nunca ningún aparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pequeño escalofrío me volvió, y comenté:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero, yo acabo de ver ahí, hace un instante a Angéline... La terrible voz la  llamaba, y ha pasado por ahí, ha cruzado esta habitación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él me miraba sorprendido, creyendo que yo estaba perdiendo la razón. Pero de  repente, soltó una sonora carcajada de hombre feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es mi hija la que acaba de ver. Tuvo por padrino al señor de G... que, por  devoción al recuerdo, le puso ese nombre; y si su madre la ha llamado, habrá  pasado por aquí. -Él mismo abrió la puerta y llamó de nuevo: «¡Angéline!  ¡Angéline! ¡Angéline!».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña regresó, pero viva y vibrante de alegría. Era ella, con su vestido  blanco, sus admirables cabellos rubios sobre los hombros, y tan bella, tan  radiante de esperanza, que era como una primavera que lleva en capullo la  promesa del amor, la prolongada felicidad de una existencia. ¡Ah! ¡la querida  aparecida, la niña nueva que renacía de la niña muerta! La muerte había sido  vencida. Mi viejo amigo, el poeta V..., no mentía, nada se pierde, todo  recomienza, la belleza como el amor. La voz de las madres llama a las niñas de  hoy, a las enamoradas de mañana y reviven bajo el sol, entre las flores. Era de  ese despertar de la niña de lo que la casa se encontraba encantada, la casa que  había vuelto a ser joven y feliz, en la alegría reencontrada de la eterna vida.&lt;/p&gt; &lt;p style="color: rgb(0, 153, 0);" align="center"&gt;FIN&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-5087567928632712214?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/5087567928632712214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/emile-zola_02.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/5087567928632712214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/5087567928632712214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/emile-zola_02.html' title='Émile Zola'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-8306838876314759687</id><published>2011-04-02T12:53:00.000-07:00</published><updated>2011-04-02T13:11:02.331-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Émile Zola'/><title type='text'>Émile Zola</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcS0sFXfAXK5yp7RBYw0XIVl8pOgq11sluNz_5-5gbhgiob80iLPRg"&gt;&lt;img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 184px; height: 254px;" src="http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcS0sFXfAXK5yp7RBYw0XIVl8pOgq11sluNz_5-5gbhgiob80iLPRg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;El ayuno&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Émile Zola&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;I&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Cuando el vicario subió al púlpito con su amplio sobrepelliz de blancura angelical, la pequeña baronesa estaba beatíficamente sentada en su sitio habitual, cerca de una salida de calor, delante de la capilla de los Santos Ángeles.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Tras el recogimiento habitual, el vicario pasó delicadamente por sus labios un fino pañuelo de batista; luego abrió los brazos como un serafín que va a emprender el vuelo, inclinó la cabeza y habló. En la amplia nave, su voz fue en un primer momento como un murmullo lejano de agua corriente, como un lamento amoroso del viento entre los follajes. Y, poco a poco, el soplo aumentó, la brisa se convirtió en tempestad, la voz se difundió bajo las bóvedas con majestuoso fragor de trueno. Pero siempre, por momentos, incluso en medio de sus más formidables invectivas, la voz del vicario se hacía súbitamente suave, lanzando un claro rayo de sol en medio del sombrío huracán de su elocuencia.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;La pequeña baronesa, desde los primeros susurros en las hojas, había adoptado la pose receptiva y encantada de una persona de oído delicado que se dispone a gozar de todas las finuras de una sinfonía amada. Pareció encantada de la suavidad de los primeros acordes; luego siguió, con atención de experta, las elevaciones de la voz, la expansión de la tormenta final, administradas con tanta experiencia; y cuando la voz hubo adquirido toda su amplitud, cuando tronó, engrandecida por el eco de la nave, la pequeña baronesa no pudo reprimir un discreto bravo, un cabeceo de satisfacción.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;A partir de ese momento, fue un gozo celestial. Todas las devotas se desmayaban.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;II&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Pero el vicario decía algo; su música acompañaba a determinadas palabras. Estaba predicando acerca del ayuno; decía cuán agradables le resultan a Dios las mortificaciones de sus criaturas. Asomado al borde del púlpito, en su actitud de gran pájaro blanco, suspiraba:&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;-Ha llegado la hora, hermanos y hermanas, en la que todos, como Jesucristo, debemos coger nuestra cruz, coronarnos de espinas, subir a nuestro calvario, con los pies descalzos sobre las rocas y entre las zarzas.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;La pequeña baronesa encontró sin duda la frase blandamente redondeada porque parpadeó suavemente como halagada en el corazón. Luego, como la sinfonía del vicario la mecía, mientras continuó escuchando los compases melódicos se dejó llevar hasta una semiensoñación repleta de íntima voluptuosidad.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Frente a ella veía una de las largas ventanas del coro, gris de bruma. La lluvia no debía haber cesado. La querida joven había venido al sermón con un tiempo atroz. Pero hay que sacrificarse un poco cuando se tiene religión. Su cochero había recibido un horrible chaparrón, y ella misma, al saltar al pavimento, se había mojado ligeramente la punta de los pies. Su coche, afortunadamente, era excelente, bien cerrado y acolchado como una alcoba. ¡Pero era tan triste ver, a través de los cristales húmedos, una fila de paraguas apresurados correr sobre cada acerado! Pensaba que, si hubiera hecho buen tiempo, habría podido venir en victoria. Habría sido mucho más divertido.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;En el fondo, su gran temor era que el vicario despachara demasiado rápidamente su sermón. De ser así, tendría que esperar su coche, porque desde luego no aceptaría pisar charcos con semejante tiempo. Y calculaba que, al ritmo que llevaba, el vicario no tendría voz para dos horas; su cochero llegaría demasiado tarde. Esta ansiedad le echaba a perder un poco sus devotas alegrías.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;III&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;&lt;br /&gt;El vicario, con cóleras bruscas que le hacían erguirse con el pelo sacudido y los puños hacia delante como un hombre atormentado por un espíritu vengador, rugía:&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;-Y sobre todo ¡ay de vosotras! si no derramáis sobre los pies de Jesús el perfume de vuestros remordimientos, el óleo perfumado de vuestros arrepentimientos. Creedme, temblad y caed de rodillas al suelo. Es viniendo a encerraros en el purgatorio de la penitencia abierto por la Iglesia durante estos días de contrición universal; es desgastando las losas bajo vuestras frentes empalidecidas por el ayuno; descendiendo a las angustias del hambre y del frío, del silencio y de la noche, como mereceréis el perdón divino en el día fulgurante del triunfo.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;La pequeña baronesa, distraída de su preocupación por aquel terrible estrépito, movió lentamente la cabeza como si estuviera totalmente de acuerdo con el irritado sacerdote. Había que coger unos azotes, meterse en un rincón muy oscuro, muy húmedo, muy glacial y darse allí unas disciplinas; de eso no le cabía la menor duda.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Luego volvió a sumirse en su ensimismamiento; se perdió al fondo de un bienestar, de un éxtasis enternecido. Estaba confortablemente sentada en una silla baja de ancho respaldo y tenía bajo sus pies un cojín bordado que le impedía sentir el frío del pavimento. Medio recostada, gozaba de la iglesia, de aquel bajel donde flotaban vapores de incienso, donde las profundidades, llenas de sombras misteriosas, se poblaban de adorables visiones. La nave, con sus colgaduras de terciopelo rojo, sus ornamentos de oro y mármol, con su aspecto de inmenso gabinete femenino lleno de perfumes turbadores, iluminada por la suave luz de las lamparillas, cerrada y como lista para amores sobrehumanos, la había envuelto poco a poco con el encanto de sus pompas. Era la fiesta de los sentidos. Su linda persona rellenita se abandonaba, halagada, mecida, acariciada. Y su voluptuosidad se sentía muy pequeña en medio de tan amplia beatitud.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Pero, pese a sí misma, lo que la lisonjeaba aún más deliciosamente, era el aliento tibio de la boca de calor abierta casi bajo su falda. Era muy friolera, la pequeña baronesa. La salida de calor lanzaba discretamente sus cálidas caricias a lo largo de sus medias de seda. Un cierto adormecimiento se adueñaba de ella en aquel baño de muelle ligereza.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;IV&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;El vicario seguía en plena ira. Y lanzaba a todas las devotas presentes al aceite hirviendo del infierno.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;-Si no escucháis la voz de Dios, si no escucháis mi voz que es la del mismo Dios, en verdad os digo que un día oiréis vuestros huesos crujir de angustia, sentiréis vuestra carne derretirse sobre carbones ardientes, y entonces gritaréis en vano: «¡Piedad, Señor, piedad, me arrepiento!», porque Dios no tendrá misericordia y con el pie os arrojará al abismo.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Al escuchar estas últimas palabras un escalofrío recorrió el auditorio. La pequeña baronesa a la que adormecía claramente el aire cálido que corría por su falda, sonrió vagamente. La pequeña baronesa conocía bastante al vicario. La víspera él había cenado en su casa. Adoraba el paté de salmón trufado y el borgoña era su vino favorito. Era, sin duda, un hombre apuesto, entre treinta y cinco y cuarenta años, moreno, con la cara tan redonda y rosada que aquel rostro de sacerdote se habría confundido fácilmente con la cara solazada de una moza de alquería. Además de eso, un hombre de mundo, buen comensal, buen conversador. Las mujeres lo adoraban, la pequeña baronesa bebía los vientos por él. Él le decía con una voz adorablemente dulce: «¡Ah!, señora, con semejante atuendo condenaría usted a un santo!»&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Pero él, el querido padre, no se condenaba. Corría a repetirle a la condesa, a la marquesa, a sus otras penitentes la misma galantería, lo que le convertía en el niño mimado de todas aquellas damas.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Cuando iba a cenar a casa de la pequeña baronesa los jueves, lo cuidaba como a una querida criatura a la que la menor corriente de aire podría resfriar y a la que un mal bocado le produciría indefectiblemente una indigestión. En el salón, su sillón estaba en el rincón de la chimenea; en la mesa, el personal de servicio tenía orden de velar particularmente por su plato, de servirle a él sólo cierto borgoña de doce años, que él bebía cerrando los ojos con fervor como si estuviera comulgando.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;¡El vicario era tan bueno, tan bueno! Mientras que en lo alto del púlpito hablaba de huesos que crujen y de miembros que se asan, la pequeña baronesa en el estado de duermevela en el que se encontraba, lo veía a su mesa, limpiándose beatíficamente los labios, y diciéndole: «He aquí, mi querida señora, una sopa de marisco que le haría hallar gracia ante Dios Padre, si su belleza no bastara ya para garantizarle el paraíso».&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Cuando acabó con la ira y las amenazas, el vicario se puso a sollozar. Ésa era, normalmente, su táctica. Casi de rodillas en el púlpito, no mostrando nada más que los hombros y luego, de golpe, incorporándose, doblándose como abatido por el dolor, se secaba los ojos con gran crujido de muselina almidonada, lanzaba los brazos al aire, a la derecha, a la izquierda, adoptando poses de pelícano herido. Era la conclusión, el final, el fragmento a gran orquesta, la escena movida del desenlace.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;-Llorad, llorad -llorisqueaba con voz expirante- llorad por vosotros, llorad por mí, llorad por Dios…&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;La pequeña baronesa dormía por completo con los ojos abiertos. El calor, el incienso, la oscuridad que iba incrementándose, la habían adormecido. Se había acurrucado, se había encerrado en las voluptuosas sensaciones que experimentaba y, disimuladamente, soñaba con cosas muy agradables.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;A su lado, en la capilla de los Santos Ángeles, había un gran fresco que representaba a un grupo de guapos jóvenes, medio desnudos, con alas a la espalda. Sonreían con sonrisa de amantes felices, mientras que sus actitudes inclinadas, arrodilladas, parecían adorar a alguna pequeña baronesa invisible. ¡Qué guapos muchachos, qué labios tan tiernos, qué piel de satén, qué brazos musculosos! Lo peor era que uno de ellos se parecía totalmente al joven duque de P…, uno de los buenos amigos de la pequeña baronesa. En su sopor se preguntaba si el duque estaría bien desnudo y con alas en la espalda. Y, por momentos, se imaginaba que el gran querubín rosado llevaba el traje negro del duque. Luego el sueño se afirmó: era verdaderamente el duque con ropa escasa el que le enviaba besos desde el fondo oscuro.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt; &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;VI&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;&lt;br /&gt;Cuando la pequeña baronesa se despertó, oyó al vicario pronunciar la frase sacramental: «Les deseo la gracia». Permaneció un instante confusa; creyó que el vicario le deseaba los besos del joven duque.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Se produjo un gran ruido de sillas. Todo el mundo se fue; la pequeña baronesa había adivinado: su cochero no estaba aún al pie de la escalinata. Aquel diablo de vicario había despachado su sermón robándole a sus penitentes al menos veinte minutos de elocuencia.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Y, cuando la pequeña baronesa se impacientaba en una nave lateral, se encontró con el vicario que salía precipitadamente de la sacristía. Miraba la hora en su reloj, tenía el aspecto apresurado del hombre que no quiere llegar tarde a una cita.&lt;/span&gt;  &lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;-¡Ah!, ¡qué retrasado voy!, querida señora -dijo. Me están esperando en casa de la condesa. Hay un concierto espiritual seguido de una pequeña colación.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;FIN&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;span style="color: rgb(102, 51, 0);"&gt;Noveaux contes à Ninon, 1874&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-8306838876314759687?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/8306838876314759687/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/emile-zola.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' 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12lSowWIdK56UqVY4T2+yY/87VP4f6P/kpUqQ/WOnw0Ox/dp7VJh6H3pUqSx34QNc/cH/K3+lZTc/vW9v8AU0qVO4hfKN0qVKniAloP9vP3TfqtKlSrGP/Z" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;La noche&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style="font-variant: small-caps"&gt;         &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:180%;color:#800000;"  &gt;         &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 153, 0);font-size:85%;color:#800000;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;         &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Guy de Maupassant&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                                              Amo la noche con pasión. La amo, como                    uno ama a su país o a su amante, con un amor instintivo,                    profundo, invencible. La amo con todos mis sentidos, con mis                    ojos que la ven, con mi olfato que la respira, con mis oídos,                    que escuchan su silencio, con toda mi carne que las tinieblas                    acarician. Las alondras cantan al sol, en el aire azul, en el                    aire caliente, en el aire ligero de la mañana clara. El búho                    huye en la noche, sombra negra que atraviesa el espacio negro,                    y alegre, embriagado por la negra inmensidad, lanza su grito                    vibrante y siniestro.                    &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;El día me cansa y me aburre. Es                    brutal y ruidoso. Me levanto con esfuerzo, me visto con                    desidia y salgo con pesar, y cada paso, cada movimiento, cada                    gesto, cada palabra, cada pensamiento me fatiga como si                    levantara una enorme carga. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Pero cuando el sol desciende, una                    confusa alegría invade todo mi cuerpo. Me despierto, me animo.                    A medida que crece la sombra me siento distinto, más joven,                    más fuerte, más activo, más feliz. La veo espesarse, dulce                    sombra caída del cielo: ahoga la ciudad como una ola                    inaprensible e impenetrable, oculta, borra, destruye los                    colores, las formas; oprime las casas, los seres, los                    monumentos, con su tacto imperceptible. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Entonces tengo ganas de gritar de                    placer como las lechuzas, de correr por los tejados como los                    gatos, y un impetuoso deseo de amar se enciende en mis venas.                   &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Salgo, unas veces camino por los                    barrios ensombrecidos, y otras por los bosques cercanos a                    París donde oigo rondar a mis hermanas las fieras y a mis                    hermanos, los cazadores furtivos. Aquello que se ama con                    violencia acaba siempre por matarlo a uno. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Pero ¿cómo explicar lo que me ocurre?                    ¿Cómo hacer comprender el hecho de que pueda contarlo? No sé,                    ya no lo sé. Sólo sé que es. Helo aquí. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;El caso es que ayer -¿fue ayer?- Sí,                    sin duda, a no ser que haya sido antes, otro día, otro mes,                    otro año -no lo sé-. Debió ser ayer, pues el día no ha vuelto                    a amanecer, pues el sol no ha vuelto a salir. Pero, ¿desde                    cuándo dura la noche? ¿desde cuándo...? ¿Quién lo dirá? ¿Quién                    lo sabrá nunca? El caso es que ayer salí como todas las noches                    después de la cena. Hacía, bueno, una temperatura agradable,                    hacía calor. Mientras bajaba hacia los bulevares, miraba sobre                    mi cabeza el río negro y lleno de estrellas recortado en el                    cielo por los tejados de la calle, que se curvaba y ondeaba                    como un auténtico torrente, un caudal rodante de astros. Todo                    se veía claro en el aire ligero, desde los planetas hasta las                    farolas de gas. Brillaban tantas luces allá arriba y en la                    ciudad que las tinieblas parecían iluminarse. Las noches                    claras son más alegres que los días de sol espléndido.                    &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;En el bulevar resplandecían los                    cafés; la gente reía, pasaba o bebía. Entré un momento al                    teatro; ¿a qué teatro? ya no lo sé. Había tanta claridad que                    me entristecí y salí con el corazón algo ensombrecido por                    aquel choque brutal de luz en el oro de los balcones, por el                    destello ficticio de la enorme araña de cristal, por la                    barrera de fuego de las candilejas, por la melancolía de esta                    claridad falsa y cruda. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Me dirigí hacia los Campos Elíseos,                    donde los cafés concierto parecían hogueras entre el follaje.                    Los castaños radiantes de luz amarilla parecían pintados,                    parecían árboles fosforescentes. Y las bombillas eléctricas,                    semejantes a lunas destellantes y pálidas, a huevos de luna                    caídos del cielo, a perlas monstruosas, vivas, hacían                    palidecer bajo su claridad nacarada, misteriosa y real, los                    hilos del gas, del feo y sucio gas, y las guirnaldas de                    cristales coloreados. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Me detuve bajo el Arco del Triunfo                    para mirar la avenida, la larga y admirable avenida                    estrellada, que iba hacia París entre dos líneas de fuego, y                    los astros, los astros allá arriba, los astros desconocidos,                    arrojados al azar en la inmensidad donde dibujan esas extrañas                    figuras que tanto hacen soñar e imaginar. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Entré en el Bois de Boulogne y                    permanecí largo tiempo. Un extraño escalofrío se había                    apoderado de mí, una emoción imprevista y poderosa, un                    pensamiento exaltado que rozaba la locura. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Anduve durante mucho, mucho tiempo.                    Luego volví. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;¿Qué hora sería cuando volví a pasar                    bajo el Arco del Triunfo? No lo sé. La ciudad dormía y nubes,                    grandes nubes negras, se esparcían lentamente en el cielo.                   &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Por primera vez sentí que iba a                    suceder algo extraordinario, algo nuevo. Me pareció que hacía                    frío, que el aire se espesaba, que la noche, que mi amada                    noche, se volvía pesada en mi corazón. Ahora la avenida estaba                    desierta. Solos, dos agentes de policía paseaban cerca de la                    parada de coches de caballos y, por la calzada iluminada                    apenas por las farolas de gas que parecían moribundas, una                    hilera de vehículos cargados con legumbres se dirigía hacia el                    mercado de Les Halles. Iban lentamente, llenos de zanahorias,                    nabos y coles. Los conductores dormían, invisibles, y los                    caballos mantenían un paso uniforme, siguiendo al vehículo que                    los precedía, sin ruido sobre el pavimento de madera. Frente a                    cada una de las luces de la acera, las zanahorias se                    iluminaban de rojo, los nabos se iluminaban de blanco, las                    coles se iluminaban de verde, y pasaban, uno tras otro, estos                    coches rojos; de un rojo de fuego, blancos, de un blanco de                    plata, verdes, de un verde esmeralda. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Los seguí, y luego volví por la calle                    Royale y aparecí de nuevo en los bulevares. Ya no había nadie,                    ya no había cafés luminosos, sólo algunos rezagados que se                    apresuraban. Jamás había visto un París tan muerto, tan                    desierto. Saqué mi reloj. Eran las dos. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Una fuerza me empujaba, una necesidad                    de caminar. Me dirigí, pues, hacia la Bastilla. Allí me di                    cuenta de que nunca había visto una noche tan sombría, porque                    ni siquiera distinguía la columna de Julio, cuyo genio de oro                    se había perdido en la impenetrable oscuridad. Una bóveda de                    nubes, densa como la inmensidad, había ahogado las estrellas y                    parecía descender sobre la tierra para aniquilarla.                    &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Volví sobre mis pasos. No había nadie                    a mi alrededor. En la Place du Château-d'Eau, sin embargo, un                    borracho estuvo a punto de tropezar conmigo, y luego                    desapareció. Durante algún tiempo seguí oyendo su paso                    desigual y sonoro. Seguí caminando. A la altura del barrio de                    Montmartre pasó un coche de caballos que descendía hacia el                    Sena. Lo llamé. El cochero no respondió. Una mujer rondaba                    cerca de la calle Drouot: «Escúcheme, señor.» Aceleré el paso                    para evitar su mano tendida hacia mí. Luego nada. Ante el                    Vaudeville, un trapero rebuscaba en la cuneta. Su farolillo                    vacilaba a ras del suelo. Le pregunté: &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;-¿Amigo, qué hora es? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;-¡Y yo que sé! -gruñó-. No tengo                    reloj. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Entonces me di cuenta de repente de                    que las farolas de gas estaban apagadas. Sabía que en esta                    época del año las apagaban pronto, antes del amanecer, por                    economía; pero aún tardaría tanto en amanecer... &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;«Iré al mercado de Les Halles»,                    pensé, «allí al menos encontré vida». &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Me puse en marcha, pero ni siquiera                    sabía ir. Caminaba lentamente, como se hace en un bosque,                    reconociendo las calles, contándolas. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Ante el Crédit Lyonnais ladró un                    perro. Volví por la calle Grammont, perdido; anduve a la                    deriva, luego reconocí la Bolsa, por la verja que la rodea.                    Todo París dormía un sueño profundo, espantoso. Sin embargo, a                    lo lejos rodaba un coche de caballos, uno solo, quizá el mismo                    que había pasado junto a mí hacía un instante. Intenté                    alcanzarlo, siguiendo el ruido de sus ruedas a través de las                    calles solitarias y negras, negras como la muerte. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Una vez más me perdí. ¿Dónde estaba?                    ¡Qué locura apagar tan pronto el gas! Ningún transeúnte,                    ningún rezagado, ningún vagabundo, ni siquiera el maullido de                    un gato en celo. Nada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;«¿Dónde estaban los agentes de                    policía?", me dije. «Voy a gritar, y vendrán.» Grité, no                    respondió nadie. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Llamé más fuerte. Mi voz voló, sin                    eco, débil, ahogada, aplastada por la noche, por esta noche                    impenetrable. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Grité más fuerte: «¡Socorro!                    ¡Socorro! ¡Socorro!» &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Mi desesperada llamada quedó sin                    respuesta. ¿Qué hora era? Saqué mi reloj, pero no tenía                    cerillas. Oí el leve tic-tac de la pequeña pieza mecánica con                    una desconocida y extraña alegría. Parecía estar viva. Me                    encontraba menos solo. ¡Qué misterio! Caminé de nuevo como un                    ciego, tocando las paredes con mi bastón, levantando los ojos                    al cielo, esperando que por fin llegara el día; pero el                    espacio estaba negro, completamente negro, más profundamente                    negro que la ciudad. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;¿Qué hora podía ser? Me parecía                    caminar desde hacía un tiempo infinito pues mis piernas                    desfallecían, mi pecho jadeaba y sentía un hambre horrible.                   &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Me decidí a llamar a la primera                    cochera. Toqué el timbre de cobre, que sonó en toda la casa;                    sonó de una forma extraña, como si este ruido vibrante fuera                    el único del edificio. Esperé. No contestó nadie. No abrieron                    la puerta. Llamé de nuevo; esperé... Nada. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Tuve miedo. Corrí a la casa                    siguiente, e hice sonar veinte veces el timbre en el oscuro                    pasillo donde debía dormir el portero. Pero no se despertó, y                    fui más lejos, tirando con todas mis fuerzas de las anillas o                    apretando los timbres, golpeando con mis pies, con mi bastón o                    mis manos todas las puertas obstinadamente cerradas.                    &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Y de pronto, vi que había llegado al                    mercado de Les Halles. Estaba desierto, no se oía un ruido, ni                    un movimiento, ni un vehículo, ni un hombre, ni un manojo de                    verduras o flores. Estaba vacío, inmóvil, abandonado, muerto.                   &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Un espantoso terror se apoderó de mí.                    ¿Qué sucedía? ¡Oh Dios mío! ¿qué sucedía? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Me marché. Pero, ¿y la hora? ¿y la                    hora? ¿quién me diría la hora? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Ningún reloj sonaba en los                    campanarios o en los monumentos. Pensé: «Voy a abrir el                    cristal de mi reloj y tocaré la aguja con mis dedos.» Saqué el                    reloj... ya no sonaba... se había parado. Ya no quedaba nada,                    nada, ni siquiera un estremecimiento en la ciudad, ni un                    resplandor, ni la vibración de un sonido en el aire. Nada.                    Nada más. Ni tan siquiera el rodar lejano de un coche, nada.                   &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Me encontraba en los muelles, y un                    frío glacial subía del río. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;¿Corría aún el Sena? &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Quise saberlo, encontré la escalera,                    bajé... No oía la corriente bajo los arcos del puente... Unos                    escalones más... luego la arena... el fango... y el agua...                    hundí mi brazo, el agua corría, corría, fría, fría, fría...                    casi helada... casi detenida... casi muerta. &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;                   &lt;/div&gt;&lt;p style="text-align: justify; color: rgb(0, 153, 0);"&gt;Y sentí que ya nunca tendría fuerzas                    para volver a subir... y que iba a morir allí abajo... yo                    también, de hambre, de cansancio, y de frío.&lt;/p&gt;                   &lt;p style="color: rgb(0, 153, 0);" align="center"&gt;FIN&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-3917267416653876738?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/3917267416653876738/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/guy-de-maupassant_02.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/3917267416653876738'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/3917267416653876738'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/04/guy-de-maupassant_02.html' title='Guy de Maupassant'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-7368903370994715126</id><published>2011-03-21T11:42:00.000-07:00</published><updated>2011-03-21T11:44:32.545-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Anton Chejov'/><title type='text'>Anton Chejov</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-size:180%;color:#800000;"  &gt;La tristeza&lt;br /&gt;        &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(51, 0, 153);font-size:85%;color:#800000;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="color: rgb(51, 0, 153);"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;         Anton Chejov&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                            &lt;p style="color: rgb(51, 0, 153);" align="justify"&gt;  La capital está envuelta en las penumbras vespertinas. La  nieve cae lentamente en gruesos copos, gira alrededor de los faroles encendidos,  se extiende, en fina, blanda capa, sobre los tejados, sobre los lomos de los  caballos, sobre los hombros humanos, sobre los sombreros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cochero Yona está todo blanco, como un aparecido. Sentado en el pescante de  su trineo, encorvado el cuerpo cuanto puede estarlo un cuerpo humano, permanece  inmóvil. Diríase que ni un alud de nieve que le cayese encima lo sacaría de su  quietud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su caballo está también blanco e inmóvil. Por su inmovilidad, por las líneas  rígidas de su cuerpo, por la tiesura de palos de sus patas, parece, aun mirado  de cerca, un caballo de dulce de los que se les compran a los chiquillos por un  copec. Hállase sumido en sus reflexiones: un hombre o un caballo, arrancados del  trabajo campestre y lanzados al infierno de una gran ciudad, como Yona y su  caballo, están siempre entregados a tristes pensamientos. Es demasiado grande la  diferencia entre la apacible vida rústica y la vida agitada, toda ruido y  angustia, de las ciudades relumbrantes de luces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace mucho tiempo que Yona y su caballo permanecen inmóviles. Han salido a la  calle antes de almorzar; pero Yona no ha ganado nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las sombras se van adensando. La luz de los faroles se va haciendo más intensa,  más brillante. El ruido aumenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cochero! -oye de pronto Yona-. ¡Llévame a Viborgskaya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona se estremece. A través de las pestañas cubiertas de nieve ve a un militar  con impermeable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Oyes? ¡A Viborgskaya! ¿Estás dormido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona le da un latigazo al caballo, que se sacude la nieve del lomo. El militar  toma asiento en el trineo. El cochero arrea al caballo, estira el cuello como un  cisne y agita el látigo. El caballo también estira el cuello, levanta las patas,  y, sin apresurarse, se pone en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ten cuidado! -grita otro cochero invisible, con cólera-. ¡Nos vas a  atropellar, imbécil! ¡A la derecha!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Vaya un cochero! -dice el militar-. ¡A la derecha!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguen oyéndose los juramenitos del cochero invisible. Un transeúnte que  tropieza con el caballo de Yona gruñe amenazador. Yona, confuso, avergonzado,  descarga algunos latigazos sobre el lomo del caballo. Parece aturdido, atontado,  y mira alrededor como si acabara de despertar de un sueño profundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Se diría que todo el mundo ha organizado una conspiración contra ti! -dice  con tono irónico el militar-. Todos procuran fastidiarte, meterse entre las  patas de tu caballo. ¡Una verdadera conspiración!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona vuelve la cabeza y abre la boca. Se ve que quiere decir algo; pero sus  labios están como paralizados, y no puede pronunciar una palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cliente advierte sus esfuerzos y pregunta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué hay?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona hace un nuevo esfuerzo y contesta con voz ahogada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Ya ve usted, señor... He perdido a mi hijo... Murió la semana pasada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿De veras?... ¿Y de qué murió?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona, alentado por esta pregunta, se vuelve aún más hacia el cliente y dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No lo sé... De una de tantas enfermedades... Ha estado tres meses en el  hospital y a la postre... Dios que lo ha querido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡A la derecha! -óyese de nuevo gritar furiosamente-. ¡Parece que estás ciego,  imbécil!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡A ver! -dice el militar-. Ve un poco más aprisa. A este paso no llegaremos  nunca. ¡Dale algún latigazo al caballo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona estira de nuevo el cuello como un cisne, se levanta un poco, y de un modo  torpe, pesado, agita el látigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se vuelve repetidas veces hacia su cliente, deseoso de seguir la conversación;  pero el otro ha cerrado los ojos y no parece dispuesto a escucharle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin, llegan a Viborgskaya. El cochero se detiene ante la casa indicada; el  cliente se apea. Yona vuelve a quedarse solo con su caballo. Se estaciona ante  una taberna y espera, sentado en el pescante, encorvado, inmóvil. De nuevo la  nieve cubre su cuerpo y envuelve en un blanco cendal caballo y trineo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora, dos... ¡Nadie! ¡Ni un cliente!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mas he aquí que Yona torna a estremecerse: ve detenerse ante él a tres jóvenes.  Dos son altos, delgados; el tercero, bajo y chepudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Cochero, llévanos al puesto de policía! ¡Veinte copecs por los tres!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona coge las riendas, se endereza. Veinte copecs es demasiado poco; pero, no  obstante, acepta; lo que a él le importa es tener clientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres jóvenes, tropezando y jurando, se acercan al trineo. Como sólo hay dos  asientos, discuten largamente cuál de los tres ha de ir de pie. Por fin se  decide que vaya de pie el jorobado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Bueno; en marcha! -le grita el jorobado a Yona, colocándose a su espalda-.  ¡Qué gorro llevas, muchacho! Me apuesto cualquier cosa a que en toda la capital  no se puede encontrar un gorro más feo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡El señor está de buen humor! -dice Yona con risa forzada-. Mi gorro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Bueno, bueno! Arrea un poco a tu caballo. A este paso no llegaremos nunca. Si  no andas más aprisa te administraré unos cuantos sopapos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Me duele la cabeza -dice uno de los jóvenes-. Ayer, yo y Vaska nos bebimos en casa de Dukmasov cuatro botellas de caña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Eso no es verdad! -responde el otro- Eres un embustero, amigo, y sabes que  nadie te cree.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Palabra de honor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Oh, tu honor! No daría yo por él ni un céntimo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona, deseoso de entablar conversación, vuelve la cabeza, y, enseñando los  dientes, ríe atipladamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ji, ji, ji!... ¡Qué buen humor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Vamos, vejestorio! -grita enojado el chepudo-. ¿Quieres ir más aprisa o no?  Dale de firme al gandul de tu caballo. ¡Qué diablo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona agita su látigo, agita las manos, agita todo el cuerpo. A pesar de todo,  está contento; no está solo. Le riñen, lo insultan; pero, al menos, oye voces  humanas. Los jóvenes gritan, juran, hablan de mujeres. En un momento que se le  antoja oportuno, Yona se vuelve de nuevo hacia los clientes y dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Y yo, señores, acabo de perder a mi hijo. Murió la semana pasada...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Todos nos hemos de morir!-contesta el chepudo-. ¿Pero quieres ir más aprisa?  ¡Esto es insoportable! Prefiero ir a pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Si quieres que vaya más aprisa dale un sopapo -le aconseja uno de sus  camaradas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Oye, viejo, estás enfermo?-grita el chepudo-. Te la vas a ganar si esto continúa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, hablando así, le da un puñetazo en la espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ji, ji, ji! -ríe, sin ganas, Yona-. ¡Dios les conserve el buen humor,  señores!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Cochero, ¿eres casado? -pregunta uno de los clientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Yo? !Ji, ji, ji! ¡Qué señores más alegres! No, no tengo a nadie... Sólo me  espera la sepultura... Mi hijo ha muerto; pero a mí la muerte no me quiere. Se  ha equivocado, y en lugar de cargar conmigo ha cargado con mi hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y vuelve de nuevo la cabeza para contar cómo ha muerto su hijo; pero en este  momento el chepudo, lanzando un suspiro de satisfacción, exclama:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¡Por fin, hemos llegado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona recibe los veinte copecs convenidos y los clientes se apean. Les sigue con  los ojos hasta que desaparecen en un portal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Torna a quedarse solo con su caballo. La tristeza invade de nuevo, más dura, más  cruel, su fatigado corazón. Observa a la multitud que pasa por la calle, como  buscando entre los miles de transeúntes alguien que quiera escucharle. Pero la  gente parece tener prisa y pasa sin fijarse en él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su tristeza a cada momento es más intensa. Enorme, infinita, si pudiera salir de  su pecho inundaría al mundo entero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona ve a un portero que se asoma a la puerta con un paquete y trata de entablar  con él conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Qué hora es? -le pregunta, melifluo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Van a dar las diez -contesta el otro-. Aléjese un poco: no debe usted  permanecer delante de la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona avanza un poco, se encorva de nuevo y se sume en sus tristes pensamientos.  Se ha convencido de que es inútil dirigirse a la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasa otra hora. Se siente muy mal y decide retirarse. Se yergue, agita el  látigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No puedo más -murmura-. Hay que irse a acostar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caballo, como si hubiera entendido las palabras de su viejo amo, emprende un  presuroso trote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora después Yona está en su casa, es decir, en una vasta y sucia  habitación, donde, acostados en el suelo o en bancos, duermen docenas de  cocheros. La atmósfera es pesada, irrespirable. Suenan ronquidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona se arrepiente de haber vuelto tan pronto. Además, no ha ganado casi nada.  Quizá por eso -piensa- se siente tan desgraciado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un rincón, un joven cochero se incorpora. Se rasca el seno y la cabeza y  busca algo con la mirada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Quieres beber? -le pregunta Yona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Aquí tienes agua... He perdido a mi hijo... ¿Lo sabías?... La semana pasada,  en el hospital... ¡Qué desgracia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero sus palabras no han producido efecto alguno. El cochero no le ha hecho  caso, se ha vuelto a acostar, se ha tapado la cabeza con la colcha y momentos  después se le oye roncar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona exhala un suspiro. Experimenta una necesidad imperiosa, irresistible, de  hablar de su desgracia. Casi ha transcurrido una semana desde la muerte de su  hijo; pero no ha tenido aún ocasión de hablar de ella con una persona de  corazón. Quisiera hablar de ella largamente, contarla con todos sus detalles.  Necesita referir cómo enfermó su hijo, lo que ha sufrido, las palabras que ha  pronunciado al morir. Quisiera también referir cómo ha sido el entierro... Su  difunto hijo ha dejado en la aldea una niña de la que también quisiera hablar.  ¡Tiene tantas cosas que contar! ¡Qué no daría él por encontrar alguien que se  prestase a escucharlo, sacudiendo compasivamente la cabeza, suspirando,  compadeciéndolo! Lo mejor sería contárselo todo a cualquier mujer de su aldea; a  las mujeres, aunque sean tontas, les gusta eso, y basta decirles dos palabras  para que viertan torrentes de lágrimas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona decide ir a ver a su caballo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se viste y sale a la cuadra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caballo, inmóvil, come heno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Comes? -le dice Yona, dándole palmaditas en el lomo-. ¿Qué se le va a hacer,  muchacho? Como no hemos ganado para comprar avena hay que contentarse con  heno... Soy ya demasiado viejo para ganar mucho... A decir verdad, yo no debía  ya trabajar; mi hijo me hubiera reemplazado. Era un verdadero, un soberbio  cochero; conocía su oficio como pocos. Desgraciadamente, ha muerto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras una corta pausa, Yona continúa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Sí, amigo..., ha muerto... ¿Comprendes? Es como si tú tuvieras un hijo y se  muriera... Naturalmente, sufrirías, ¿verdad?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caballo sigue comiendo heno, escucha a su viejo amo y exhala un aliento  húmedo y cálido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yona, escuchado al cabo por un ser viviente, desahoga su corazón contándoselo  todo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-7368903370994715126?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/7368903370994715126/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/03/anton-chejov.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/7368903370994715126'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/7368903370994715126'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/03/anton-chejov.html' title='Anton Chejov'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-8259024071328179621</id><published>2011-03-21T11:01:00.001-07:00</published><updated>2011-03-21T11:01:57.866-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='William Somerset Maugham'/><title type='text'>William Somerset Maugham</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(0, 51, 0);font-size:180%;color:#800000;"  &gt;El collar de perlas&lt;br /&gt;        &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 51, 0);font-size:85%;color:#800000;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="color: rgb(0, 51, 0);"&gt;         &lt;span style="font-size:130%;"&gt;William Somerset Maugha&lt;span lang="en-us"&gt;m&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                            &lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 51, 0);"&gt;   Yo estaba predispuesto a sentir antipatía por el señor Kelada aun sin haberlo    conocido. La guerra acababa de terminar y el tráfico de pasajeros en las    líneas oceánicas era intenso. Era difícil encontrar lugar y había que tomar lo    que ofrecieran los agentes. No se podía esperar un camarote para uno solo, y    yo agradecía el mío con sólo dos camas. Pero cuando escuché el nombre de mi    compañero mi corazón se hundió. Sugirió puertas cerradas y la exclusión total    del aire nocturno. Ya era bastante malo compartir un camarote por catorce días    con cualquiera (yo viajaba de San Francisco a Yokohama), pero habría sido    menos mi consternación si el nombre de mi compañero de cuarto hubiera sido    Smith o Brown.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Cuando subí a bordo ya se encontraba ahí el equipaje del señor Kelada. No me    gustó su aspecto, había demasiadas etiquetas en las valijas y el baúl de ropa    era demasiado grande. Había desempacado sus objetos para el baño y observé el    excelente Monsieur Coty; porque en el lavabo estaba su perfume, su jabón para    el pelo y su brillantina.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Los cepillos del señor Kelada, ébano con su monograma en oro, habrían estado    mejor para una friega. El señor Kelada no me gustaba en absoluto. Fui al salón    fumador. Pedí un paquete de cartas y empecé a jugar paciencia.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Apenas había empezado cuando un hombre vino y me preguntó si no se equivocaba    al pensar que mi nombre era tal y tal.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Yo soy Kelada -añadió con una sonrisa que dejaba ver una fila de dientes    brillantes, y se sentó.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Oh, sí, compartimos un camarote, creo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Eso es suerte, diría yo. Uno nunca sabe con quién lo van a poner, me alegré    cuando supe que usted era inglés. Soy partidario de que nosotros los ingleses    nos congreguemos cuando estamos en el extranjero, usted me entiende.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Parpadeé.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿Es usted inglés? -pregunté, quizá con falta de tacto.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Bastante. ¿Usted no creerá que soy estadounidense, o sí? Británico hasta la    médula, eso es lo que soy.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Para probarlo, el señor Kelada sacó su pasaporte del bolsillo y lo desplegó    bajo mi nariz.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  El rey Jorge tiene muchos súbditos extraños. &lt;span lang="en-us"&gt;E&lt;/span&gt;l    señor Kelada era bajo y de complexión robusta, bien afeitado y de piel oscura,    con una nariz carnosa y ganchuda y ojos grandes y brillantes. Su cabello era    negro y levemente rizado. Hablaba con una fluidez en la que no había nada    inglés y sus gestos eran exuberantes. Estuve seguro de que una inspección más    detenida a su pasaporte habría traicionado el hecho de que el señor Kelada    hubiera nacido bajo el cielo azul que suele verse en Inglaterra.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿Qué toma usted? -me preguntó.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Lo mire con vacilación. La prohibición estaba en vigor y todo indicaba que el    barco estaba seco. Cuando no estoy sediento no sé que me desagrada más, si el   &lt;i&gt;ginger ale&lt;/i&gt; o el refresco de limón. Pero el señor Kelada me dirigió una    brillante sonrisa oriental.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Whisky con soda o un martini seco, usted solo tiene que decirlo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Sacó un frasco de cada uno de sus bolsillos y los puso en la mesa ante mí.    Escogí el martini, y llamando al camarero ordenó una jarra de hielo y un par    de vasos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Muy buen coc&lt;span lang="en-us"&gt;tel&lt;/span&gt; -dije yo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Bueno, hay muchos más en el lugar de donde vino éste, y si tiene amigos a    bordo, dígales que tiene un camarada que &lt;span lang="en-us"&gt;posee&lt;/span&gt; todo    el licor del mundo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  &lt;span lang="en-us"&gt;E&lt;/span&gt;l señor Kelada era platicador. Habló de Nueva York    y de San Francisco. Discutió obras de teatro, películas y política. Era    patriótico. La bandera inglesa es un buen paño, pero cuando es ondeada por un    el señor de Alejandría o Beirut, no puedo evitar sentir que de algún modo    pierde algo de su dignidad. &lt;span lang="en-us"&gt;E&lt;/span&gt;l señor Kelada era    familiar. No deseo darme aires, pero no puedo evitar sentir que lo apropiado    para un extraño total es poner “señor” antes de mi nombre cuando se dirige a    mí. &lt;span lang="en-us"&gt;E&lt;/span&gt;l señor Kelada, sin duda para que yo me    sintiera cómodo, no empleaba tal formalidad. No me gustaba el señor Kelada. Yo    había hecho a un lado las cartas cuando se sentó, pero ahora, pensando que    para esta primera ocasión nuestra plática ya había durado bastante, seguí con    mi juego.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -El tres sobre el cuatro -dijo el señor Kelada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  No hay nada más exasperante cuando usted está jugando paciencia que le digan    dónde poner la carta que ha volteado antes de que la haya visto usted mismo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Está saliendo, está saliendo -gritó él-. El diez sobre la jota.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Furioso, d&lt;span lang="en-us"&gt;i&lt;/span&gt; por terminado el solitario.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Entonces él tomó el paquete.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿Le gustan los juegos de cartas?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -No, odio los juegos de cartas -contesté.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Sólo le mostraré este.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Me mostró tres. Entonces dije que bajaría al salón comedor y apartaría lugar a    la mesa.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Oh, eso está bien -dijo él-. Ya aparté un lugar para usted. Pensé que como    estábamos en el mismo cuarto podríamos sentarnos &lt;span lang="en-us"&gt;e&lt;/span&gt;n    la misma mesa.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Repito que no me era simpático el señor Kelada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  No sólo compartía un camarote con él y comía con él tres comidas al día, sino    que no podía caminar por el puente sin su compañía. Era imposible desairarlo.    A él nunca se le ocurriría que no fuera deseado. Estaba seguro de que usted    sería tan feliz de verlo como él a usted. En su propia casa usted lo habría    sacado a patadas y cerrado la puerta en su cara sin que él tuviera la sospecha    de que no era un visitante bienvenido. Era bueno para relacionarse y en tres    días conocía a todos a bordo. Manejaba todo. Manejaba las loterías, conducía    las subastas, recogía el dinero para los premios a los deportes, entregaba    fichas y dirigía los juegos de golf, organizaba el concierto y el baile de    trajes típicos. Estaba en todas partes siempre. Con certeza, era el hombre más    odiado en el mundo. Lo llamábamos el señor sabelotodo, incluso en su cara. Lo    tomaba como un halago. Pero era en las comidas cuando resultaba más    intolerable. La mayor parte de una hora nos tenía a su merced. Era entusiasta,    jovial, locuaz y argumentativo. Sabía todo mejor que cualquiera, y era una    afrenta a su sobresaliente vanidad que usted estuviera en desacuerdo con él.    No soltaría un tema, sin importar qué poco importante fuera, hasta que lo    hubiera llevado a su propia forma de pensar. Nunca se le ocurrió la    posibilidad de estar equivocado. Era el tipo que sabía.  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 51, 0);"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 51, 0);"&gt;   Nos sentamos ante la mesa del doctor. &lt;span lang="en-us"&gt;E&lt;/span&gt;l señor    Kelada impondría su estilo, porque el doctor era perezoso y yo era un    indiferente total, excepto por un hombre llamado Ramsay que también se sentó    ahí. Era tan dogmático como el señor Kelada y resentía amargamente la    arrogancia levantina. Las discusiones que tuvieron fueron encendidas e    interminables.&lt;span lang="en-us"&gt; &lt;/span&gt;Ramsay estaba en el servicio consular    estadounidense y radicado en Kobe. Era un gran tipo corpulento del medio    oeste, con grasa suelta debajo de una piel apretada, y se desbordaba en su    ropa de almacén. Regresaba a su puesto, luego de recoger a su mujer en Nueva    York que había pasado un año ahí. &lt;span lang="en-us"&gt;La señora &lt;/span&gt;Ramsay    tenía su gracia, con formas agradables y sentido del humor. El servicio    consular es mal pagado, y ella se vestía muy sencillo, pero sabía cómo portar    su ropa. Lograba un efecto de serena distinción. No le habría prestado ninguna    atención especial, pero ella poseía una cualidad que puede ser bastante común    entre las mujeres, pero actualmente no es común en su apariencia. En ella    brillaba como una flor en un frac.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Una noche en la cena la conversación derivó por suerte sobre el tema de las    perlas. En los periódicos habían aparecido muchas notas sobre las perlas    cultivadas que estaban fabricando los astutos japoneses, y el doctor señaló    que éstas disminuirían el valor de las verdaderas inevitablemente. Ya eran muy    buenas y pronto serían perfectas. &lt;span lang="en-us"&gt;E&lt;/span&gt;l señor Kelada,    como era su costumbre, se arrojó sobre el nuevo tema. Nos dijo todo lo que    había que saber sobre las perlas. Yo no pensé que Ramsay supiera nada sobre    ellas en absoluto, pero no pudo resistirse a tener un choque con el levantino,    y en cinco minutos estábamos en medio de una discusión acalorada. Antes había    visto a Kelada vehemente y voluble, pero nunca tan vehemente y voluble como    ahora. Al fin, algo que dijo Ramsay lo prendió, porque dio un puñetazo en la    mesa y gritó.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Bueno, yo debo saber de lo que hablo, voy a Japón para ver este asunto de las    perlas japonesas. Estoy en el negocio y no existe un hombre que les diga que    lo que yo digo sobre las perlas es falso. Conozco las mejores perlas del    mundo, y lo que yo no sepa de perlas no vale la pena saberlo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Esto era una noticia para nosotros, porque el señor Kelada, con toda su    locuacidad, no había dicho a nadie cuál era su negocio. Sabíamos vagamente que    iba a Japón para alguna diligencia comercial. Miró alrededor de la mesa en    forma triunfal.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Nunca serán capaces de hacer una perla cultivada que un experto como yo no    pueda detectar con medio ojo&lt;span lang="en-us"&gt; -s&lt;/span&gt;eñaló el collar que    llevaba &lt;span lang="en-us"&gt;la señora&lt;/span&gt; Ramsay-. Puede creerme,   &lt;span lang="en-us"&gt;señora &lt;/span&gt;Ramsay, ese collar que usted lleva nunca    valdrá un centavo menos que ahora.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  L&lt;span lang="en-us"&gt;a señora&lt;/span&gt; Ramsay se ruborizó con modestia y deslizó    el collar dentro de su vestido. Ramsay se aproximó. Nos miró mientras asomaba    una sonrisa en sus ojos.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Es un bonito collar el de &lt;span lang="en-us"&gt;la señora&lt;/span&gt; Ramsay. ¿No es    así?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Lo percibí de inmediato -contestó el señor Kelada-&lt;span lang="en-us"&gt; &lt;/span&gt;   y, me dije: "No cabe duda: son perlas legítimas".&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -No las compré yo mismo, claro está. Me interesaría saber cuánto piensa usted    qu&lt;span lang="en-us"&gt;e&lt;/span&gt; cuesta&lt;span lang="en-us"&gt;n&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Oh, en el comercio por ahí unos quince mil dólares. Pero si se compró en la    Quinta Avenida no me sorprendería que se hubieran pagado hasta treinta mil    dólares.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Ramsay sonrió secamente.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Sin duda le sorprendería saber que &lt;span lang="en-us"&gt;la señora&lt;/span&gt; Ramsay    compró ese collar, la víspera de nuestra salida de Nueva York, por dieciocho    dólares en uno de los grandes almacenes de la ciudad.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  &lt;span lang="en-us"&gt;E&lt;/span&gt;l señor Kelada enrojeció.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Nada de eso. No sólo es legítimo, sino es un collar tan bueno por su tamaño    como nunca he visto.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿Apostaría por eso? Le apuesto cien dólares a que es imitación.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -De acuerdo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Oh, Ulmeh, no puedes apostar sobre un hecho cierto -dijo &lt;span lang="en-us"&gt;   la señora&lt;/span&gt; Ramsay.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Ella tenía una sonrisa gentil en los labios y un tono suavemente    desaprobatorio.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿No puedo? Si tengo la oportunidad de obtener dinero así de fácil sería un    gran tonto si no lo tomara.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿Pero cómo puede probarse? -añadió ella-. Sólo es mi palabra contra la del    señor Kelada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Déjeme mirar el collar, y si es una imitación se lo diré de inmediato. Puedo    permitirme perder cien dólares -dijo el señor Kelada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Quítatelo, querida. Deja que el caballero lo mire tanto como quiera.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  &lt;span lang="en-us"&gt;La señora&lt;/span&gt; Ramsay dudó un momento. Llevó sus manos al broche.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -No puedo quitármelo -dijo-. El señor Kelada tendrá que dar por buena mi    palabra.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Tuve una súbita sospecha de que iba a ocurrir algo desafortunado, pero no se    me ocurrió nada qué decir.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Ramsay brincó.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Yo lo desataré.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Le entregó el collar al señor Kelada. El levantino sacó una lupa de su    bolsillo y lo examinó detenidamente. Una sonrisa de triunfo se extendió en su    suave cara morena. Regresó el collar. Estaba a punto de hablar. De repente    observó el rostro de &lt;span lang="en-us"&gt;la señora&lt;/span&gt; Ramsay. Estaba tan blanca que parecía a punto de    desmayarse. Lo miraba con ojos muy abiertos y una expresión de terror. Parecía    una súplica desesperada; era tan claro que me pregunté por qué su marido no lo    veía.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  El señor Kelada se detuvo con la boca abierta. Se ruborizó profundamente.    Usted casi podía ver el esfuerzo que hacía para vencer su convicción.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Me equivoqué -dijo-. Es una muy buena imitación, pero claro, tan pronto como    lo vi bajo mi lupa me di cuenta que no era real. Creo que dieciocho dólares es    lo más que podría darse por esa bagatela.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Sacó del bolsillo un billete de cien dólares. Se lo entregó a Ramsay sin decir    palabra.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Tal vez eso le enseñe a no ser tan obcecado la próxima vez, mi joven amigo -dijo    Ramsay al tomar el billete.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Percibí un temblor en las manos del señor Kelada.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  La historia se esparció por el barco como hacen las historias, y tuvo que    soportar muchas bromas esa noche. Se consideraba todo un triunfo haberlo    vencido en algo. Pero &lt;span lang="en-us"&gt;la señora&lt;/span&gt; Ramsay se retiró a su cuarto con un fuerte dolor de    cabeza.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Por la mañana me levanté y empecé a rasurarme. El señor Kelada yacía en su    cama fumando un cigarro. De repente escuché el pequeño sonido de un roce y vi    una carta que empujaban por debajo de la puerta. Abrí la puerta y miré. No    había nadie. Levanté la carta y vi que estaba dirigida a Max Kelada.    Estaba escrita en letras negras. Se la entregué.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿De quién será? -preguntó al abrirlo-.¡Oh! -exclamó, sacando del sobre no una    carta sino un billete de cien dólares. Me miró y se ruborizó. Rompió el sobre    y me dijo entregándomelo:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¿Podría arrojarlos por la ventanilla?&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Así lo hice, y entonces observé una velada sonrisa.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -A nadie le gusta que lo vean como un perfecto idiota -dijo.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Entonces, ¿las perlas eran legítimas? - le pregunté.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -Si yo tuviera una esposa joven y bonita, como esa, no la dejaría pasar un año    en Nueva York mientras yo estuviera en Kobe -dijo él.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  En ese momento no me fue tan antipático del todo el señor Kelada. Sacó su    cartera y puso en ella el billete de cien dólares.&lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: justify; color: rgb(0, 51, 0);"&gt;  &lt;/div&gt; &lt;div style="text-align: center; color: rgb(0, 51, 0);"&gt;   FIN&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-8259024071328179621?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/8259024071328179621/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/03/william-somerset-maugham.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/8259024071328179621'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/8259024071328179621'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/03/william-somerset-maugham.html' title='William Somerset Maugham'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-9072377336972148767</id><published>2011-03-21T10:43:00.000-07:00</published><updated>2011-03-21T10:46:41.966-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Thomas Mann'/><title type='text'>Thomas Mann</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/--ClWWjkIDB4/TYeO-bTyOZI/AAAAAAAAABw/dm0xSb8vmBc/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 114px; height: 171px;" src="http://1.bp.blogspot.com/--ClWWjkIDB4/TYeO-bTyOZI/AAAAAAAAABw/dm0xSb8vmBc/s320/images.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5586591065910163858" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);font-size:180%;color:#800000;"  &gt;La muerte&lt;br /&gt;       &lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);font-size:85%;color:#800000;"  &gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;         &lt;span style="font-size:130%;"&gt;Thomas Mann&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                                                  &lt;span style="color: rgb(0, 0, 153);" &gt;10 de              septiembre &lt;/span&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Por fin ha llegado el otoño; el verano no              retornará. Jamás volveré a verlo... &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;El mar está gris y tranquilo, y cae una              lluvia fina, triste. Cuando lo vi esta mañana, me despedí del verano              y saludé al otoño, al número cuarenta de mis otoños, que al fin ha              llegado, inexorable. E inexorablemente traerá consigo aquel día,              cuya fecha a veces recito en voz baja, con una sensación de              recogimiento y terror íntimo... &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;12 de septiembre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;He salido a pasear un poco con la pequeña              Asunción. Es una buena compañera, que calla y a veces me mira              alzando hacia mí sus ojos grandes y llenos de cariño. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Hemos ido por el camino de la playa hacia              Kronshafen, pero dimos la vuelta a tiempo, antes de habernos              encontrado a más de una o dos personas. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Mientras volvíamos me alegró ver el aspecto              de mi casa. ¡Qué bien la había escogido! Desde una colina, cuya              hierba se hallaba ahora muerta y húmeda, miraba el mar de color              gris. Sencilla y gris es también la casa. Junto a la parte posterior              pasa la carretera, y detrás hay campos. Pero yo no me fijo en eso;              miro sólo el mar. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;15 de septiembre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Esa casa solitaria sobre la colina cercana              al mar y bajo el cielo gris es como una leyenda sombría, misteriosa,              y así es como quiero que sea en mi último otoño. Pero esta tarde,              cuando estaba sentado ante la ventana de mi estudio, se presentó un              coche que traía provisiones; el viejo Franz ayudaba a descargar, y              hubo ruidos y voces diversas. No puedo explicar hasta qué punto me              molestó esto. Temblaba de disgusto, y ordené que tal cosa se hiciera              por la mañana, cuando yo duermo. El viejo Franz dijo sólo: "Como              usted disponga, señor Conde", pero me miró con sus ojos irritados,              expresando temor y duda. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¿Cómo podría comprenderme? Él no lo sabe.              No quiero que la vulgaridad y el aburrimiento manchen mis últimos              días. Tengo miedo de que la muerte pueda tener algo aburguesado y              ordinario. Debe estar a mi alrededor arcana y extraña, en aquel día              grande, solemne, misterioso, del doce de octubre... &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;18 de septiembre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Durante los últimos días no he salido, sino              que he pasado la mayor parte del tiempo sobre el diván. No pude leer              mucho, porque al hacerlo todos mis nervios me atormentaban. Me he              limitado a tenderme y a mirar la lluvia que caía, lenta e              incansable. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Asunción ha venido a menudo, y una vez me              trajo flores, unas plantas escuálidas y mojadas que encontró en la              playa; cuando besó a la niña para darle las gracias, lloró porque yo              estaba "enfermo". ¡Qué impresión indeciblemente dolorosa me produjo              su cariño melancólico! &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;21 de septiembre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;He estado mucho tiempo sentado ante la              ventana del estudio, con Asunción sobre mis rodillas. Hemos mirado              el mar, gris e inmenso, y detrás de nosotros en la gran habitación              de puerta alta y blanca y rígidos muebles reinaba un gran silencio.              Y mientras acariciaba lentamente el suave cabello de la criatura,              negro y liso, que cae sobre sus hombros, recordé mi vida abigarrada              y variada; recordé mi juventud, tranquila y protegida, mis              vagabundeos por el mundo y la breve y luminosa época de mi              felicidad. ¿Te acuerdas de aquella criatura encantadora y de              ardiente cariño, bajo el cielo de terciopelo de Lisboa? Hace doce              que te hizo el regalo de la niña y murió, ciñendo tu cuello con su              delgado brazo. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;La pequeña Asunción tiene los ojos negros              de su madre; sólo que más cansados y pensativos. Pero sobre todo              tiene su misma boca, esa boca tan infinitamente blanda y al mismo              tiempo algo amarga, que es más bella cuando guarda silencio y se              limita a sonreír muy levemente. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¡Mi pequeña Asunción!, si supieras que              habré de abandonarte. ¿Llorabas porque me creías "enfermo"? ¡Ah!              ¿Qué tiene que ver eso? ¿Qué tiene que ver eso con el de octubre...?             &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;23 de septiembre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Los días en que puedo pensar y perderme en              recuerdos son raros. Cuántos años hace ya que sólo puedo pensar              hacia delante, esperando sólo este día grande y estremecedor, el              doce de octubre del año cuadragésimo de mi vida. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¿Cómo será? ¿Cómo será? No tengo miedo,              pero me parece que se acerca con una lentitud torturante, ese doce              octubre. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;27 de septiembre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;El viejo doctor Gudehus vino de Kronshafen;              llegó en coche por la carretera y almorzó con la pequeña Asunción y              conmigo. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;-Es necesario -dijo, mientras se comía              medio pollo- que haga usted ejercicio, señor Conde, mucho ejercicio              al aire libre. ¡Nada de leer! ¡Nada de cavilar! Me temo que es usted              un filósofo, ¡je, je! &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Me encogí de hombros y le agradecí              cordialmente sus esfuerzos. También dio consejos referentes a la              pequeña Asunción, contemplándola con su sonrisa un poco forzada y              confusa. Ha tenido que aumentar mi dosis de bromuro; quizás ahora              podré dormir un poco mejor. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;30 de septiembre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;-¡El último día de septiembre! Ya falta              menos, ya falta menos. Son las tres de la tarde, y he calculado              cuántos minutos faltan aún hasta el comienzo del doce de octubre.              Son 8,460. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;No he podido dormir esta noche, porque se              ha levantado el viento, y se oye el rumor del mar y de la lluvia. Me              he quedado echado, dejando pasar el tiempo. ¿Pensar, cavilar? ¡Ah,              no! El doctor Gudehus me toma por un filósofo, pero mi cabeza está              muy débil y sólo puedo pensar: ¡La muerte! ¡La muerte! &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;2 de octubre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Estoy profundamente conmovido, y en mi              emoción hay una sensación de triunfo. A veces, cuando lo pensaba y              me miraba con duda y temor, me daba cuenta de que me tomaban por              loco, y me examinaba a mí mismo con desconfianza. ¡Ah, no! No estoy              loco. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Leí hoy la historia de aquel emperador              Federico, al que profetizaran que moriría sub flore. Por eso evitaba              las ciudades de Florencia y Florentinum, pero en cierta ocasión fue              a parar en Florentinum, y murió. ¿Por qué murió? &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Una profecía, en sí, no tiene importancia;              depende de si consigue apoderarse de ti. Mas si lo consigue, queda              demostrada y por lo tanto se cumplirá. ¿Cómo? ¿Y por qué una              profecía que nace de mí mismo y se fortalece, no ha de ser tan              válida como la que proviene de fuera? ¿Y acaso el conocimiento firme              del momento en que se ha de morir, no es tan dudoso como el del              lugar? &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¡Existe una unión constante entre el hombre              y la muerte! Con tu voluntad y tu convencimiento, puedes adherirte a              su esfera, puedes llamarla para que se acerque a ti en la hora que              tú creas... &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;3 de octubre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Muchas veces, cuando mis pensamientos se              extienden ante mí como unas aguas grisáceas, que me parecen              infinitas porque están veladas por la niebla, veo algo así como las              relaciones de las cosas, y creo reconocer la insignificancia de los              conceptos. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¿Qué es el suicidio? ¿Una muerte              voluntaria? Nadie muere involuntariamente. El abandonar la vida y              entregarse a la muerte ocurre siempre por debilidad, y la debilidad              es siempre la consecuencia de una enfermedad del cuerpo o del              espíritu, o de ambos a la vez. No se muere antes de haberse uno              conformado con la idea... &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¿Estoy conforme yo? Así lo creo, pues me              parece que podría volverme loco si no muriera el doce de octubre...             &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;5 de octubre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Pienso continuamente en ello, y me ocupa              completamente. Reflexiono sobre cuándo y cómo tuve esta seguridad, y              no me veo capaz de decirlo. A los diecinueve o veinte años ya sabía              que moriría cuando tuviera cuarenta, y alguna vez que me pregunté              con insistencia en qué día tendría lugar, supe también el día.             &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Y ahora este día se ha acercado tanto, tan              cerca, que me parece sentir el aliento frío de la muerte.              &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;7 de octubre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;El viento se ha hecho más intenso, el mar              ruge y la lluvia tamborilea sobre el tejado. Durante la noche no he              dormido, sino que he salido a la playa con mi impermeable y me he              sentado sobre una piedra. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Detrás de mí, en la oscuridad y la lluvia,              estaba la colina con la casa gris, en la que dormía la pequeña              Asunción, mi pequeña Asunción. Y ante mí, el mar empujaba su turbia              espuma delante de mis pies. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Miré durante toda la noche, y me pareció              que así debía ser la muerte o el más allá de la muerte: enfrente y              fuera una oscuridad infinita, llena de un sordo fragor.              ¿Sobreviviría allí una idea, un algo de mí, para escuchar              eternamente el incomprensible ruido? &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;8 de octubre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;He de dar gracias a la muerte cuando              llegue, pues todo se habrá cumplido tan pronto como llegue el              momento en que yo ya no pueda seguir esperando. Tres breves días de              otoño todavía, y ocurrirá. ¡Cómo espero el último momento, el último              de verdad! ¿No será un momento de éxtasis y de indecible dulzura?              ¿Un momento de placer máximo? &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Tres breves días de otoño aún, y la muerte              entrará en mi habitación... ¿Cómo se conducirá? ¿Me tratará como a              un gusano? ¿Me agarrará por la garganta para ahogarme? ¿O penetrará              con su mano mi cerebro? Me la imagino grande y hermosa y de una              salvaje majestad. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;9 de octubre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Le dije a Asunción, cuando estaba sobre mis              rodillas: "¿Qué pasaría si me marchara pronto de tu lado, de algún              modo? ¿Estarías muy triste?" Ella apoyó su cabecita en mi pecho y              lloró amargamente. Mi garganta está estrangulada de dolor.              &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Por lo demás, tengo fiebre. Mi cabeza arde,              y tiemblo de frío. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;10 de octubre &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¡Esta noche estuvo aquí, esta noche! No la              vi, ni la oí, pero a pesar de eso hablé con ella. Es ridículo, pero              se comportó como un dentista: "Es mejor que acabemos pronto", dijo.              Pero yo no quise y me defendí; la eché con unas breves palabras.             &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;"¡Es mejor que acabemos pronto!" ¡Cómo              sonaban esas palabras! Me sentí traspasado. ¡Qué cosa más              indiferente, aburrida, burguesa! Nunca he conocido un sentimiento              tan frío y sardónico de decepción. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;11 de octubre (a las 11 de la noche)              &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¿Lo comprendo? ¡Oh! ¡Créanme, lo comprendo!             &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Hace una hora y media estaba yo en mi              habitación y entró el viejo Franz; temblaba y sollozaba. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;-¡La señorita -exclamó-. ¡La niña! ¡Por              favor, venga en seguida! &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Y yo fui en seguida. No lloré, y sólo me              sacudió un frío estremecimiento. Ella estaba en su camita, y su              cabello negro enmarcaba su pequeño rostro, pálido y doloroso. Me              arrodillé junto a ella y no pensé nada ni hice nada. Llegó el doctor              Gudehus. &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;-Ha sido un ataque cardíaco -dijo, moviendo              la cabeza como uno que no está sorprendido. ¡Ese loco rústico hacía              como si de veras hubiera sabido algo! &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;Pero yo, ¿he comprendido? ¡Oh!, cuando              estuve solo con ella -afuera rumoreaban la lluvia y el mar, y el              viento gemía en la chimenea-, di un golpe en la mesa, tan clara me              iluminó la verdad un instante. Durante veinte años he llamado la              muerte al día que comenzará dentro de una hora, y en mí, muy              profundamente, había algo que siempre supo que no podría abandonar a              esta niña. ¡No hubiera podido morir después de esta medianoche; sin              embargo, así debía ocurrir! Yo hubiera vuelto a rechazarla cuando se              hubiera presentado: pero ella se dirigió antes a la niña, porque              tenía que obedecer a lo que yo sabía y creía. ¿He sido yo mismo              quien ha llamado la muerte a tu camita, te he matado yo, mi pequeña              Asunción? ¡Ah, las palabras son burdas y míseras para hablar de              cosas tan delicadas, misteriosas! &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;¡Adiós, adiós! Quizá yo encuentre allí              afuera una idea, un algo de ti. Pues mira: la manecilla del reloj              avanza, y la lámpara que ilumina tu dulce carita no tardará en              apagarse. Mantengo tu mano, pequeña y fría, y espero. Pronto se              acercará ella a mí, y yo no haré más que asentir con la cabeza y              cerrar los ojos, cuando la oiga decir: &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);"&gt;-Es mejor que acabemos pronto...              &lt;/p&gt;             &lt;p style="color: rgb(0, 0, 153);" align="center"&gt;FIN&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-9072377336972148767?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/9072377336972148767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/03/thomas-mann.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/9072377336972148767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/9072377336972148767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/03/thomas-mann.html' title='Thomas Mann'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/--ClWWjkIDB4/TYeO-bTyOZI/AAAAAAAAABw/dm0xSb8vmBc/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-1273917780006789014</id><published>2011-03-13T12:07:00.000-07:00</published><updated>2011-03-13T12:08:01.837-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Guy de Maupassant'/><title type='text'>Guy de Maupassant</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:180%;color:#800000;"&gt;Bola de Sebo&lt;/span&gt;         &lt;span style="color:#800000;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;         &lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;color:#800000;"&gt;Guy de Maupassant&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;                    &lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Durante muchos días consecutivos pasaron por la ciudad restos del ejército derrotado. Más que tropas regulares, parecían hordas en dispersión. Los soldados llevaban las barbas crecidas y sucias, los uniformes hechos jirones, y llegaban con apariencia de cansancio, sin bandera, sin disciplina. Todos parecían abrumados y derrengados, incapaces de concebir una idea o de tomar una resolución; andaban sólo por costumbre y caían muertos de fatiga en cuanto se paraban. Los más eran movilizados, hombres pacíficos, muchos de los cuales no hicieron otra cosa en el mundo que disfrutar de sus rentas, y los abrumaba el peso del fusil; otros eran jóvenes voluntarios impresionables, prontos al terror y al entusiasmo, dispuestos fácilmente a huir o acometer; y mezclados con ellos iban algunos veteranos aguerridos, restos de una división destrozada en un terrible combate; artilleros de uniforme oscuro, alineados con reclutas de varias procedencias, entre los cuales aparecía el brillante casco de algún dragón tardo en el andar, que seguía difícilmente la marcha ligera de los infantes.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Compañías de francotiradores, bautizados con epítetos heroicos: Los Vengadores de la Derrota, Los Ciudadanos de la Tumba, Los Compañeros de la Muerte, aparecían a su vez con aspecto de facinerosos, capitaneados por antiguos almacenistas de paños o de cereales, convertidos en jefes gracias a su dinero -cuando no al tamaño de las guías de sus bigotes-, cargados de armas, de abrigos y de galones, que hablaban con voz campanuda, proyectaban planes de campaña y pretendían ser los únicos cimientos, el único sostén de Francia agonizante, cuyo peso moral gravitaba por entero sobre sus hombros de fanfarrones, a la vez que se mostraban temerosos de sus mismos soldados, gentes del bronce, muchos de ellos valientes, y también forajidos y truhanes.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Por entonces se dijo que los prusianos iban a entrar en Ruán.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La Guardia Nacional, que desde dos meses atrás practicaba con gran lujo de precauciones prudentes reconocimientos en los bosques vecinos, fusilando a veces a sus propios centinelas y aprestándose al combate cuando un conejo hacía crujir la hojarasca, se retiró a sus hogares. Las armas, los uniformes, todos los mortíferos arreos que hasta entonces derramaron el terror sobre las carreteras nacionales, entre leguas a la redonda, desaparecieron de repente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los últimos soldados franceses acababan de atravesar el Sena buscando el camino de Pont-Audemer por Saint-Severt y Bourg-Achard, y su general iba tras ellos entre dos de sus ayudantes, a pie, desalentado porque no podía intentar nada con jirones de un ejército deshecho y enloquecido por el terrible desastre de un pueblo acostumbrado a vencer y al presente vencido, sin gloria ni desquite, a pesar de su bravura legendaria.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Una calma profunda, una terrible y silenciosa inquietud, abrumaron a la población. Muchos burgueses acomodados, entumecidos en el comercio, esperaban ansiosamente a los invasores, con el temor de que juzgasen armas de combate un asador y un cuchillo de cocina.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La vida se paralizó, se cerraron las tiendas, las calles enmudecieron. De tarde en tarde un transeúnte, acobardado por aquel mortal silencio, al deslizarse rápidamente, rozaba el revoco de las fachadas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La zozobra, la incertidumbre, hicieron al fin desear que llegase, de una vez, el invasor.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En la tarde del día que siguió a la marcha de las tropas francesas, aparecieron algunos ulanos, sin que nadie se diese cuenta de cómo ni por dónde, y atravesaron a galope la ciudad. Luego, una masa negra se presentó por Santa Catalina, en tanto que otras dos oleadas de alemanes llegaba por los caminos de Darnetal y de Boisguillaume. Las vanguardias de los tres cuerpos se reunieron a una hora fija en la plaza del Ayuntamiento y por todas las calles próximas afluyó el ejército victorioso, desplegando sus batallones, que hacían resonar en el empedrado el compás de su paso rítmico y recio.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las voces de mando, chilladas guturalmente, repercutían a lo largo de los edificios, que parecían muertos y abandonados, mientras que detrás de los postigos entornados algunos ojos inquietos observaban a los invasores, dueños de la ciudad y de vidas y haciendas por derecho de conquista. Los habitantes, a oscuras en sus vivencias, sentían la desesperación que producen los cataclismos, los grandes trastornos asoladores de la tierra, contra los cuales toda precaución y toda energía son estériles. La misma sensación se reproduce cada vez que se altera el orden establecido, cada vez que deja de existir la seguridad personal, y todo lo que protegen las leyes de los hombres o de la naturaleza se pone a merced de una brutalidad inconsciente y feroz. Un terremoto aplastando entre los escombros de las casas a todo el vecindario; un río desbordado que arrastra los cadáveres de los campesinos ahogados, junto a los bueyes y las vigas de sus viviendas, o un ejército victorioso que acuchilla a los que se defienden, hace a los demás prisioneros, saquea en nombre de las armas vencedoras y ofrenda sus preces a un dios, al compás de los cañonazos, son otros tantos azotes horribles que destruyen toda creencia en la eterna justicia, toda la confianza que nos han enseñado a tener en la protección del cielo y en el juicio humano.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se acercaba a cada puerta un grupo de alemanes y se alojaban en todas las casas. Después del triunfo, la ocupación. Los vencidos se veían obligados a mostrarse atentos con los vencedores.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al cabo de algunos días, y disipado ya el temor del principio, se restableció la calma. En muchas casas un oficial prusiano compartía la mesa de una familia. Algunos, por cortesía o por tener sentimientos delicados, compadecían a los franceses y manifestaban que les repugnaba verse obligados a tomar parte activa en la guerra. Se les agradecían esas demostraciones de aprecio, pensando, además, que alguna vez sería necesaria su protección. Con adulaciones, acaso evitarían el trastorno y el gasto de más alojamientos. ¿A qué hubiera conducido herir a los poderosos, de quienes dependían? Fuera más temerario que patriótico. Y la temeridad no es un defecto de los actuales burgueses de Ruán, como lo había sido en aquellos tiempos de heroicas defensas, que glorificaron y dieron lustre a la ciudad. Se razonaba -escudándose para ello en la caballerosidad francesa- que no podía juzgarse un desdoro extremar dentro de casa las atenciones, mientras en público se manifestase cada cual poco deferente con el soldado extranjero. En la calle, como si no se conocieran; pero en casa era muy distinto, y de tal modo lo trataban, que retenían todas las noches a su alemán de tertulia junto al hogar, en familia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La ciudad recobraba poco a poco su plácido aspecto exterior. Los franceses no salían con frecuencia, pero los soldados prusianos transitaban por las calles a todas horas. Al fin y al cabo, los oficiales de húsares azules, que arrastraban con arrogancia sus sables por aceras, no demostraban a los humildes ciudadanos mayor desprecio del que les habían manifestado el año anterior los oficiales de cazadores franceses que frecuentaban los mismos cafés.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Había, sin embargo, un algo especial en el ambiente; algo sutil y desconocido; una atmósfera extraña e intolerable, como una peste difundida: la peste de la invasión. Esa peste saturaba las viviendas, las plazas públicas, trocaba el sabor de los alimentos, produciendo la impresión sentida cuando se viaja lejos del propio país, entre bárbaras y amenazadoras tribus.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los vencedores exigían dinero, mucho dinero. Los habitantes pagaban sin chistar; eran ricos. Pero cuanto más opulento es el negociante normando, más le hace sufrir verse obligado a sacrificar una parte, por pequeña que sea, de su fortuna, poniéndola en manos de otro.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;A pesar de la sumisión aparente, a dos o tres leguas de la ciudad, siguiendo el curso del río hacia Croiset, Dieppedalle o Biessart, los marineros y los pescadores con frecuencia sacaban del agua el cadáver de algún alemán, abotagado, muerto de una cuchillada, o de un garrotazo, con la cabeza aplastada por una piedra o lanzado al agua de un empujón desde oscuras venganzas, salvajes y legítimas represalias, desconocidos heroísmos, ataques mudos, más peligrosos que las batallas campales y sin estruendo glorioso.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Porque los odios que inspira el invasor arman siempre los brazos de algunos intrépidos, resignados a morir por una idea.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pero como los vencedores, a pesar de haber sometido la ciudad al rigor de su disciplina inflexible, no habían cometido ninguna de las brutalidades que les atribuía y afirmaba su fama de crueles en el curso de su marcha triunfal, se rehicieron los ánimos de los vencidos y la conveniencia del negocio reinó de nuevo entre los comerciantes de la región. Algunos tenían planteados asuntos de importancia en El Havre, ocupado todavía por el ejército francés, y se propusieron hacer una intentona para llegar a ese puerto, yendo en coche a Dieppe, en donde podrían embarcar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Apoyados en la influencia de algunos oficiales alemanes, a los que trataban amistosamente, obtuvieron del general un salvoconducto para el viaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Así, pues, se había prevenido una espaciosa diligencia de cuatro caballos para 10 personas, previamente inscritas en el establecimiento de un alquilador de coches; y se fijó la salida para un martes, muy temprano, con objeto de evitar la curiosidad y aglomeración de transeúntes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Días antes, las heladas habían endurecido ya la tierra, y el lunes, a eso de las tres, densos nubarrones empujados por un viento norte descargaron una tremenda nevada que duró toda la tarde y toda la noche.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;A eso de las cuatro y media de la madrugada, los viajeros se reunieron en el patio de la Posada Normanda, en cuyo lugar debían tomar la diligencia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Llegaban muertos de sueño; y tiritaban de frío, arrebujados en sus mantas de viaje. Apenas se distinguían en la oscuridad, y la superposición de pesados abrigos daba el aspecto, a todas aquellas personas, de sacerdotes barrigudos, vestidos con sus largas sotanas. Dos de los viajeros se reconocieron; otro los abordó y hablaron.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Voy con mi mujer -dijo uno.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Y yo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El primero añadió:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-No pensamos volver a Ruán, y si los prusianos se acercan a El Havre, nos embarcaremos para Inglaterra.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los tres eran de naturaleza semejante y, sin duda, por eso tenían aspiraciones idénticas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Aún estaba el coche sin enganchar. Un farolito llevado por un mozo de cuadra, de cuando en cuando aparecía en una puerta oscura, para desaparecer inmediatamente por otra. Los caballos herían con los cascos el suelo, produciendo un ruido amortiguado por la paja de sus camas, y se oía una voz de hombre dirigiéndose a las bestias, a intervalos razonable o blasfemadora. Un ligero rumor de cascabeles anunciaba el manejo de los arneses, cuyo rumor se convirtió bien pronto en un tintineo claro y continuo, regulado por los movimientos de una bestia; cesaba de pronto, y volvía a producirse con un brusca sacudida, acompañado por el ruido seco de las herraduras al chocar en las piedras.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cerrose de golpe la puerta. Cesó todo ruido. Los burgueses, helados, ya no hablaban; permanecían inmóviles y rígidos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Una espesa cortina de copos blancos se desplegaba continuamente, abrillantada y temblorosa; cubría la tierra, sumergiéndolo todo en una espuma helada; y sólo se oía en el profundo silencio de la ciudad el roce vago, inexplicable, tenue, de la nieve al caer, sensación más que ruido, encruzamiento de átomos ligeros que parecen llenar el espacio, cubrir el mundo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El hombre reapareció con su linterna, tirando de un ronzal sujeto al morro de un rocín que le seguía de mala gana. Lo arrimó a la lanza, enganchó los tiros, dio varias vueltas en torno, asegurando los arneses; todo lo hacía con una sola mano, sin dejar el farol que llevaba en la otra. Cuando iba de nuevo al establo para sacar la segunda bestia reparó en los inmóviles viajeros, blanqueados ya por la nieve, y les dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Por qué no suben al coche y estarán resguardados al menos?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Sin duda no es les había ocurrido, y ante aquella invitación se precipitaron a ocupar sus asientos. Los tres maridos instalaron a sus mujeres en la parte anterior y subieron; en seguida, otras formas borrosas y arropadas fueron instalándose como podían, sin hablar ni una palabra.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En el suelo del carruaje había una buena porción de  paja, en la cual se hundían los pies. Las señoras que habían entrado primero  llevaban caloríferos de cobre con carbón químico, y mientras lo preparaban,  charlaron a media voz: cambiaban impresiones acerca del buen resultado de  aquellos aparatos y repetían cosas que de puro sabidas debieron tener olvidadas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Por fin, una vez enganchados en la diligencia seis rocines en vez de cuatro, porque las dificultades aumentaban con el mal tiempo, una voz desde el pescante preguntó:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Han subido ya todos?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Otra contestó desde dentro:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Sí; no falta ninguno.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y el coche se puso en marcha.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Avanzaba lentamente a paso corto. Las ruedas se hundían en la nieve, la caja entera crujía con sordos rechinamientos; los animales resbalaban, resollaban, humeaban; y el gigantesco látigo de mayoral restallaba, sin reposo, volteaba en todos sentidos, enrollándose y desenrollándose como una delgada culebra, y azotando bruscamente la grupa de algún caballo, que se agarraba entonces mejor, gracias a un esfuerzo más grande.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La claridad aumentaba imperceptiblemente. Aquellos ligeros copos que un viajero culto, natural de Ruán precisamente, había comparado a una lluvia de algodón, luego dejaron de caer. Un resplandor amarillento se filtraba entre los nubarrones pesados y oscuros, bajo cuya sombra resaltaba más la resplandeciente blancura del campo donde aparecía, ya una hielera de árboles cubiertos de blanquísima escarcha, ya una choza con una caperuza de nieve.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;A la triste claridad de la aurora lívida los viajeros empezaron a mirarse curiosamente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ocupando los mejores asientos de la parte anterior, dormitaban, uno frente a otro, el señor y la señora Loiseau, almacenistas de vinos en la calle de Grand Port.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Antiguo dependiente de un vinatero, hizo fortuna continuando por su cuenta el negocio que había sido la ruina de su principal. Vendiendo barato un vino malísimo a los taberneros rurales, adquirió fama de pícaro redomado, y era un verdadero normando rebosante de astucia y jovialidad.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Tanto como sus bribonadas, comentábanse también sus agudezas, no siempre ocultas, y sus bromas de todo género; nadie podía referirse a él sin añadir como un estribillo necesario: "Ese Loiseau es insustituible".&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;De poca estatura, realzaba con una barriga hinchada como un globo la pequeñez de su cuerpo, al que servía de remate una faz arrebolada entre dos patillas canosas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Alta, robusta, decidida, con mucha entereza en la voz y seguridad en sus juicios, su mujer era el orden, el cálculo aritmético de los negocios de la casa, mientras que Loiseau atraía con su actividad bulliciosa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Junto a ellos iban sentados en la diligencia, muy dignos, como vástagos de una casta elegida, el señor Carré-Lamandon y su esposa. Era el señor Carré-Lamadon un hombre acaudalado, enriquecido en la industria algodonera, dueño de tres fábricas, caballero de la Legión de Honor y diputado provincial. Se mantuvo siempre contrario al Imperio, y capitaneaba un grupo de oposición tolerante, sin más objeto que hacerse valer sus condescendencias cerca del Gobierno, al cual había combatido siempre "con armas corteses", que así calificaba él mismo su política. La señora Carré-Lamadon, mucho más joven que su marido, era el consuelo de los militares distinguidos, mozos y arrogantes, que iban de guarnición a Ruán.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Sentada junto a la señora de Loiseau, menuda, bonita, envuelta en su abrigo de pieles, contemplaba con los ojos lastimosos el lamentable interior de la diligencia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Inmediatamente a ellos se hallaban instalados el conde y la condesa Hurbert de Breville, descendientes de uno de los más nobles y antiguos linajes de Normandía. El conde, viejo aristócrata, de gallardo continente, hacía lo posible para exagerar, con los artificios de su tocado, su natural semejanza con el rey Enrique IV, el cual, según una leyenda gloriosa de la familia, gozó, dándole fruto de bendición, a una señora de Breville, cuyo marido fue, por esta honra singular, nombrado conde y gobernador de provincia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Colega del señor de Carré-Lamadon en la Diputación provincial, representaba en el departamento al partido orleanista. Su enlace con la hija de un humilde consignatario de Nantes fue incomprensible, y continuaba pareciendo misterioso. Pero como la condesa lució desde un principio aristocráticas maneras, recibiendo en su casa con una distinción que se hizo proverbial, y hasta dio que decir sobre si estuvo en relaciones amorosas con un hijo de Luis Felipe, agasajáronla mucho las damas de más noble alcurnia; sus reuniones fueron las más brillantes y encopetadas, las únicas donde se conservaron tradiciones de rancia etiqueta, y en las cuales era difícil ser admitido.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las posesiones de los Brevilles producían -al decir de las gentes- unos 500,000 francos de renta.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Por una casualidad imprevista, las señoras de aquellos tres caballeros acaudalados, representantes de la sociedad serena y fuerte, personas distinguidas y sensatas, que veneran la religión y los principios, se hallaban juntas a un mismo lado, cuyos otros asientos ocupaban dos monjas, que sin cesar hacían correr entre sus dedos las cuentas de los rosarios, desgranando padrenuestros y avemarías. Una era vieja, con el rostro descarnado, carcomido por la viruela, como si hubiera recibido en plena faz una perdigonada. La otra, muy endeble, inclinaba sobre su pecho de tísica una cabeza primorosa y febril, consumida por la fe devoradora de los mártires y de los iluminados.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Frente a las monjas, un hombre y una mujer atraían todas las miradas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El hombre, muy conocido en todas partes, era Cornudet, fiero demócrata y terror de las gentes respetables. Hacía 20 años que salpicaba su barba rubia con la cerveza de todos los cafés populares. Había derrochado en francachelas una regular fortuna que le dejó su padre, antiguo confitero, y aguardaba con impaciencia el triunfo de la República, para obtener al fin el puesto merecido por los innumerables tragos que le impusieron sus ideas revolucionarias. El día 4 de septiembre, al caer el Gobierno, a causa de un error -o de una broma dispuesta intencionalmente-, se creyó nombrado prefecto; pero al ir a tomar posesión del cargo, los ordenanzas de la Prefectura, únicos empleados que allí quedaban, se negaron a reconocer su autoridad, y eso le contrarió hasta el punto de renunciar para siempre a sus ambiciones políticas. Buenazo, inofensivo y servicial, había organizado la defensa con ardor incomparable, haciendo abrir zanjas en las llanuras, talando las arboledas próximas, poniendo cepos en todos los caminos; y al aproximarse los invasores, orgulloso de su obra, se retiró más que a paso hacia la ciudad. Luego, sin duda supuso que su presencia sería más provechosa en El Havre, necesitado tal vez de nuevos atrincheramientos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La mujer que iba a su lado era una de las que llaman galantes, famosa por su abultamiento prematuro, que le valió el sobrenombre de Bola de Sebo; de menos que mediana estatura, mantecosa, con las manos abotagadas y los dedos estrangulados en las falanges -como rosarios de salchichas gordas y enanas-, con una piel suave y lustrosa, con un pecho enorme, rebosante, de tal modo complacía su frescura, que muchos la deseaban porque les parecía su carne apetitosa. Su rostro era como manzanita colorada, como un capullo de amapola en el momento de reventar; eran sus ojos negros, magníficos, velados por grandes pestañas, y su boca provocativa, pequeña, húmeda, palpitante de besos, con unos dientecitos apretados, resplandecientes de blancura.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Poseía también -a juicio de algunos- ciertas cualidades muy estimadas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En cuanto la reconocieron las señoras que iban en la diligencia, comenzaron a murmurar; y las frases "vergüenza pública", "mujer prostituida", fueron pronunciadas con tal descaro, que le hicieron levantar la cabeza. Fijó en sus compañeros de viaje una mirada, tan provocadora y arrogante que impuso de pronto silencio; y todos bajaron la vista excepto Loiseau, en cuyos ojos asomaba más deseo reprimido que disgusto exaltado.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pronto la conversación se rehízo entre las tres damas, cuya recíproca simpatía se aumentaba por instantes con la presencia de la moza, convirtiéndose casi en intimidad. Creíanse obligadas a estrecharse, a protegerse, a reunir su honradez de mujeres legales contra la vendedora de amor, contra la desvergonzada que ofrecía sus atractivos a cambio de algún dinero; porque el amor legal acostumbra ponerse muy fosco y malhumorado en presencia de una semejante libre.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;También los tres hombres, agrupados por sus instintos conservadores, en oposición a las ideas de Cornudet, hablaban de intereses con alardes fatuos y desdeñosos, ofensivos para los pobres. El conde Hubert hacía relación de las pérdidas que le ocasionaban los prusianos, las que sumarían las reses robadas y las cosechas abandonadas, con altivez de señorón diez veces millonario, en cuya fortuna tantos desastres no lograban hacer mella. El señor Carré-Lamadon, precavido industrial, se había curado en salud, enviando a Inglaterra 600,000 francos, una bicoca de que podía disponer en cualquier instante. Y Loiseau dejaba ya vendido a la Intendencia del ejército francés todo el vino de sus bodegas, de manera que le debía el Estado una suma de importancia, que haría efectiva en El Havre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se miraban los tres con benevolencia y agrado; aun cuando su cualidad era muy distinta, los hermanaba el dinero, porque pertenecían los tres a la francmasonería de los pudientes que hacen sonar el oro al meter las manos en los bolsillos del pantalón.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El coche avanzaba tan lentamente, que a las 10 de la mañana no había recorrido aún cuatro leguas. Se habían apeado varias veces los hombres para subir, haciendo ejercicio, algunas lomas. Comenzaron a intranquilizarse, porque salieron con la idea de almorzar en Totes, y no era ya posible que llegaran hasta el anochecer. Miraban a lo lejos con ansia de adivinar una posada en la carretera, cuando el coche se atascó en la nieve y estuvieron dos horas detenidos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al aumentar el hambre, perturbaba las inteligencias; nadie podía socorrerlos, porque la temida invasión de los prusianos y el paso del ejército francés habían hecho imposibles todas las industrias.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los caballeros corrían en busca de provisiones de cortijo, acercándose a todos los que veían próximos a la carretera; pero no pudieron conseguir ni un pedazo de pan, absolutamente nada, porque los campesinos, desconfiados y ladinos, ocultaban sus provisiones, temerosos de que al pasar el ejército francés, falto de víveres, cogiera cuanto encontrara.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Era poco más de la una cuando Loiseau anunció que sentía un gran vacío en el estómago. A todos los demás les ocurría otro tanto, y la invencible necesidad, manifestándose a cada instante con más fuerza, hizo languidecer horriblemente las conversaciones, imponiendo, al fin, un silencio absoluto.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;De cuando en cuando alguien bostezaba; otro le seguía inmediatamente, y todos, cada uno conforme a su calidad, su carácter, su educación, abría la boca, escandalosa o disimuladamente, cubriendo con la mano las fauces ansiosas, que despedían un aliento de angustia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo se inclinó varias veces como si buscase alguna cosa debajo de sus faldas. Vacilaba un momento, contemplando a sus compañeros de viaje; luego, se erguía tranquilamente. Los rostros palidecían y se crispaban por instantes. Loiseau aseguraba que pagaría 1,000 francos por un jamoncito. Su esposa dio un respingo en señal de protesta, pero al punto se calmó: para la señora era un martirio la sola idea de un derroche, y no comprendía que ni en broma se dijeran semejantes atrocidades.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-La verdad es que me siento desmayado -advirtió el conde-. ¿Cómo es posible que no se me ocurriera traer provisiones?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Todos reflexionaban de un modo análogo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet llevaba un frasquito de ron. Lo ofreció, y rehusaron secamente. Pero Loiseau, menos aparatoso, se decidió a beber unas gotas, y al devolver el frasquito, agradeció el obsequio con estas palabras:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Al fin y al cabo, calienta el estómago y distrae un poco el hambre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Reanimose y propuso alegremente que, ante la necesidad apremiante, debían, como los náufragos de la vieja canción, comerse al más gordo. Esta broma, en que se aludía muy directamente a Bola de Sebo, pareció de mal gusto a los viajeros bien educados. Nadie la tomó en cuenta, y solamente Cornudet sonreía. Las dos monjas acabaron de mascullar oraciones, y con las manos hundidas en sus anchurosas mangas, permanecían inmóviles, bajaban los ojos obstinadamente y sin duda ofrecían al Cielo el sufrimiento que les enviaba.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Por fin, a las tres de la tarde, mientras la diligencia atravesaba llanuras interminables y solitarias, lejos de todo poblado, Bola de Sebo se inclinó, resueltamente, para sacar de debajo del asiento una cesta.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Tomó primero un plato de fina loza; luego, un vasito de plata, y después, una fiambrera donde había dos pollos asados, ya en trozos, y cubiertos de gelatina; aún dejó en la cesta otros manjares y golosinas, todo ello apetitoso y envuelto cuidadosamente: pasteles, queso, frutas, las provisiones dispuestas para un viaje de tres días, con objeto de no comer en las posadas. Cuatro botellas asomaban el cuello entre los paquetes.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo cogió un ala de pollo y se puso a comerla, con mucha pulcritud, sobre medio panecillo de los que llaman regencias en Normandía.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El perfume de las viandas estimulaba el apetito de los otros y agravaba la situación, produciéndoles abundante saliva y contrayendo sus mandíbulas dolorosamente. Rayó en ferocidad el desprecio que a las viajeras inspiraba la moza; la hubieran asesinado, la hubieran arrojado por una ventanilla con su cubierto, su vaso de plata y su cesta y provisiones.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pero Loiseau devoraba con los ojos la fiambrera de los pollos. Y dijo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-La señora fue más precavida que nosotros. Hay gentes que no descuidan jamás ningún detalle.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de sebo hizo un ofrecimiento amable:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Usted gusta? ¿Le apetece algo, caballero? Es penoso pasar todo un día sin comer.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau hizo una reverencia de hombre agradecido:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Francamente, acepto; el hambre obliga mucho. La guerra es la guerra. ¿No es cierto, señora?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y lanzando en torno una mirada, prosiguió:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-En momentos difíciles como el presente, consuela encontrar almas generosas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Llevaba en el bolsillo un periódico y lo extendió sobre sus muslos para no mancharse los pantalones; con la punta de un cortaplumas pinchó una pata de pollo muy lustrosa, recubierta de gelatina. Le dio un bocado, y comenzó a comer tan complacido que aumentó con su alegría la desventura de los demás, que no pudieron reprimir un suspiro angustioso.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Con palabras cariñosas y humildes, Bola de Sebo propuso a las monjitas que tomaran algún alimento. Las dos aceptaron sin hacerse rogar; y con los ojos bajos, se pusieron a comer de prisa, después de pronunciar a media voz una frase de cortesía. Tampoco se mostró esquivo Cornudet a las insinuaciones de la moza, y con ella y las monjitas, teniendo un periódico sobre las rodillas de los cuatro, formaron, en la parte posterior del coche, una especie de mesa donde servirse.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las mandíbulas trabajaban sin descanso; abríanse y cerrábanse las bocas hambrientas y feroces. Loiseau, en un rinconcito, se despachaba muy a su gusto, queriendo convencer a su esposa para que se decidiera a imitarle. Resistíase la señora; pero, al fin, víctima de un estremecimiento doloroso con floreos retóricos, pidiole permiso a "su encantadora compañera de viaje" para servir a la dama una tajadita.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo se apresuró a decir:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Cuanto usted guste.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y sonriéndole con amabilidad, le alargó la fiambrera.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al destaparse la primera botella de burdeos, se presentó un conflicto. Sólo había un vaso de plata. Se lo iban pasando uno al otro, después de restregar el borde con una servilleta. Cornudet, por galantería, sin duda, quiso aplicar sus labios donde los había puesto la moza.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Envueltos por la satisfacción ajena, y sumidos en la propia necesidad, ahogados por las emanaciones provocadoras y excitantes de la comida, el conde y la condesa de Breville y el señor y la señora de Carré-Landon padecieron el suplicio espantoso que ha inmortalizado el nombre de Tántalo. De pronto, la monísima esposa del fabricante lanzó un suspiro que atrajo todas las miradas, su rostro estaba pálido, compitiendo en blancura con la nieve que sin cesar caía; se cerraron sus ojos, y su cuerpo languideció; desmayose. Muy emocionado, el marido imploraba un socorro que los demás, aturdidos a su vez, no sabían cómo procurarle, hasta que la mayor de las monjitas, apoyando la cabeza de la señora sobre su hombro, aplicó a sus labios el vaso de plata lleno de vino. La enferma se repuso; abrió los ojos, volvieron sus mejillas a colorearse y dijo, sonriente, que se hallaba mejor que nunca; pero lo dijo con la voz desfallecida. Entonces la monjita, insistiendo para que agotara el burdeos que había en el vaso, advirtió:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Es hambre, señora; es hambre lo que tiene usted.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo, desconcertada, ruborosa, dirigiéndose a los cuatro viajeros que no comían, balbució:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Yo les ofrecería con mucho gusto...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pero se interrumpió, temerosa de ofender con sus palabras la susceptibilidad exquisita de aquellas nobles personas; Loiseau completó la invitación a su manera, librando de apuro a todos:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Eh! ¡Caracoles! Hay que amoldarse a las circunstancias. ¿No somos hermanos todos los hombres, hijos de Adán, criaturas de Dios? Basta de cumplidos, y a remediarse caritativamente. Acaso no encontramos ni un refugio para dormir esta noche. Al paso que vamos, ya será mañana muy entrado el día cuando lleguemos a Totes.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los cuatro dudaban, silenciosos, no queriendo asumir ninguno la responsabilidad que sobre un "sí" pesaría.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El conde transigió, por fin, y dijo a la tímida moza, dando a sus palabras un tono solemne:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Aceptamos, agradecidos a su mucha cortesía.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Lo difícil era el primer envite. Una vez pasado el Rubicón, todo fue como un guante. Vaciaron la cesta. Comieron, además de los pollos, un tarro de paté, una empanada, un pedazo de lengua, frutas, dulces, pepinillos y cebollitas en vinagre.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Imposible devorar las viandas y no mostrarse atentos. Era inevitable una conversación general en que la moza pudiese intervenir; al principio les violentaba un poco, pero Bola de Sebo, muy discreta, los condujo insensiblemente a una confianza que hizo desvanecer todas las prevenciones. Las señoras de Breville y de Carré-Lamadon, que tenían un trato muy exquisito, se mostraron afectuosas y delicadas. Principalmente la condesa lució esa dulzura suave de gran señora que a todo puede arriesgarse, porque no hay en el mundo miseria que lograra manchar el rancio lustre de su alcurnia. Estuvo deliciosa. En cambio, la señora Loiseau, que tenía un alma de gendarme, no quiso doblegarse: hablaba poco y comía mucho.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Trataron de la guerra, naturalmente. Adujeron infamias de los prusianos y heroicidades realizadas por los franceses: todas aquellas personas que huían del peligro alababan el valor.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Arrastrada por las historias que unos y otros referían, la moza contó, emocionada y humilde, los motivos que la obligaban a marcharse de Ruán:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Al principio creí que me sería fácil permanecer en la ciudad vencida, ocupada por el enemigo. Había en mi casa muchas provisiones y supuse más cómodo mantener a unos cuantos alemanes que abandonar mi patria. Pero cuando los vi, no pude contenerme; su presencia me alteró: me descompuse y lloré de vergüenza todo el día. ¡Oh! ¡Quisiera ser hombre para vengarme! Débil mujer, con lágrimas en los ojos los veía pasar, veía sus corpachones de cerdo y sus puntiagudos cascos, y mi criada tuvo que sujetarme para que no les tirase a la cabeza los tiestos de los balcones. Después fueron alojados, y al ver en mi casa, junto a mí aquella gentuza, ya no pude contenerme y me arrojé al cuello de uno para estrangularlo. ¡No son más duros que los otros, no! ¡Se hundían bien mis dedos en su garganta! Y lo hubiera matado si entre todos no me lo quitan. Ignoro cómo pude salvarme. Unos vecinos me ocultaron, y al fin me dijeron que podía irme a El Havre... Así vengo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La felicitaron; aquel patriotismo que ninguno de los viajeros fue capaz de sentir agigantaba, sin embargo, la figura de la moza, y Cornudet sonreía, con una sonrisa complaciente y protectora de apóstol; así oye un sacerdote a un penitente alabar a Dios; porque los revolucionarios barbudos monopolizan el patriotismo como los clérigos monopolizan la religión. Luego habló doctrinalmente, con énfasis aprendido en las proclamas que a diario pone alguno en cada esquina, y remató su discurso con párrafo magistral.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo se exaltó, y le contradijo; no, no pensaba como él; era bonapartista, y su indignación arrebolaba su rostro cuando balbucía:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Yo hubiera querido verlos a todos ustedes en su lugar! ¡A ver qué hubieran hecho! ¡Ustedes tienen la culpa! ¡El emperador es su víctima! Con un gobierno de gandules como ustedes, ¡daría gusto vivir! ¡Pobre Francia!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet, impasible, sonreía desdeñosamente; pero el asunto tomaba ya un cariz alarmante cuando el conde intervino, esforzándose por calmar a la moza exasperada. Lo consiguió a duras penas y proclamó, en frases corteses, que son respetables todas las opiniones.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Entre tanto, la condesa y la esposa del industrial, que profesaban a la República el odio implacable de las gentes distinguidas y reverenciaban con instinto femenil a todos los gobiernos altivos y despóticos, involuntariamente sentíanse atraídas hacia la prostituta, cuyas opiniones eran semejantes a las más prudentes y encopetadas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se había vaciado la cesta. Repartida entre 10 personas, aun pareció escasez su abundancia, y casi todas lamentaron prudentemente que no hubiera más. La conversación proseguía, menos animada desde que no hubo nada que engullir.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cerraba la noche. La oscuridad era cada vez más densa, y el frío, punzante, penetraba y estremecía el cuerpo de Bola de Sebo, a pesar de su gordura. La señora condesa de Breville le ofreció su rejilla, cuyo carbón químico había sido renovado ya varias veces, y la moza se lo agradeció mucho, porque tenía los pies helados. Las señoras Carré-Lamdon y Loiseau corrieron las suyas hasta los pies de las monjas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El mayoral había encendido los faroles, que alumbraban con vivo resplandor las ancas de los jamelgos, y a uno y otro lado la nieve del camino parecía desenrollarse bajo los reflejos temblorosos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En el interior del coche nada se veía; pero de pronto se pudo notar un manoteo entre Bola de Sebo y Cornudet; Loiseau, que disfrutaba de una vista penetrante, creyó advertir que el hombre barbudo apartaba rápidamente la cabeza para evitar el castigo de un puño cerrado y certero.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En el camino aparecieron unos puntos luminosos. Llegaban a Totes, por fin. Después de 14 horas de viaje, la diligencia se detuvo frente a la posada del Comercio.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Abrieron la portezuela y algo terrible hizo estremecer a los viajeros: eran los tropezones de la vaina de un sable cencerreando contra las losas. Al punto se oyeron unas palabras dichas por el alemán.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La diligencia se había parado y nadie se apeaba, como si temieran que los acuchillasen al salir. Se acercó a la portezuela el mayoral con un farol en la mano, y alzando el farol, alumbró súbitamente las dos hileras de rostros pálidos, cuyas bocas abiertas y cuyos ojos turbios denotaban sorpresa y espanto. Junto al mayoral, recibiendo también el chorro de luz, aparecía un oficial prusiano, joven, excesivamente delgado y rubio, con el uniforme ajustado como un corsé, ladeada la gorra de plato que le daba el aspecto recadero de fonda inglesa. Muy largas y tiesas las guías del bigote -que disminuían indefinidamente hasta rematar en un solo pelo rubio, tan delgado que no era fácil ver dónde terminaba-, parecían tener las mejillas tirantes con su peso, violentando también las cisuras de la boca.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En francés-alsaciano indicó a los viajeros que se apearan.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las dos monjitas, humildemente, obedecieron las primeras con una santa docilidad propia de las personas acostumbradas a la sumisión. Luego, el conde y la condesa; en seguida, el fabricante y su esposa. Loiseau hizo pasar delante a su cara mitad, y al poner los pies en tierra, dijo al oficial:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Buenas noches, caballero.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El prusiano, insolente como todos los poderosos, no se dignó contestar.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo y Cornudet, aun cuando se hallaban más próximos a la portezuela que todos los demás, se apearon los últimos, erguidos y altaneros en presencia del enemigo. La moza trataba de contenerse y mostrarse tranquila; el revolucionario se resobaba la barba rubicunda con mano inquieta y algo temblona. Los dos querían mostrarse dignos, imaginando que representaba cada cual su patria en situaciones tan desagradables; y de modo semejante, fustigados por la frivolidad acomodaticia de sus compañeros, la moza estuvo más altiva que las mujeres honradas, y el otro, decidido a dar ejemplo, reflejaba en su actitud la misión de indómita resistencia que ya lució al abrir zanjas, talar bosques y minar caminos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Entraron en la espaciosa cocina de la posada, y el prusiano, después de pedir el salvoconducto firmado por el general en jefe, donde constaban los nombres de todos los viajeros y se detallaba su profesión y estado, lo examinó detenidamente, comparando las personas con las referencias escritas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Luego dijo, en tono brusco:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Está bien.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y se retiró.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Respiraron todos. Aún tenían hambre y pidieron de cenar. Tardarían media hora en poder sentarse a la mesa, y mientras las criadas hacían los preparativos, los viajeros curioseaban las habitaciones que les destinaban. Abrían sus puertas a un largo pasillo, al extremo del cual una mampara de cristales raspados lucía un expresivo número.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Iban a sentarse a la mesa cuando se presentó el posadero. Era un antiguo chalán asmático y obeso que padecía constantes ahogos, con resoplidos, ronqueras y estertores. De su padre había heredado el nombre de Follenvie.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al entrar hizo esta pregunta:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿La señorita Isabel Rousset?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo, sobresaltándose, dijo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Qué ocurre?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Señorita, el oficial prusiano quiere hablar con usted ahora mismo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Para qué?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Lo ignoro, pero quiere hablarle.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Es posible. Yo, en cambio, no quiero hablar con él.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Hubo un momento de preocupación; todos pretendían adivinar el motivo de aquella orden. El conde se acercó a la moza:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Señorita, es necesario reprimir ciertos ímpetus. Una intemperancia por parte de usted podría originar trastornos graves. No se debe nunca resistir a quien puede aplastarnos. La entrevista no revestirá importancia y, sin duda, tiene por objeto aclarar algún error deslizado en el documento.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los demás se adhirieron a una opinión tan razonable; instaron, suplicaron, sermonearon y, al fin, la convencieron, porque todos temían las complicaciones que pudieran sobrevenir. La moza dijo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Lo hago solamente por complacerlos a ustedes.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La condesa le estrechó la mano al decir:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Agradecemos el sacrificio.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo salió, y aguardaron a servir la comida para cuando volviera.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Todos hubieran preferido ser los llamados, temerosos de que la moza irascible cometiera una indiscreción y cada cual preparaba en su magín varias insulseces para el caso de comparecer.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pero a los cinco minutos la moza reapareció, encendida, exasperada, balbuciendo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Miserable! ¡Ah, miserable!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Todos quisieron averiguar lo sucedido; pero ella no respondió a las preguntas y se limitaba a repetir:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Es un asunto mío, sólo mío, y a nadie le importa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Como la moza se negó rotundamente a dar explicaciones, reinó el silencio en torno de la sopera humeante. Cenaron bien y alegremente, a pesar de los malos augurios. Como era muy aceptable la sidra, el matrimonio Loiseau y las monjas la tomaron, para economizar. Los otros pidieron vino, excepto Cornudet, que pidió cerveza. Tenía una manera especial de descorchar la botella, de hacer espuma, de contemplarla, inclinando el vaso, y de alzarlo para observar a trasluz su transparencia. Cuando bebía sus barbazas -de color de su brebaje predilecto- estremecíanse de placer; guiñaba los ojos para no perder su vaso de vista y sorbía con tanta solemnidad como si aquélla fuese la única misión de su vida. Se diría que parangonaba en su espíritu, hermanándolas, confundiéndolas en una, sus dos grandes pasiones: la cerveza y la Revolución, y seguramente no le fuera posible paladear aquélla sin pensar en ésta.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El posadero y su mujer comían al otro extremo de la mesa. El señor Follenvie, resoplando como una locomotora desportillada, tenía demasiado estertor para poder hablar mientras comía, pero ella no callaba ni su solo instante. Refería todas sus impresiones desde que vio a los prusianos por vez primera, lo que hacían, lo que decían los invasores, maldiciéndolos y odiándolos porque le costaba dinero mantenerlos, y también porque tenía un hijo soldado. Se dirigía siempre a la condesa, orgullosa de que la oyese una dama de tanto fuste.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Luego bajaba la voz para comunicar apreciaciones comprometidas; y su marido, interrumpiéndola de cuando en cuando, aconsejaba:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Más prudente fuera que callases.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pero ella, sin hacer caso, proseguía:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Sí, señora; esos hombres no hacen más que atracarse de cerdo y papas, de papas y de cerdo. Y no crea usted que son pulcros. ¡Oh, nada pulcros! Todo lo ensucian, y donde les apura... lo sueltan, con perdón sea dicho. Hacen el ejercicio durante horas todos los días, y anda por arriba y anda por abajo, y vuelve a la derecha y vuelve a la izquierda.¡Si labrasen los campos o trabajasen en las carreteras de su país! Pero no, señora; esos militares no sirven para nada. El pobre tiene que alimentarlos mientras aprenden a destruir. Yo soy una vieja sin estudios; a mí no me han educado, es cierto; pero al ver que se fatigan y se revientan en ese ir y venir mañana y tarde, me digo: habiendo tantas gentes que trabajaban para ser útiles a los demás, ¿por qué otros procuran, a fuerza de tanto sacrificio, ser perjudiciales? ¿No es una compasión que se mate a los hombres, ya sean prusianos o ingleses, o poloneses o franceses? Vengarse de uno que nos hizo daño es punible, y el juez lo condena; pero si degüellan a nuestros hijos, como reses llevadas al matadero, no es punible, no se castiga; se dan condecoraciones al que destruye más.¿No es cierto? Nada sé, nada me han enseñando; tal vez por mi falta de instrucción ignoro ciertas cosas, y me parecen injusticias.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet dijo campanudamente:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-La guerra es una salvajada cuando se hace contra un pueblo tranquilo; es una obligación cuando sirve para defender la patria.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La vieja murmuró:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Sí, defenderse ya es otra cosa. Pero ¿no deberíamos antes ahorcar a todos los reyes que tienen la culpa?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los ojos de Cornudet se abrillantaron:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Magnífico, ciudadana!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El señor Carré-Lamadon reflexionaba. Sí, era fanático por la gloria y el heroísmo de los famosos capitanes; pero el sentido práctico de aquella vieja le hacía calcular el provecho que reportarían al mundo todos los brazos que se adiestran en el manejo de las armas, todas las energías infecundas, consagradas a preparar y sostener las guerras, cuando se aplicasen a industrias que necesitan siglos de actividad.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Levantose Loiseau y, acercándose al fondista, le habló en voz baja. Oyéndolo, Follenvie reía, tosía, escupía; su enorme vientre rebotaba gozoso con las guasas del forastero; y le compró seis barriles de burdeos para la primavera, cuando se hubiesen retirado los invasores.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Acabada la cena, como era mucho el cansancio que sentían, se fueron todos a sus habitaciones.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pero Loiseau, observador minucioso y sagaz, cuando su mujer se hubo acostado, aplicó los ojos y oído alternativamente al agujero de la cerradura para descubrir lo que llamaba "misterios de pasillo".&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al cabo de una hora, aproximadamente, vio pasar a Bola de Sebo, más apetitosa que nunca, rebozando en su peinador de casimir con blondas blancas. Alumbrábase con una palmatoria y se dirigía a la mampara de cristales raspados, en donde lucía un expresivo número. Y cuando la moza se retiraba, minutos después, Cornudet abría su puerta y la seguía en calzoncillos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Hablaron y después Bola de Sebo defendía enérgicamente la entrada de su alcoba. Loiseau, a pesar de sus esfuerzos, no pudo comprender lo que decían; pero, al fin, como levantaron la voz, cogió al vuelo algunas palabras. Cornudet, obstinado, resuelto, decía:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Por qué no quieres? ¿Qué te importa?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ella, con indignada y arrogante apostura, le respondió:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Amigo mío, hay circunstancias que obligan mucho; no siempre se puede hacer todo, y además, aquí sería una vergüenza.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Sin duda, Cornudet no comprendió, y como se obstinase, insistiendo en sus pretensiones, la moza, más arrogante aun y en voz más recia, le dijo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿No lo comprende?... ¿Cuando hay prusianos en la casa, tal vez pared por medio?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y calló. Ese pudor patriótico de cantinera que no permite libertades frente al enemigo, debió de reanimar la desfallecida fortaleza del revolucionario, quien después de besarla para despedirse afectuosamente, se retiró a paso de lobo hasta su alcoba.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau, bastante alterado, abandonó su observatorio, hizo unas cabriolas y, al meterse de nuevo en la cama, despertó a su amiga y correosa compañera, la besó y le dijo al oído:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Me quieres mucho, vida mía?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Reinó el silencio en toda la casa. Y al poco rato se alzó resonando en todas partes, un ronquido, que bien pudiera salir de la cueva o del desván; un ronquido alarmante, monstruoso, acompasado, interminable, con estremecimientos de caldera en ebullición. El señor Follenvie dormía.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Como habían convenido en proseguir el viaje a las ocho de la mañana, todos bajaron temprano a la cocina; pero la diligencia, enfundada por la nieve, permanecía en el patio, solitaria, sin caballos y sin mayoral. En vano buscaban a éste por los desvanes y las cuadras. No encontrándolo dentro de la posada, salieron a buscarlo y se hallaron de pronto en la plaza, frente a la Iglesia, entre casuchas de un solo piso, donde se veían soldados alemanes. Uno pelaba papas; otro, muy barbudo y grandote, acariciaba a una criaturita de pecho que lloraba, y la mecía sobre sus rodillas para que se calmase o se durmiese, y las campesinas, cuyos maridos y cuyos hijos estaban "en las tropas de la guerra", indicaban por signos a los vencedores, obedientes, los trabajos que debían hacer: cortar leña, encender lumbre, moler café. Uno lavaba la ropa de su patrona, pobre vieja impedida.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El conde, sorprendido, interrogó al sacristán, que salía del presbiterio. El acartonado murciélago le respondió:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Ah! Esos no son dañinos; creo que no son prusianos: vienen de más lejos, ignoro de qué país; y todos han dejado en su pueblo un hogar, una mujer, unos hijos; la guerra no los divierte. Juraría que también sus familias lloran mucho, que también se perdieron sus cosechas por la falta de brazos; que allí como aquí, amenaza una espantosa miseria a los vencedores como a los vencidos. Después de todo, en este pueblo no podemos quejarnos, porque no maltratan a nadie y nos ayudan trabajando como si estuvieran en su casa. Ya ve usted, caballero: entre los pobres hay siempre caridad... Son los ricos los que hacen las guerras crueles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet, indignado por la recíproca y cordial condescendencia establecida entre vencedores y vencidos, volvió a la posada, porque prefería encerrarse aislado en su habitación a ver tales oprobios. Loiseau tuvo, como siempre, una frase oportuna y graciosa; "Repueblan"; y el señor Carré-Lamadon pronunció una solemne frase "Restituyen".&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pero no encontraban al mayoral. Después de muchas indagaciones, lo descubrieron sentado tranquilamente, con el ordenanza del oficial prusiano, en una taberna.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El conde lo interrogó:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿No le habían mandado enganchar a las ocho?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Sí; pero después me dieron otra orden.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Cuál?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-No enganchar.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Quién?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-El comandante prusiano.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Por qué motivo?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Lo ignoro. Pregúnteselo. Yo no soy curioso. Me prohíben enganchar y no engancho. Ni más ni menos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Pero ¿le ha dado esa orden el mismo comandante?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-No; el posadero, en su nombre.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Cuándo?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Anoche, al retirarme.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los tres caballeros volvieron a la posada bastante intranquilos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Preguntaron por Follenvie, y la criada les dijo que no se levantaba el señor hasta muy tarde, porque apenas lo dejaba dormir el asma; tenía terminantemente prohibido que lo llamasen antes de las diez, como no fuera en caso de incendio.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Quisieron ver al oficial, pero tampoco era posible, aun cuando se hospedaba en la casa, porque únicamente Follenvie podía tratar con él de sus asuntos civiles.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Mientras los maridos aguardaban en la cocina, las mujeres volvieron a sus habitaciones para ocuparse de las minucias de su tocado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet se instaló bajo la saliente campana del hogar, donde ardía un buen leño; mandó que le acercaran un veladorcito de hierro y que le sirvieran un jarro de cerveza; sacó la pipa, que gozaba entre los demócratas casi tanta consideración como el personaje que chupaba en ella -una pipa que parecía servir a la patria tanto como Cornudent-, y se puso a fumar entre sorbo y sorbo, chupada tras chupada.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Era una hermosa pipa de espuma, primorosamente trabajada, tan negra como los dientes que la oprimían pero brillante, perfumada, con una curvatura favorable a la mano, de una forma tan discreta, que parecía una facción más de su dueño.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y Cornudet, inmóvil, tan pronto fijaba los ojos en las llamas del hogar como en la espuma del jarro; después de cada sorbo acariciaba satisfecho con su mano flaca su cabellera sucia, cruzando vellones de humo blanco en las marañas de sus bigotes macilentos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau, con el pretexto de salir a estirar las piernas, recorrió el pueblo para negociar sus vinos en todos los comercios. El conde y el industrial discurrían acerca de cuestiones políticas y profetizaban el provenir de Francia. Según el uno, todo lo remediaría el advenimiento de los Orleáns; el otro solamente confiaba en un redentor ignorado, un héroe que apareciera cuando todo agonizase; un Duguesclin, una Juana de Arco y ¿por qué no un invencible Napoleón I? ¡Ah! ¡Si el príncipe imperial no fuese demasiado joven! Oyéndolos, Cornudet sonreía como quien ya conoce los misterios del futuro; y su pipa embalsamaba el ambiente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;A las 10 bajó Follenvie. Le hicieron varias preguntas apremiantes, pero él sólo pudo contestar:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-El comandante me dijo: "Señor Follenvie, no permita usted que mañana enganche la diligencia. Esos viajeros no saldrán de aquí hasta que yo lo disponga".&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Entonces resolvieron avistarse con el oficial prusiano. El conde le hizo pasar una tarjeta, en la cual escribió Carré-Lamdon su nombre y sus títulos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El prusiano les hizo decir que los recibiría cuando hubiera almorzado. Faltaba una hora.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ellos y ellas comieron, a pesar de su inquietud. Bola de Sebo estaba febril y extraordinariamente desconcertada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Acababan de tomar el café cuando les avisó el ordenanza.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau se agregó a la comisión; intentaron arrastrar a Cornudet, pero éste dijo que no entraba en sus cálculos pactar con los enemigos. Y volvió a instalarse cerca del fuego, ante otro jarro de cerveza.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los tres caballeros entraron en la mejor habitación de la casa, donde los recibió el oficial, tendido en un sillón, con los pies encima de la chimenea, fumando en una larga pipa de loza y envuelto en una espléndida bata, recogida tal vez en la residencia campestre de algún ricacho de gustos chocarreros. No se levantó, ni saludó, ni los miró siquiera. ¡Magnífico ejemplar de la soberbia desfachatez acostumbrada entre los militares victoriosos!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Luego dijo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Qué desean ustedes?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El conde tomó la palabra:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Deseamos proseguir nuestro viaje, caballero.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-No.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Sería usted lo bastante bondadoso para comunicarnos la causa de tan imprevista detención?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Mi voluntad.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Me atrevo a recordarle, respetuosamente, que traemos un salvoconducto, firmado por el general en jefe, que nos permite llegar a Dieppe. Y supongo que nada justifica tales rigores.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Nada más que mi voluntad. Pueden ustedes retirarse.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Hicieron una reverencia y se retiraron.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La tarde fue desastrosa: no sabían cómo explicar el capricho del prusiano y les preocupaban las ocurrencias más inverosímiles. Todos en la cocina se torturaban imaginando cuál pudiera ser el motivo de su detención. ¿Los conservarían como rehenes? ¿Por qué? ¿Los llevarían prisioneros? ¿Pedirían por su libertad un rescate de importancia? El pánico los enloqueció. Los más ricos se amilanaban con ese pensamiento: se creían ya obligados, para salvar la vida en aquel trance, a derramar tesoros entre la manos de un militar insolente. Se derretían la sesera inventando embustes verosímiles, fingimientos engañosos que salvaran su dinero del peligro en que lo veían, haciéndolos aparecer como infelices arruinados. Loiseau, disimuladamente, guardó en el bolsillo la pesada cadena de oro de su reloj. Al oscurecer aumentaron sus aprensiones. Encendieron el quinqué, y, como aún faltaban dos horas para la comida, resolvieron jugar a la treinta y una. Cornudet, hasta el propio Cornudet, apagó su pipa y, cortésmente, se acercó a la mesa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El conde cogió los naipes, Bola de Sebo hizo treinta y una. El interés del juego ahuyentaba los temores.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet pudo advertir que la señora y el señor Loiseau, de común acuerdo, hacían trampas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando iban a servir la comida, Follenvie apareció y dijo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-El oficial prusiano pregunta si la señora Isabel Rousset se ha decidido ya.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo, en pie, al principio descolorida, luego arrebatada, sintió un impulso de cólera tan grande, que de pronto no le fue posible hablar. Después dijo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Contéstele a ese canalla, sucio y repugnante, que nunca me decidiré a eso. ¡Nunca, nunca, nunca!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El posadero se retiró. Todos rodearon a Bola de Sebo, solicitada, interrogada por todos para revelar el misterio de aquel recado. Negose al principio, hasta que reventó exasperada:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Qué quiere?... ¿Qué quiere?... ¿Que quiere?... ¡Nada! ¡Estar conmigo!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La indignación instantánea no tuvo límites. Se alzó un clamoreo de protesta contra semejante iniquidad. Cornudet rompió un vaso, al dejarlo, violentamente, sobre la mesa. Se emocionaban todos, como si a todos alcanzara el sacrificio exigido a la moza. El conde manifestó que los invasores inspiraban más repugnancia que terror, portándose como los antiguos bárbaros. Las mujeres prodigaban a Bola de Sebo una piedad noble y cariñosa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando le efervescencia hubo pasado, comieron. Se habló poco. Meditaban.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se retiraron pronto las señoras, y los caballeros organizaron una partida de ecarté, invitando a Follenvie con el propósito de sondearle con habilidad en averiguación de los recursos más convenientes para vencer la obstinada insistencia del prusiano. Pero Follenvie sólo pensaba en sus cartas, ajeno a cuanto le decían y sin contestar a las preguntas, limitándose a repetir:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Al juego, al juego, señores.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Fijaba tan profundamente su atención en los naipes, que hasta se olvidaba de escupir y respiraba con estertor angustioso. Producían sus pulmones todos los registros del asma, desde los más graves y profundos a los chillidos roncos y destemplados que lanzan los polluelos cuando aprenden a cacarear.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;No quiso retirarse cuando su mujer, muerta de sueño, bajó en su busca, y la vieja se volvió sola porque tenía por costumbre levantarse con el sol, mientras su marido, de natural trasnochador, estaba siempre dispuesto a no acostarse hasta el alba.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando se convencieron de que no eran posible arrancarle ni media palabra, lo dejaron para irse cada cual a su alcoba.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Tampoco fueron perezosos para levantarse al otro día, con la esperanza que les hizo concebir su deseo cada vez mayor de continuar libremente su viaje. Pero los caballos descansaban en los pesebres; el mayoral no comparecía. Entretuviéronse dando paseos en torno de la diligencia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Desayunaron silenciosos, indiferentes ante Bola de Sebo. Las reflexiones de la noche habían modificado sus juicios; odiaban a la moza por no haberse decidido a buscar en secreto al prusiano, preparando un alegre despertar, una sorpresa muy agradable a sus compañeros. ¿Había nada más justo? ¿Quién lo hubiera sabido? Pudo salvar las apariencias, dando a entender al oficial prusiano que cedía para no perjudicar a tan ilustres personajes. ¿Qué importancia pudo tener su complacencia, para una moza como Bola de Sebo?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Reflexionaban así todos, pero ninguno declaraba su opinión.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al mediodía, para distraerse del aburrimiento, propuso el conde que diesen un paseo por las afueras. Se abrigaron bien y salieron; sólo Cornudet prefirió quedarse junto a la lumbre, y las dos monjas pasaban las horas en la iglesia o en casa del párroco.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El frío, cada vez más intenso, les pellizcaba las orejas y las narices; los pies les dolían al andar; cada paso era un martirio. Y al descubrir la campiña les pareció tan horrorosamente lúgubre su extensa blancura, que todos a la vez retrocedieron con el corazón oprimido y el alma helada.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las cuatro señoras iban y las seguían a corta distancia los tres caballeros.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau, muy seguro de que los otros pensaban como él, preguntó si aquella mala pécora no daba señales de acceder, para evitarles que se prolongara indefinidamente su detención. El conde, siempre cortés, dijo que no podía exigírsele a una mujer sacrificio tan humillante cuando ella no se lanzaba por impulso propio.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El señor Carré-Lamdon hizo notar que si los franceses, como estaba proyectado, tomaran de nuevo la ofensiva por Dieppe, la batalla probablemente se desarrollaría en Totes. Puso a los otros dos en cuidado semejante ocurrencia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Y si huyéramos a pie? -dijo Loiseau.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Cómo es posible, pisando nieve y con las señoras? -exclamó el conde-. Además, nos perseguirían y luego nos juzgarían como prisioneros de guerra.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Es cierto, no hay escape.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y callaron.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las señoras hablaban de vestidos; pero por su ligera conversación flotaba una inquietud que les hacía opinar de opuesto modo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando apenas lo recordaban, apareció el oficial prusiano en el extremo de la calle. Sobre la nieve que cerraba el horizonte perfilaba su talle oprimido y separaba las rodillas al andar, con ese movimiento propio de los militares que procuran salvar del barro las botas primorosamente charoladas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Inclinose al pasar junto a las damas y miró despreciativo a los caballeros, los cuales tuvieron suficiente coraje para no descubrirse, aun cuando Loiseau echase mano al sombrero.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La moza se ruborizó hasta las orejas y las tres señoras casadas padecieron la humillación de que las viera el prusiano en la calle con la mujer a la cual trataba él tan groseramente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y hablaron de su empaque, de su rostro. La señora Carré-Lamdon, que por haber sido amiga de muchos oficiales podía opinar con fundamento, juzgó al prusiano aceptable, y hasta se dolió de que no fuera francés, muy segura de que seduciría con el uniforme de húsar a muchas mujeres.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ya en casa, no se habló más del asunto. Se intercambiaron algunas actitudes con motivos insignificantes. La cena, silenciosa, terminó pronto, y cada uno fue a su alcoba con ánimo de buscar en el sueño un recurso contra el hastío.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bajaron por la mañana con los rostros fatigados; se mostraron irascibles; y las damas apenas dirigieron la palabra a Bola de Sebo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La campana de la iglesia tocó a gloria. La muchacha recordó al pronto su casi olvidada maternidad (pues tenía una criatura en casa de unos labradores de Yvetot). El anunciado bautizo la enterneció y quiso asistir a la ceremonia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ya libres de su presencia, y reunidos los demás, se agruparon, comprendiendo que tenían algo que decirse, algo que acordar. Se le ocurrió a Loiseau proponer al comandante que se quedara con la moza y dejase a los otros proseguir tranquilamente su viaje.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Follenvie fue con la embajada y volvió al punto, porque, sin oírle siquiera, el oficial repitió que ninguno se iría mientras él no quedara complacido.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Entonces, el carácter populachero de la señora Loiseau la hizo estallar:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-No podemos envejecer aquí. ¿No es el oficio de la moza complacer a todos los hombres? ¿Cómo se permite rechazar a uno? ¡Si la conoceremos! En Rúan lo arrebaña todo; hasta los cocheros tienen que ver con ella. Sí, señora; el cochero de la Prefectura. Lo sé de buena tinta; como que toman vino de casa. Y hoy que podría sacarnos de un apuro sin la menor violencia, ¡hoy hace dengues, la muy zorra! En mi opinión, ese prusiano es un hombre muy correcto. Ha vivido sin trato de mujeres muchos días; hubiera preferido, seguramente, a cualquiera de nosotras; pero se contenta, para no abusar de nadie, con la que pertenece a todo el mundo. Respeta el matrimonio y la virtud ¡cuando es el amo, el señor! Le bastaría decir: "Ésta quiero" y obligar a viva fuerza, entre soldados, a la elegida.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Estremeciéronse las damas. Los ojos de la señora Carré-Lamadon brillaron; sus mejillas palidecieron, como si ya se viese violada por el prusiano.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Los hombres discutían aparte y llegaron a un acuerdo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al principio, Loiseau, furibundo, quería entregar a la miserable atada de pies y manos. Pero el conde, fruto de tres abuelos diplomáticos, prefería tratar el asunto hábilmente, y propuso:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Tratemos de convencerla.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se unieron a las damas. La discusión se generalizó. Todos opinaban en voz baja, con mesura. Principalmente las señoras proponían el asunto con rebuscamiento de frases ocultas y rodeos encantadores, para no proferir palabras vulgares.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Alguien que de pronto las hubiera oído, sin duda no sospechara el argumento de la conversación; de tal modo se cubrían con flores las torpezas audaces. Pero como el baño de pudor que defiende a las damas distinguidas en sociedad es muy tenue, aquella brutal aventura las divertía, sintiéndose a gusto, en su elemento, interviniendo en un lance de amor, con la sensualidad propia de un cocinero goloso que prepara una cena exquisita sin poder probarla siquiera.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se alegraron, porque la historia les hacía mucha gracia. El conde se permitió alusiones bastantes atrevidas -pero decorosamente apuntadas- que hicieron sonreír. Loiseau estuvo menos correcto, y sus audacias no lastimaron los oídos pulcros de sus oyentes. La idea, expresada brutalmente por su mujer, persistía en los razonamientos de todos: "¿No es el oficio de la moza complacer a los hombres? ¿Cómo se permite rechazar a uno?" La delicada señora Carré-Lamadon imaginaba tal vez que, puesta en tan duro trance, rechazaría menos al prusiano que a otro cualquiera.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Prepararon el bloqueo, lo que tenía que decir cada uno y las maniobras correspondientes; quedó en regla el plan de ataque, los amaños y astucias que deberían abrir al enemigo la ciudadela viviente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet no entraba en la discusión, completamente ajeno al asunto.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Estaban todos tan preocupados, que no sintieron llegar a Bola de Sebo; pero el conde, advertido al punto, hizo una señal que los demás comprendieron.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Callaron, y la sorpresa prolongó aquel silencio, no permitiéndoles de pronto hablar. La condesa, más versada en disimulos y tretas de salón, dirigió a la moza esta pregunta:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Estuvo muy bien el bautizo?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo, emocionada, les dio cuenta de todo, y acabó con esta frase:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Algunas veces consuela mucho rezar.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Hasta la hora del almuerzo se limitaron a mostrarse amables con ella, para inspirarle confianza y docilidad a sus consejos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ya en la mesa, emprendieron la conquista. Primero, una conversación superficial acerca del sacrificio. Se citaron ejemplos: Judit y Holofernes; y, sin venir al caso, Lucrecia y Sextus. Cleopatra, esclavizando con los placeres de su lecho a todos los generales enemigos. Y apareció una historia fantaseada por aquellos millonarios ignorantes, conforme a la cual iban a Capua las matronas romanas para adormecer entre sus brazos amorosos al fiero Aníbal, a sus lugartenientes y a sus falanges de mercenarios. Citaron a todas las mujeres que han detenido a los conquistadores ofreciendo sus encantos para dominarlos con un arma poderosa e irresistible; que vencieron con sus caricias heroicas a monstruos repulsivos y odiados; que sacrificaron su castidad a la venganza o a la sublime abnegación.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Discretamente, fue mencionada la inglesa linajuda que se mandó inocular una horrible y contagiosa podredumbre para transmitírsela con fingido amor a Bonaparte, quien se libró milagrosamente gracias a una flojera repentina en la cita fatal.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y todo se decía con delicadeza y moderación, ofreciéndose de cuando en cuando el entusiástico elogio que provocase la curiosidad heroica.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;De todos aquellos rasgos ejemplares pudiera deducirse que la misión de la mujer en la tierra se reducía solamente a sacrificar su cuerpo, abandonándolo de continuo entre la soldadesca lujuriosa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las dos monjitas no atendieron, y es posible que ni se dieran cuenta de lo que decían los otros, ensimismadas en más íntimas reflexiones.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo no despegaba los labios. Dejáronla reflexionar toda la tarde.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando iban a sentarse a la mesa para comer apareció Follenvie para repetir la frase de la víspera.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo respondió ásperamente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Nunca me decidiré a eso.¡Nunca, nunca!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Durante la comida, los aliados tuvieron poca suerte. Loiseau dijo tres impertinencias. Se devanaban los sesos para descubrir nuevas heroicidades -y sin que saltase al paso ninguna-, cuando la condesa, tal vez sin premeditarlo, sintiendo una irresistible comezón de rendir a la Iglesia un homenaje, se dirigió a una de las monjas -la más respetable por su edad- y le rogó que refiriese algunos actos heroicos de la historia de los santos que habían cometido excesos criminales para humanos ojos y apetecidos por la Divina Piedad, que los juzgaba conforme a la intención, sabedora de que se ofrecían a la gloria de Dios o a la salud y provecho del prójimo. Era un argumento contundente. La condesa lo comprendió, y fuese por una tácita condescendencia natural en todos los que visten hábitos religiosos, o sencillamente por una casualidad afortunada, lo cierto es que la monja contribuyó al triunfo de los aliados con un formidable refuerzo. La habían juzgado tímida, y se mostró arrogante, violenta, elocuente. No tropezaba en incertidumbres causísticas, era su doctrina como una barra de acero; su fe no vacilaba jamás, y no enturbiaba su conciencia ningún escrúpulo. Le parecía sencillo el sacrificio de Abrahán; también ella hubiese matado a su padre y a su madre por obedecer un mandato divino; y, en su concepto, nada podía desagradar al Señor cuando las intenciones eran laudables. Aprovechando la condesa tan favorable argumentación de su improvisada cómplice, la condujo a parafrasear un edificante axioma, "el fin justifica los medios", con esta pregunta:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Supone usted, hermana, que Dios acepta cualquier camino y perdona siempre, cuando la intención es honrada?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Quién lo duda, señora? Un acto punible puede, con frecuencia, ser meritorio por la intención que lo inspire.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y continuaron así discurriendo acerca de las decisiones recónditas que atribuían a Dios, porque lo suponían interesado en sucesos que, a la verdad, no deben importarle mucho.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La conversación, así encarrilada por la condesa, tomó un giro hábil y discreto. Cada frase de la monja contribuía poderosamente a vencer la resistencia de la cortesana. Luego, apartándose del asunto ya de sobra repetido, la monja hizo mención de varias fundaciones de su Orden; habló de la superiora, de sí misma, de la hermana San Sulpicio, su acompañante. Iban llamadas a El Havre para asistir a cientos de soldados con viruela. Detalló las miserias de tan cruel enfermedad, lamentándose de que, mientras inútilmente las retenía el capricho de un oficial prusiano, algunos franceses podían morir en el hospital, faltos de auxilio. Su especialidad fue siempre asistir al soldado; estuvo en Crimea, en Italia, en Austria, y al referir azares de la guerra, se mostraba de pronto como una hermana de la Caridad belicosa y entusiasta, sólo nacida para recoger heridos en lo más recio del combate; una especie de sor María Rataplán, cuyo rostro descarnado y descolorido era la imagen de las devastaciones de la guerra.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando hubo terminado, el silencio de todos afirmó la oportunidad de sus palabras.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Después de cenar se fue cada cual a su alcoba, y al día siguiente no se reunieron hasta la hora del almuerzo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La condesa propuso, mientras almorzaban, que debieran ir de paseo por la tarde. Y el conde, que llevaba del brazo a la moza en aquella excursión, se quedó rezagado.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Todo estaba convenido.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En tono paternal, franco y un poquito displicente, propio de un " hombre serio" que se dirige a un pobre ser, la llamó niña, con dulzura, desde su elevada posición social y su honradez indiscutible, y sin preámbulos se metió de lleno en el asunto.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Prefiere vernos aquí víctimas del enemigo y expuestos a sus violencias, a las represalias que seguirían indudablemente a una derrota? ¿Lo prefiere usted a doblegarse a una... liberalidad muchas veces por usted consentida?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La moza callaba.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El conde insistía, razonable y atento, sin dejar de ser "el señor conde", muy galante con afabilidad, hasta con ternura si la frase lo exigía. Exaltó la importancia del servicio y el "imborrable agradecimiento". Después comenzó a tutearla de pronto, alegremente:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-No seas tirana, permite al infeliz que se vanaglorie de haber gozado a una criatura como no debe haberla en su país.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La moza, sin despegar los labios, fue a reunirse con el grupo de señoras.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ya en casa se retiró a su cuarto, sin comparecer ni a la hora de la comida. La esperaban con inquietud. ¿Qué decidiría?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al presentarse Follenvie, dijo que la señorita  Isabel se hallaba indispuesta, que no la esperasen. Todos aguzaron el oído. El conde se acercó al posadero y le preguntó en voz baja:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Ya está?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Sí.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Por decoro no preguntó más; hizo una mueca de satisfacción dedicada a sus acompañantes, que respiraron satisfechos, y se reflejó una retozona sonrisa en los rostros.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau no pudo contenerse:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Caramba! Convido champaña para celebrarlo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y se le amargaron a la señora Loiseau aquellas alegrías cuando apareció Follenvie con cuatro botellas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Mostrándose a cual más comunicativo y bullicioso, rebosaba en sus almas un goce fecundo. El conde advirtió que la señora Carré-Lamadon era muy apetecible, y el industrial tuvo frases insinuantes para la condesa. La conversación chisporroteaba, graciosa, vivaracha, jovial.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;De pronto, Loiseau, con los ojos muy abiertos y los brazos en alto, aulló:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Silencio!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Todos callaron estremecidos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Chist! -y arqueaba mucho las cejas para imponer atención.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al poco rato dijo con suma naturalidad.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Tranquilícense. Todo va como una seda.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pasado el susto, le rieron la gracia.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Luego repitió la broma:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Chist!...&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y cada 15 minutos insistía. Como si hablara con alguien del piso alto, daba consejos de doble sentido, producto de su ingenio de comisionista. Ponía de pronto la cara larga, y suspiraba al decir:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Pobrecita!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;O mascullaba una frase rabiosa:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Prusiano asqueroso!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cuando estaban distraídos, gritaban:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡No más! ¡No más!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y como si reflexionase, añadía entre dientes:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Con tal que volvamos a verla y no la haga morir, el miserable!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;A pesar de ser aquellas bromas de gusto deplorable, divertían a los que las toleraban y a nadie indignaron, porque la indignación, como todo, es relativa y conforme al medio en que se produce. Y allí respiraban un aire infestado por todo género de malicias impúdicas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al fin, hasta las damas hacían alusiones ingeniosas y discretas. Se había bebido mucho, y los ojos encandilados chisporroteaban. El conde, que hasta en sus abandonos conservaba su respetable apariencia, tuvo una graciosa oportunidad, comparando su goce al que pueden sentir los exploradores polares, bloqueados por el hielo, cuando ven abrirse un camino hacia el Sur.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau, alborotado, levantose a brindar.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Por nuestro rescate!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En pie, aclamaban todos, y hasta las monjitas, cediendo a la general alegría, humedecían sus labios en aquel vino espumoso que no habían probado jamás. Les pareció algo así como limonada gaseosa, pero más fino.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau advertía:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Qué lastima! Si hubiera un piano podríamos bailar un rigodón.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet, que no había dicho ni media palabra, hizo un gesto desapacible. Parecía sumergido en pensamientos graves, y de cuando en cuando estirábase las barbas con violencia, como si quisiera alargarlas más aún.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Hacia medianoche, al despedirse, Loiseau, que se tambaleaba, le dio un manotazo en la barriga, tartamudeando:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿No está usted satisfecho? ¿No se le ocurre decir nada?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet, erguido el rostro y encarado con todos, como si quisiera retratarlos con una mirada terrible, respondió:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Sí, por cierto. Se me ocurre decir a ustedes que han fraguado una canallada.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se levantó y se fue repitiendo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Una canallada!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Era como un jarro de agua. Loiseau  quedose confundido; pero se repuso con rapidez, soltó la carcajada y exclamó:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Están verdes, para usted... están verdes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Como no le comprendían, explicó los "misterios del pasillo". Entonces rieron desaforadamente; parecían locos de júbilo. El conde y el señor Carré-Lamadon lloraban de tanto reír. ¡Qué historia! ¡Era increíble!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt; -Pero ¿está usted seguro?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Tan seguro! Como que lo vi.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt; -¿Y ella se negaba...?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Por la proximidad... vergonzosa del prusiano.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Es cierto?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Ciertísimo! Pudiera jurarlo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El conde se ahogaba de risa; el industrial tuvo que sujetarse con las manos el vientre, para no estallar.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau insistía:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Y ahora comprenderán ustedes que no le divierta lo que pasa esta noche.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Reían sin fuerzas ya, fatigados, aturdidos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Acabó la tertulia. "Felices noches."&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La señora Loiseau, que tenía el carácter como una ortiga, hizo notar a su marido, cuando se acostaban, que la señora Carré-Lamadon, "la muy fantasmona", rió de mala gana, porque pensando en lo de arriba se le pusieron los dientes largos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-El uniforme las vuelve locas. Francés o prusiano, ¿qué más da? ¡Mientras haya galones! ¡Dios mío! ¡Es una vergüenza como está el mundo!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y durante la noche resonaron continuamente, a lo largo del oscuro pasillo, estremecimientos, rumores tenues apenas perceptibles, roces de pies desnudos, alientos entrecortados y crujir de faldas. Ninguno durmió, y por debajo de todas las puertas asomaron, casi hasta el amanecer, pálidos reflejos de las bujías.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El champaña suele producir tales consecuencias, y, según dicen, da un sueño intranquilo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Por la mañana, un claro sol de invierno hacía brillar la nieve deslumbradora.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La diligencia, ya enganchada, revivía para proseguir el viaje, mientras las palomas de blanco plumaje y ojos rosados, con las pupilas muy negras, picoteaban el estiércol, erguidas y oscilantes entre las patas de los caballos.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El mayoral, con su chamarra de piel, subido en el pescante, llenaba su pipa; los viajeros, ufanos, veían cómo les empaquetaban las provisiones para el resto del viaje.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Sólo faltaba Bola de Sebo, y al fin compareció.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Se presentó algo inquieta y avergonzada; cuando se detuvo para saludar a sus compañeros, hubiérase dicho que ninguno la veía, que ninguno reparaba en ella. El conde ofreció el brazo a su mujer para alejarla de un contacto impuro.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La moza quedó aturdida; pero sacando fuerzas de flaqueza, dirigió a la esposa del industrial un saludo humildemente pronunciado. La otra se limitó a una leve inclinación de cabeza, imperceptible casi, a la que siguió una mirada muy altiva, como de virtud que se rebela para rechazar una humillación que no perdona. Todos parecían violentados y despreciativos a la vez, como si la moza llevara una infección purulenta que pudiera comunicárseles.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Fueron acomodándose ya en la diligencia, y la moza entró después de todos para ocupar su asiento.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Como si no la conocieran. Pero la señora Loiseau la miraba de reojo, sobresaltada, y dijo a su marido:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Menos mal que no estoy a su lado.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El coche arrancó. Proseguían el viaje.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Al principio nadie hablaba. Bola de Sebo no se atrevió a levantar los ojos. Sentíase a la vez indignada contra sus compañeros, arrepentida por haber cedido a sus peticiones y manchada por las caricias del prusiano, a cuyos brazos la empujaron todos hipócritamente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pronto la condesa, dirigiéndose a la señora Carré-Lamdon, puso fin al silencio angustioso:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¿Conoce usted a la señora de Etrelles?&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Vaya! Es amiga mía.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-¡Qué mujer tan agradable!&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Sí; es encantadora, excepcional. Todo lo hace bien: toca el piano, canta, dibuja, pinta... Una maravilla.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;El industrial hablaba con el conde, y confundidas con el estrepitoso crujir de cristales, hierros y maderas, oíanse algunas de sus palabras: "...Cupón... Vencimiento... Prima... Plazo..."&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Loiseau, que había escamoteado los naipes de la posada, engrasados por tres años de servicio sobre mesas nada limpias, comenzó a jugar al bésique con su mujer.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las monjitas, agarradas al grueso rosario pendiente de su cintura, hicieron la señal de la cruz, y de pronto sus labios, cada vez más presurosos, en un suave murmullo, parecían haberse lanzado a una carrera de oremus; de cuando en cuando besaban una medallita, se persignaban de nuevo y proseguían su especie de gruñir continuo y rápido.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Cornudet, inmóvil, reflexionaba.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Después de tres horas de camino, Loiseau, recogiendo las cartas, dijo:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Hace hambre.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y su mujer alcanzó un paquete atado con un bramante, del cual sacó un trozo de carne asada. Lo partió en rebanadas finas, con pulso firme, y ella y su marido comenzaron a comer tranquilamente.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Un ejemplo digno de ser imitado -advirtió la condesa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y comenzó a desenvolver las provisiones preparadas para los dos matrimonios. Venían metidas en un cacharro de los que tienen para pomo en la tapadera una cabeza de liebre, indicando su contenido: un suculento pastelón de liebre, cuya carne sabrosa, hecha picadillo, estaba cruzada por collares de fina manteca y otras agradables añadiduras. Un buen pedazo de queso, liado en un papel de periódico, lucía la palabra "Sucesos" en una de sus caras.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las monjitas comieron una longaniza que olía mucho a especias y Cornudet, sumergiendo ambas manos en los bolsillos de su gabán, sacó de uno de ellos cuatro huevos duros y del otro un panecillo. Mondó uno de los huevos, dejando caer en el suelo el cascarón y partículas de yema sobre sus barbas.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Bola de Sebo, en la turbación de su triste despertar, no había dispuesto ni pedido merienda, y exasperada, iracunda, veía cómo sus compañeros mascaban plácidamente. Al principio la crispó un arranque tumultuoso de cólera, y estuvo a punto de arrojar sobre aquellas gentes un chorro de injurias que le venían a los labios; pero tanto era su desconsuelo, que su congoja no le permitió hablar.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Ninguno la miró ni se preocupó de su presencia; sentíase la infeliz sumergida en el desprecio de la turba honrada que la obligó a sacrificarse, y después la rechazó, como un objeto inservible y asqueroso. No pudo menos de recordar su hermosa cesta de provisiones devoradas por aquellas gentes; los dos pollos bañados en su propia gelatina, los pasteles y la fruta, y las cuatro botellas de burdeos. Pero sus furores cedieron de pronto, como una cuerda tirante que se rompe, y sintió pujos de llanto. Hizo esfuerzos terribles para vencerse; irguióse, tragó sus lágrimas como los niños, pero asomaron al fin a sus ojos y rodaron por sus mejillas. Una tras otra, cayeron lentamente, como las gotas de agua que se filtran a través de una piedra; y rebotaban en la curva oscilante de su pecho. Mirando a todos resuelta y valiente, pálido y rígido el rostro, se mantuvo erguida, con la esperanza de que no la vieran llorar.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Pero advertida la condesa, hizo al conde una señal. Se encogió de hombros el caballero, como si quisiera decir: "No es mía la culpa".&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;La señora Loiseau, con una sonrisita maliciosa y triunfante, susurró:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;-Se avergüenza y llora.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Las monjitas reanudaron su rezo después de envolver en papel el sobrante de longaniza.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y entonces Cornudet -que digería los cuatro huevos duros- estiró sus largas piernas bajo el asiento delantero, reclinose, cruzó los brazos, y sonriente, como un hombre que acierta con una broma pesada, comenzó a canturrear La Marsellesa.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;En todos los rostros pudo advertirse que no era el himno revolucionario del gusto de los viajeros. Nerviosos, desconcertados, intranquilos, removíanse, manoteaban; ya solamente les faltó aullar como los perros al oír un organillo.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y el demócrata, en vez de callarse, amenizó el bromazo añadiendo a la música su letra:&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Patrio amor que a los hombres encanta,&lt;br /&gt;conduce nuestros brazos vengadores;&lt;br /&gt;libertada, libertad sacrosanta,&lt;br /&gt;combate por tus fieles defensores.&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Avanzaba mucho la diligencia sobre la nieve ya endurecida, y hasta Dieppe, durante las eternas horas de aquel viaje, sobre los baches del camino, bajo el cielo pálido y triste del anochecer, en la oscuridad lóbrega del coche, proseguía con una obstinación rabiosa el canturreo vengativo y monótono, obligando a sus irascibles oyentes a rimar sus crispaciones con la medida y los compases del odioso cántico.&lt;/span&gt;    &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;Y la moza lloraba sin cesar; a veces un sollozo, que no podía contener, se mezclaba con las notas del himno entre las tinieblas de la noche.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;p align="center"&gt;&lt;span style="color:#800000;"&gt;FIN&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-1273917780006789014?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/1273917780006789014/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/03/guy-de-maupassant.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/1273917780006789014'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/1273917780006789014'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2011/03/guy-de-maupassant.html' title='Guy de Maupassant'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-2581665970749032334</id><published>2010-11-29T15:23:00.001-08:00</published><updated>2010-11-29T15:25:30.344-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='estado de sitio'/><title type='text'>Estado de Sitio</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://farm4.static.flickr.com/3281/2628962110_efa74e0c19.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 270px; height: 370px;" src="http://farm4.static.flickr.com/3281/2628962110_efa74e0c19.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de los años setenta, un oficial de la  Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos es  secuestrado en Uruguay por el MLN ( tupamaros ). “Estado de Sitio” trata  sobre el período del pachecato, en particular el período en que los  Tupamaros estaban en su auge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El centro de la trama es el  secuestro y ejecución del agente norteamericano Dan Mitrione por los  Tupamaros. Mitrione fue ejecutado el 9 de agosto de 1970, hace 35 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;35  años después, hay un amplio debate en torno a los Tupamaros, que  integran el gobierno formalmente ”progresista” de Tabaré Vázquez,  defienden los intereses de la Asociación Rural, brindan con champán con  los representantes del FMI y el Banco Mundial, es decir, acuerdan con el  imperialismo y los latifundistas contra los que se alzaron en armas en  la década del ’60. En particular se les achaca el haber firmado el  Acuerdo de Libre Comercio con EEUU, que ha llevado a miles de pequeños  campesinos y comerciantes a la ruina, y supone un cambio radical al  compromiso histórico del MLN con el pueblo Uruguayo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  proyección de “Estado de Sitio” es una oportunidad no sólo para conocer  los hechos de 35 años atrás, a través de una excelente película, sino  además para debatir un balance sobre una de las experiencias  revolucionarias más importantes de América Latina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enlace para la descarga directa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.filefront.com/8032702/Es.zip"&gt;&lt;br /&gt;http://files.filefront.com/Eszip/;8032702;;/fileinfo.html&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-2581665970749032334?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/2581665970749032334/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/11/estado-de-sitio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/2581665970749032334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/2581665970749032334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/11/estado-de-sitio.html' title='Estado de Sitio'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://farm4.static.flickr.com/3281/2628962110_efa74e0c19_t.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-7124791241337703413</id><published>2010-11-04T09:30:00.000-07:00</published><updated>2010-11-04T09:32:44.243-07:00</updated><title type='text'>Escuela de Derechos Humanos</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_3DxcfkCi_mM/TNLgATS38II/AAAAAAAAAA8/pRXtzoVdi4s/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 253px; height: 199px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_3DxcfkCi_mM/TNLgATS38II/AAAAAAAAAA8/pRXtzoVdi4s/s320/images.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5535733187775819906" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span id="result_box" class="long_text" lang="es"&gt;&lt;span style="" title=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  primera Escuela de Derechos Humanos en Venezuela abrió sus puertas el  sábado en Caracas para complementar la formación académica y de  investigación de diversos profesionales en el campo de la promoción y  defensa de los derechos humanos con un enfoque crítico y progresista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" title=""&gt;Durante  la ceremonia de apertura, el Defensor del Pueblo Gabriela del Mar  Ramírez dijo que la iniciativa tiene por objetivo fortalecer la  formación académica del público en general a través de una oferta de  cursos gratuitos de profesionales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" title=""&gt;Algunas  personas que asistieron a la ceremonia incluyen el Embajador Jorge  Valero, Representante Permanente de la República Bolivariana de  Venezuela ante las Naciones Unidas, el Embajador de la República  Bolivariana de Venezuela en Irán, David Velásquez, el juez Juan Rafael  Perdomo, y el ministro del Poder Popular para la Educación Superior &lt;/span&gt;&lt;span title=""&gt;Edgar Ramírez, entre otros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" title=""&gt;En  este sentido, Ramírez explicó que la Escuela de Derechos Humanos se une  a la Fundación Juan Vives Suria, una institución creada por la Oficina  del Defensor del Pueblo en junio de 2008 para promover, fomentar y  promover la educación y la capacitación en Derechos Humanos y la  investigación académica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span title=""&gt;El Defensor del  Pueblo señaló además que esta nueva área de formación académica en el  campo de los Derechos Humanos se rompe con la visión elitista que  algunos especialistas en el campo han sido la promoción dentro y fuera  del país. &lt;/span&gt;&lt;span style="" title=""&gt;"Ahora estamos hablando de derechos humanos para todos, no de privilegio", añadió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" title=""&gt;Gabriela  del Mar Ramírez informó que el ministro de Educación Ramírez se ha  comprometido con ellos para establecer un nivel de postgrado en esta  escuela, con el fin de escribir discurso de los derechos humanos desde  una perspectiva latinoamericana. &lt;/span&gt;&lt;span style="" title=""&gt;Señaló  que el Embajador Valero será parte del personal docente de esta escuela,  junto con los Defensores del Pueblo de Ecuador, El Salvador, Bolivia y  Nicaragua, quienes tendrán la tarea de explicar las experiencias de  América Latina en la protección de los derechos humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" title=""&gt;Edgardo  Ramírez, dijo que la Escuela de Derechos Humanos, cuyo plan de estudios  ha sido diseñado conjuntamente con el Ministerio del Poder Popular para  la Educación Superior, se abre con un Diplomado en Derechos Humanos y  Defensa de la defensa. &lt;/span&gt;&lt;span title=""&gt;El curso tiene una duración  de 9 meses y veinticinco estudiantes matriculados, graduados del  programa de Estudios Jurídicos de la Universidad Bolivariana de  Venezuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span title=""&gt;El próximo año, tres campos de  nuevo certificado será de presentación: Derechos Humanos, de Derechos  Humanos de la Niñez y la Adolescencia y Derechos Humanos de la Mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" title=""&gt;El  titular de la oficina de los derechos humanos en el país agregó que la  oferta de mayor nivel académico de la escuela se ampliará poco a poco,  incluidas las actividades de educación que incluye los defensores del  pueblo en otros países de las Américas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span title=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-7124791241337703413?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/7124791241337703413/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/11/escuela-de-derechos-humanos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/7124791241337703413'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/7124791241337703413'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/11/escuela-de-derechos-humanos.html' title='Escuela de Derechos Humanos'/><author><name>Pablo Muniz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/03669473044261726243</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_3DxcfkCi_mM/TNLgATS38II/AAAAAAAAAA8/pRXtzoVdi4s/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-6382965148189674533</id><published>2010-10-19T20:13:00.000-07:00</published><updated>2010-10-19T20:24:23.942-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='william blake'/><title type='text'>William Blake</title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/TL5b2QoSdXI/AAAAAAAAAGc/JKHoPgkae0g/s1600/images.jpgll.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="640" src="http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/TL5b2QoSdXI/AAAAAAAAAGc/JKHoPgkae0g/s640/images.jpgll.jpg" width="519" /&gt;&amp;nbsp;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="background-color: #eeeeee; clear: both; color: black; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="background-color: #eeeeee; clear: both; color: black; font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="background-color: #eeeeee; color: black;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia,&amp;quot;Times New Roman&amp;quot;,serif; font-size: small;"&gt;Poeta, pintor y filósofo inglés nacido en Londres en 1757.&lt;br /&gt;Desde muy pequeño tomó cursos de dibujo y grabado en&amp;nbsp; las escuelas de   Henry Pars y&amp;nbsp; James Basire,&amp;nbsp; explorando al mismo tiempo el campo   literario con la lectura de&amp;nbsp; grandes poetas y escritores de la época.&lt;br /&gt;La marcada tendencia mística, producto de sus alucinaciones,&lt;br /&gt;quedó claramente expresada en su obra pictórica y poética,&amp;nbsp; &lt;br /&gt;tal como se observa en su primera colección de poemas&amp;nbsp; publicados en   1783 como&amp;nbsp; &lt;i&gt;"Poetical Sketches"&lt;/i&gt;. Con la &lt;i&gt;"Canción de inocencia"&lt;/i&gt;   en 1789&amp;nbsp; y &lt;i&gt;"Canciones de experiencia"&lt;/i&gt; en 1794,&amp;nbsp; el poeta   quiso reafirmar su creencia sobre la fuerza creativa de la imaginación   humana frente a la razón.&lt;br /&gt;Entre 1793 y 1818, escribió&amp;nbsp; un conjunto de poemas breves y una obra   satírica, &lt;i&gt;"Una isla en la luna"&lt;/i&gt;, referente a su niñez.&lt;br /&gt;Falleció en medio de la pobreza en agosto de 1827. &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="background-color: #eeeeee; clear: both; color: black; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; color: black; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; color: black; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; color: black; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/TL5c2ghyO2I/AAAAAAAAAGg/DGUfP1Zqj34/s1600/images.jpgp%60%60%60%60%60%60%60%60i.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/TL5c2ghyO2I/AAAAAAAAAGg/DGUfP1Zqj34/s1600/images.jpgp%60%60%60%60%60%60%60%60i.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; color: black; text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;El tigre&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia; font-size: 10pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tigre, tigre, que te enciendes en luz &lt;br /&gt;por los bosques de la noche &lt;br /&gt;¿qué mano inmortal, qué ojo &lt;br /&gt;pudo idear tu terrible simetría? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿En qué profundidades distantes, &lt;br /&gt;en qué cielos ardió el fuego de tus ojos? &lt;br /&gt;¿Con qué alas osó elevarse?&lt;br /&gt;¿Qué mano osó tomar ese fuego? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y qué hombro, y qué arte &lt;br /&gt;pudo tejer la nervadura de tu corazón? &lt;br /&gt;Y al comenzar los latidos de tu corazón, &lt;br /&gt;¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué martillo? ¿Qué cadena? &lt;br /&gt;¿En qué horno se templó tu cerebro? &lt;br /&gt;¿En qué yunque? &lt;br /&gt;¿Qué tremendas garras osaron &lt;br /&gt;sus mortales terrores dominar? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas &lt;br /&gt;y bañaron los cielos con sus lágrimas &lt;br /&gt;¿sonrió al ver su obra? &lt;br /&gt;¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tigre, tigre, que te enciendes en luz, &lt;br /&gt;por los bosques de la noche &lt;br /&gt;¿qué mano inmortal, qué ojo &lt;br /&gt;osó idear tu terrible simetría?&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; color: black; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/TL5eJEAPPbI/AAAAAAAAAGk/n_BaU5prVh0/s1600/images.jpgp.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://3.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/TL5eJEAPPbI/AAAAAAAAAGk/n_BaU5prVh0/s1600/images.jpgp.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center" style="color: black; text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;a href="http://draft.blogger.com/post-edit.g?blogID=7716132122692599530&amp;amp;postID=6382965148189674533" name="EL_VIAJERO_MENTAL"&gt;&lt;/a&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia;"&gt;El viajero mental&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia; font-size: 10pt;"&gt;He viajado a través de un país de hombres,&lt;br /&gt;un país de hombres y también de mujeres,&lt;br /&gt;y he oído y visto tan horrendas cosas &lt;br /&gt;como nunca los caminantes de la fría Tierra han conocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque allí nace en la alegría el niño&lt;br /&gt;que en el atroz dolor fue concebido,&lt;br /&gt;tal como en la alegría cosechamos el fruto&lt;br /&gt;que fue sembrado en lágrimas amargas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y si el recién nacido es un varón,&lt;br /&gt;es entregado a una mujer anciana&lt;br /&gt;que lo clava tendido en una roca&lt;br /&gt;y en copas de oro coge sus lamentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con espinas de hierro cierne su cabeza,&lt;br /&gt;y agujerea sus pies y sus manos,&lt;br /&gt;corta su corazón y lo desprende&lt;br /&gt;para hacerle sentir calor y frío.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia; font-size: 10pt;"&gt;Sus dedos enumeran cada nervio &lt;br /&gt;como un avaro contando su oro, &lt;br /&gt;y de lamentos y gritos se nutre, &lt;br /&gt;y él envejece, y ella se hace joven. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que convertido en un joven sangriento,&lt;br /&gt;y ella mudada en espléndida virgen, &lt;br /&gt;destroza sus cadenas, y la amarra &lt;br /&gt;a ella a la Tierra para su placer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se planta él mismo en lo nervios de ella &lt;br /&gt;como un labriego planta en su terreno,&lt;br /&gt;y ella se convierte en su morada&lt;br /&gt;y en jardín que le rinde setenta veces frutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto se torna envejecida sombra&lt;br /&gt;vagando alrededor de una cabaña terrestre,&lt;br /&gt;llena de pedrerías y de oro&lt;br /&gt;que ganó su trabajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y éstas son las pedrerías del alma humana,&lt;br /&gt;los rubíes y las perlas de un ojo enfermo de amor,&lt;br /&gt;el oro innumerable del corazón que sufre,&lt;br /&gt;el gemido del mártir y el suspiro del enamorado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son su alimento y su bebida,&lt;br /&gt;mantiene a los mendigos y a lo pobres,&lt;br /&gt;y para el caminante en viaje siempre&lt;br /&gt;su puerta permanece abierta.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia; font-size: 10pt;"&gt;Su pena es alegría eterna en ellos;&lt;br /&gt;hacen resonar los techos y los muros&lt;br /&gt;hasta que de la lumbre del hogar&lt;br /&gt;una pequeñuela emerge de pronto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De fuego sólido ella es,&lt;br /&gt;y pedrerías y oro, en tal manera&lt;br /&gt;que nadie osa tocar su infantil forma&lt;br /&gt;o envolverla en pañales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ella llega donde el que ama,&lt;br /&gt;joven o viejo o rico o pobre;&lt;br /&gt;muy pronto expulsan al anciano huésped&lt;br /&gt;que se va mendigando por puertas ajenas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Va llorando errante, muy lejos,&lt;br /&gt;hasta que alguien admita hospedarle,&lt;br /&gt;a menudo ciego por la edad, desesperado,&lt;br /&gt;hasta que puede ganar una doncella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y para consolar su edad helada&lt;br /&gt;en sus brazos la toma el pobre hombre.&lt;br /&gt;La cabaña desaparece de su vista&lt;br /&gt;y también el jardín con sus dulces encantos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los huéspedes están esparcidos por toda la región,&lt;br /&gt;porque el ojo alterado altera todo.&lt;br /&gt;Los sentidos se enrollan en sí mismos, con miedo,&lt;br /&gt;y la Tierra plana se convierte en una pelota.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia; font-size: 10pt;"&gt;Las estrellas, el Sol, la Luna, todo huye.&lt;br /&gt;Un vasto desierto sin límites,&lt;br /&gt;y no queda nada de comer o beber,&lt;br /&gt;y alrededor sólo el desierto oscuro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La miel de sus labios de niña,&lt;br /&gt;el pan y el vino de su dulce sonrisa,&lt;br /&gt;el juego desordenado de su ojo vagabundo&lt;br /&gt;a una ilusoria infancia le conducen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque a medida que come y bebe se transforma&lt;br /&gt;haciéndose más joven cada día,&lt;br /&gt;y ambos, en el salvaje desierto&lt;br /&gt;van errantes llenos de terror y congoja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella huye como cierva salvaje,&lt;br /&gt;su temor planta muchos matorrales salvajes,&lt;br /&gt;mientras él la persigue de noche y de día,&lt;br /&gt;por artificios de amor conducido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por artificios de amor y de odio&lt;br /&gt;hasta que el salvaje desierto entero está plantado&lt;br /&gt;con laberintos de díscolo amor&lt;br /&gt;donde vagan el león, el lobo y el oso,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;hasta que él se convierte en un díscolo niño&lt;br /&gt;y ella en una llorosa mujer envejecida.&lt;br /&gt;Van a vagar allí, entonces, muchos enamorados.&lt;br /&gt;El Sol y las estrellas aproximan su curso.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-family: Georgia; font-size: 10pt;"&gt;Dulce éxtasis los árboles producen&lt;br /&gt;para todos los que vagan en el desierto,&lt;br /&gt;hasta que más de una ciudad allí es alzada&lt;br /&gt;y más de una agradable cabaña de pastor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero cuando hallan al colérico niño&lt;br /&gt;el terror cunde en la extensa región:&lt;br /&gt;gritan &lt;i&gt;¡El niño, el niño ha nacido!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;y huyen en todas direcciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque hasta la raíz se seca el brazo&lt;br /&gt;de aquel que osó tocar la colérica forma: &lt;br /&gt;osos, leones, lobos, todos huyen aullando, &lt;br /&gt;y todo árbol arroja sus frutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y nadie puede tocar esa forma colérica&lt;br /&gt;a menos que lo haga una mujer anciana.&lt;br /&gt;Ella al niño tendido clava sobre la Tierra&lt;br /&gt;y todo pasa como ya lo he dicho.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="color: black;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-6382965148189674533?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/6382965148189674533/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/10/william-blake.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6382965148189674533'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6382965148189674533'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/10/william-blake.html' title='William Blake'/><author><name>Pablo Muniz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S5fBntzmEMI/AAAAAAAAACA/vda8iXXO8tQ/S220/p.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/TL5b2QoSdXI/AAAAAAAAAGc/JKHoPgkae0g/s72-c/images.jpgll.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-7736591290587763152</id><published>2010-10-13T20:01:00.000-07:00</published><updated>2010-10-13T20:01:46.046-07:00</updated><title type='text'>Entrevistas cubanas: historias de una nación dividida  Escrito por Felipe Arocena,William Noland,William Langer Noland</title><content type='html'>&lt;a href="http://books.google.com.uy/books?id=CuK32pOUBAEC&amp;amp;lpg=PP1&amp;amp;pg=PP1#v=onepage&amp;amp;q&amp;amp;f=true"&gt;Entrevistas Cubanas&lt;/a&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTxDu9NDElcXVnGNdWstN_jLyNhhugaV0ZYGSE8mFUNJzGvAvU&amp;amp;t=1&amp;amp;usg=__B8PI_5oRXm3dZ4JDYFtrL5Y8Yis=" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTxDu9NDElcXVnGNdWstN_jLyNhhugaV0ZYGSE8mFUNJzGvAvU&amp;amp;t=1&amp;amp;usg=__B8PI_5oRXm3dZ4JDYFtrL5Y8Yis=" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-7736591290587763152?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/7736591290587763152/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/10/entrevistas-cubanas-historias-de-una.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/7736591290587763152'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/7736591290587763152'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/10/entrevistas-cubanas-historias-de-una.html' title='Entrevistas cubanas: historias de una nación dividida  Escrito por Felipe Arocena,William Noland,William Langer Noland'/><author><name>Pablo Muniz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S5fBntzmEMI/AAAAAAAAACA/vda8iXXO8tQ/S220/p.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-2779241185323071825</id><published>2010-10-13T19:32:00.000-07:00</published><updated>2010-10-13T19:35:49.380-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;img border="0" src="http://www.mercadolibre.com.uy/jm/img?s=MLU&amp;amp;f=8199821_1889.jpg&amp;amp;v=P" /&gt;&lt;a href="http://books.google.com.uy/books?id=VyCKnWW2ePwC&amp;amp;lpg=PA19&amp;amp;dq=quiniela%20uruguaya&amp;amp;pg=PP1#v=onepage&amp;amp;q&amp;amp;f=false"&gt;leer aqui&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-2779241185323071825?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/2779241185323071825/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/10/httpbooks.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/2779241185323071825'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/2779241185323071825'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/10/httpbooks.html' title=''/><author><name>Pablo Muniz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S5fBntzmEMI/AAAAAAAAACA/vda8iXXO8tQ/S220/p.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-219031748115543383</id><published>2010-10-13T19:12:00.000-07:00</published><updated>2010-10-13T19:45:06.979-07:00</updated><title type='text'>Multiculturalismo en Uruguay: ensayo y entrevistas a once comunidades culturales  Escrito por Felipe Arocena,Sebastián Aguiar</title><content type='html'>&lt;a href="http://books.google.com.uy/books?id=5U379jLEXOUC&amp;amp;lpg=PA39&amp;amp;dq=quiniela%20uruguaya&amp;amp;pg=PP1#v=onepage&amp;amp;q=quiniela%20uruguaya&amp;amp;f=false"&gt;Leer aqui&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://t3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRGhuCUfrCeJVqAbhRHhmaEjnalrqo70fMIkwIIbUv-eTHbaG0&amp;amp;t=1&amp;amp;usg=__Mxg8tnhWVSR6C2pUd0Yas3tpv_4=" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://t3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRGhuCUfrCeJVqAbhRHhmaEjnalrqo70fMIkwIIbUv-eTHbaG0&amp;amp;t=1&amp;amp;usg=__Mxg8tnhWVSR6C2pUd0Yas3tpv_4=" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-219031748115543383?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/219031748115543383/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/10/multiculturalismo-en-uruguay-ensayo-y.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/219031748115543383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/219031748115543383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/10/multiculturalismo-en-uruguay-ensayo-y.html' title='Multiculturalismo en Uruguay: ensayo y entrevistas a once comunidades culturales  Escrito por Felipe Arocena,Sebastián Aguiar'/><author><name>Pablo Muniz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S5fBntzmEMI/AAAAAAAAACA/vda8iXXO8tQ/S220/p.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-6457186577375391405</id><published>2010-04-22T21:02:00.000-07:00</published><updated>2010-04-22T21:04:46.711-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='john dos passos'/><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S9EbdCWeZCI/AAAAAAAAAFo/qbHtHnYD8lk/s1600/dos_passos.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="320" src="http://3.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S9EbdCWeZCI/AAAAAAAAAFo/qbHtHnYD8lk/s320/dos_passos.jpg" width="311" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;John Dos Passos&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;(John Roderigo Dos Passos, Chicago, 1896 - Baltimore, 1970) Narrador estadounidense, miembro destacado de la llamada Generación perdida. Se hizo célebre sobre todo por Manhattan Transfer, obra que, con su visión panorámica y objetiva de la ciudad, encabezó una importante corriente urbana de la novela contemporánea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nieto de un zapatero portugués e hijo ilegítimo de un abogado, fue educado en el hogar materno. En 1917 se graduó en la Universidad de Harvard, donde conoció a intelectuales vinculados al grupo "estetas de Harvard". Durante la Primera Guerra Mundial fue conductor de ambulancias en el frente francés, experiencia que le proporcionó material para su novela Iniciación de un hombre: 1917 (1920). Siguió a ésta Tres soldados (1921), con la cual alcanzó el reconocimiento de la crítica por su amargo antibelicismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;John Dos Passos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambas obras se inscriben en la temática característica de la Generación perdida: aunque se defiende al individuo en rebelión, se acaba condenándolo al fracaso. Pero en 1925 publicó su monumental Manhattan Transfer, que por su peculiar estructura abrió una nueva manera de escribir y de entender la ciudad: como un organismo poderoso y en cierto sentido autónomo de los seres que la habitan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta narración está conformada por fragmentos que no parecen tener relación entre sí, y que pertenecen tanto a la propia trama como a documentos de la época (por ejemplo, titulares de prensa o canciones populares). La novela relaciona múltiples caracteres a primera vista independientes, pero que agrupados en un contexto configuran una polifacética dimensión. Manhattan Transfer enmarca una visión del Nueva York de principios del siglo XX abandonando el tradicional análisis caracteriológico o psicológico de los personajes por una indagación más sociológica y colectiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los seres que habitan la metrópoli son casi intrascendentes, convencionales, y apenas poseen talante novelístico en el sentido corriente, pero son sustituidos paulatinamente por otro personaje más abarcador: la propia ciudad de Nueva York, cuya vida transcurre a través de coristas, obreros, amas de casa, políticos, estafadores o triunfadores. Todo ello mediante escenas muy breves, en bloques compactos y rápidos que se graban en el lector por su alta plasticidad y el hondo realismo o incluso naturalismo, según ciertos críticos implícito en ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La técnica es casi cinematográfica, como si en vez de la conciencia subjetiva del narrador fuera el ojo objetivo de la cámara el que registrara los acontecimientos, procedimiento que con acierto se denominó "cámara-ojo". Algunos episodios del relato pueden parecer aislados, pero luego se desarrollan inesperadamente, rasgo que prefigura las estructuras aleatorias y combinatorias de la narrativa norteamericana posmoderna. Una perdurable metáfora, en definitiva, sobre el protagonismo deshumanizado de los crecientes monstruos urbanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un proyecto ulterior, la trilogía USA, tendría semejantes objetivos, aunque no alcanzó la intensidad insuperable de Manhattan Transfer. La trilogía se propuso abarcar no la ciudad, sino todo el país, en las novelas que la componen: Paralelo 42 (1930), 1919 (1932) y El gran dinero (1936), ciclo que abarca el auge del pragmatismo norteamericano desde la última década del siglo XIX hasta la Gran Depresión de 1929.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En este ambicioso proyecto, Dos Passos expresó buena parte de la filosofía de la historia que habían compartido los intelectuales de su país durante el período de 1920 a 1940. Ya en 1926 había publicado artículos políticos con una visión más bien de izquierda; sin embargo, a partir de 1930 se fue decepcionando hasta devenir un conservador nacionalista, nostálgico de una especie de pasado mítico de Estados Unidos, que intentó recuperar en sus novelas y ensayos posteriores. Pero tales obras no alcanzaron (con excepción de sus memorias, Años inolvidables) la calidad e importancia de sus ciclos urbanos. &lt;br /&gt;Fuente(http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/dos_passos.htm)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-6457186577375391405?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/6457186577375391405/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/04/john-dos-passos-john-roderigo-dos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6457186577375391405'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6457186577375391405'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/04/john-dos-passos-john-roderigo-dos.html' title=''/><author><name>Pablo Muniz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S5fBntzmEMI/AAAAAAAAACA/vda8iXXO8tQ/S220/p.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S9EbdCWeZCI/AAAAAAAAAFo/qbHtHnYD8lk/s72-c/dos_passos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7716132122692599530.post-6687253385451021605</id><published>2010-04-02T23:21:00.001-07:00</published><updated>2010-04-22T21:06:01.424-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ernest Miller Hemingway'/><title type='text'>Ernest Miller Hemingway</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S7blDplJNcI/AAAAAAAAAEM/u0TlDYiJimY/s1600/heminguay.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img alt="" border="0" height="400" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5455799849469949378" src="http://4.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S7blDplJNcI/AAAAAAAAAEM/u0TlDYiJimY/s400/heminguay.jpg" style="display: block; height: 243px; margin: 0px auto 10px; text-align: center; width: 172px;" width="283" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="font-weight: bold; text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;Ernest Miller Hemingway&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: 130%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;Nació el 21 de julio de 1899 en Oak Park, un suburbio de Chicago. Era el segundo hijo de una familia de tres. Su padre, Clarence Edmond Hemingway, era médico y le gustaba la caza y la pesca. Su madre, Grace Hall Hemingway, había estudiado música y le hizo interesarse por ella. El padre de Ernest poseía una casita con terreno en el lago Wallon, cerca de Petoskey (Míchigan). Allí aprendió a pescar (con tres años era ya capaz de manejar una caña) y a cazar (con doce empuñaba la carabina).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estudió en el Oak Park and River Forest High School, donde aprendió a tocar el violonchelo y formó parte de la orquesta. Era capitán del equipo de waterpolo y jugaba a rugby. Se interesaba también por el boxeo y peleaba con sus compañeros en los descampados. En los estudios destacó en lengua, pero sentía apatía por las otras asignaturas. Mostró sus aptitudes literarias en el diario escolar, usando el alias Ring Lardner, Jr.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al acabar sus estudios, en 1917, no quiso ir a la universidad, como quería su padre, ni quiso perfeccionar sus estudios de violonchelo, como su madre quería. Se trasladó a Kansas y en octubre de 1917 comenzó a trabajar de reportero en el Kansas City Star.&lt;br /&gt;Primera Guerra Mundial&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los Estados Unidos entraron en guerra el 6 de abril de 1917, y Ernest no quería perderse la ocasión de seguir al Cuerpo de Expedición Americano, como hicieron John Dos Passos, William Faulkner o F. Scott Fitzgerald. Debido a un defecto en el ojo izquierdo, fue excluido como combatiente. Consiguió que le admitieran como conductor de ambulancias de la Cruz Roja y desembarcó en Burdeos a finales de mayo de 1918, para marchar a Italia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 8 de julio de 1918 fue herido de gravedad por la artillería austriaca. Con las piernas heridas y una rodilla rota, fue capaz de cargarse a hombros un soldado italiano para ponerle a salvo. Caminó 40 metros hasta que se desmayó. La heroicidad le valió el reconocimiento del gobierno italiano con la Medalla de Plata al Valor. Durante su recuperación en el hospital de Milán, se enamoró de una joven enfermera, Agnes von Kurowsky, quien más tarde le plantaría por un oficial napolitano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresó a Estados Unidos en enero de 1919, reanudando su trabajo como periodista en el Toronto Star y como redactor del mensual Cooperative Commonwealth. Se casó con Elizabeth Hadley Richardson, quien era 8 años mayor que él, el 3 de septiembre de 1920. La pareja se trasladó a París en 1922.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1923, al poco tiempo de llegar a París, nació su primer hijo, John Hadley Nicanor Hemingway, al que llamaba Bumby. En París conoce los ambientes literarios de vanguardia y se relaciona con los miembros de la llamada «Generación Perdida»: Gertrude Stein, Ezra Pound y F. Scott Fitzgerald entre otros. La familia Hemingway vivía en un austero piso, pero cuando Ernest escribía a su familia les contaba que vivían en la mejor zona del Barrio Latino. Sus comienzos literarios no fueron nada fáciles. Sus primeros trabajos: Tres relatos y diez poemas (1923) y En este mundo (1925) pasaron inadvertidos. Ernest se ganaba la vida como corresponsal y viajó por toda Europa. También se empleó como sparring para boxeadores y «cazaba» palomas en los Jardines de Luxemburgo cuando sacaba a pasear a su hijo, pues los ahorros mermaban y no ganaba mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El año 1925 supuso el descubrimiento de Hemingway para los editores americanos, y el año en que escribió su primera novela, Fiesta. El nuevo estilo que mostró en este libro, retrato del París bohemio de los años veinte y buena parte de inspiración autobiográfica, dejó atrás una literatura más experimental y oscura, resultando más impactante y exitosa. También en Muerte en la tarde relata sus experiencias en Pamplona, España, país que ya comenzaba a adorar, y en el que aún hoy quedan testimonios de su presencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En 1929, edita Adiós a las armas, novela de contenido autobiográfico, ya que está basada en su paso por la guerra y sus experiencias en el frente de batalla. Le siguen dos ediciones más optimistas, que tratan dos temas que le apasionaban: la corrida de toros, en Muerte en la tarde, y África, en Las verdes colinas de África (1935). En 1928 regresa a Estados Unidos con su segunda esposa, pero pronto parte hacia Cuba. A partir de ese momento, comienza en él una curiosa y definitiva transformación. Se aleja del individualismo, como puede advertirse en Tener y no tener (1937), que describe el fracaso de una rebelión individual, y se compromete con la lucha humanitaria y con la unión de las personas. Compromete su escritura en esta nueva etapa con los republicanos españoles durante la Guerra Civil Española, compromiso del que da testimonio en el guión del filme documental Tierra española, en la obra de teatro La quinta columna (1938) y por supuesto en Por quién doblan las campanas, obra maestra de la literatura universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segunda Guerra Mundial&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estalla la Segunda Guerra Mundial. Su destino era el mar de Las Antillas y su misión, patrullar con el fin de capturar barcos de bandera nazi. En 1944 viaja a Europa como corresponsal de guerra, participa en misiones aéreas de reconocimiento en Alemania y forma parte del desembarco en Normandía, siendo uno de los primeros soldados en entrar en París. Hasta 1950 no vuelve a escribir. Al otro lado del río y entre los árboles es su primera publicación después de aquellos turbulentos años de guerra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo y el mar&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemingway con sus hijos en Finca Vigía, Cuba&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemingway vivió casi 20 años en Cuba, en una casa llamada «Finca Vigía», donde escribió esta novela. En 1952 sorprende con un breve relato encargado por la revista Life, El viejo y el mar, por el que recibe el premio Pulitzer en 1953.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La historia narra la experiencia de un viejo pescador cubano que ha tenido una mala racha y sale de pesca decidido a terminarla. Un año más tarde obtendrá el Premio Nobel de Literatura por el conjunto de su obra. Antes de recibir el premio, Hemingway repitió varias veces que «el premio pertenecía a Cuba» y después de recibir el Nobel dijo que era el primer «sato cubano que recibía este importante premio».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hemingway mantuvo una relación de amistad con el gobernante de Cuba Fidel Castro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S7yXcIUOXOI/AAAAAAAAAE4/aCcnS8BQKG0/s1600-h/fidel.jpeg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" height="301" src="http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S7yXcIUOXOI/AAAAAAAAAE4/aCcnS8BQKG0/s400/fidel.jpeg" width="400" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A partir de ese momento intenta escribir una novela sobre la Segunda Guerra Mundial, que finalmente nunca concluiría. Y vuelve en nuevos relatos a aquellos años de juventud en París y España (París era una fiesta), lugares en los que fue «muy pobre, pero muy feliz», añorando la sensación que le provocaba ser un joven soñador, valiente y arriesgado, que no sólo escribía sobre acontecimientos que un día pasarían a ser parte de la historia, sino que además era parte de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El 2 de julio de 1961 se disparó a sí mismo con una escopeta. Dada la ausencia de una nota de suicidio y el ángulo del disparo, es difícil determinar si realmente su muerte fue autoinfligida o si fue un accidente. Se presume que una posible causa fue la enfermedad de Alzheimer que se le fue diagnosticada poco antes, así como su carácter depresivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Tres relatos y diez poemas (Three Stories and Ten Poems) (1923)&lt;br /&gt;* En nuestro tiempo (In Our Time) (1925)&lt;br /&gt;* Hombres sin mujeres (Men Without Women) (1927)&lt;br /&gt;* El ganador no se lleva nada (Winner take Nothing) (1933)&lt;br /&gt;* La quinta columna y los primeros cuarenta y nueve relatos (The Fifth Column and the First Forty-Nine Stories) (1938).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Novelas&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* The Torrents of Spring (1926)&lt;br /&gt;* Fiesta (The Sun Also Rises) (1926)&lt;br /&gt;* Adiós a las armas (A Farewell to Arms) (1929)&lt;br /&gt;* Las verdes colinas de África (Green Hills of Africa) (1935)&lt;br /&gt;* Tener y no tener (To Have and Have Not) (1937)&lt;br /&gt;* Por quién doblan las campanas (For Whom the Bell Tolls) (1940)&lt;br /&gt;* Al otro lado del río y entre los árboles (Across the River and into the Trees) (1950)&lt;br /&gt;* El viejo y el mar (The Old Man and the Sea) (1952). Premio Pulitzer en 1953 y Nobel en 1954.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otras&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Hombres en guerra (Men at War) (1942). Antología&lt;br /&gt;* Muerte en la tarde (Death in the Afternoon) (1932)&lt;br /&gt;* El cabaret de Angela Swarn (1939).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obras publicadas póstumamente&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* The Wild Years (1962). Recopilación&lt;br /&gt;* París era una fiesta (A Moveable Feast) (1964). Novela&lt;br /&gt;* Enviado especial (By-Lines) (1967). Artículos periodísticos para el Toronto Star entre 1921 y 1924&lt;br /&gt;* Islas en el golfo [o Islas a la deriva] (Islands in the Stream) (1970). Novela&lt;br /&gt;* The Nick Adams Stories (1972)&lt;br /&gt;* 88 Poems (1979)&lt;br /&gt;* Selected Letters (1981)&lt;br /&gt;* Un verano peligroso (The Dangerous Summer) (1986). Pensado originalmente como un relato para la revista Life en 1959&lt;br /&gt;* True at first light (1999).&lt;br /&gt;* The Garden of Eden&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;Por quien doblan las campanas&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La trama se desarrolla en España  durante la Guerra Civil Española, y se articula en torno a la historia de Robert Jordan, un profesor de español oriundo de Montana, que lucha como especialista en explosivos en el lado republicano. El general Golz le encarga la destrucción de un puente, vital para evitar la contraofensiva del bando Nacional durante la batalla de Segovia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jordan llega a la zona, situada detrás de las líneas enemigas, guiado por un viejo, Anselmo. Allí, se encuentra con que el jefe de la banda que debe ayudarle a volar el puente, Pablo, es un borracho acobardado. Pero también conoce a María, una muchacha joven de la que enseguida se enamora, y a Pilar, la mujer de Pablo. Pilar es una mujer ruda y fea, pero valiente y de una gran voluntad; tiene una gran lealtad a la República y ayuda mucho a Jordan tanto en la misión del puente como en lo personal con María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los días precedentes al momento acordado del ataque, Jordan descubre el amor y la importancia de la vida. Pero Jordan también entiende que seguramente morirá y no podrá ir a Madrid con María, como él querría.&lt;br /&gt;Personajes [editar]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Robert Jordan: especialista en explosivos y demoliciones.&lt;br /&gt;* Anselmo: Tiene 67 años, y es un excelente guía y soldado, mejor amigo de Jordan durante la destrucción del puente.&lt;br /&gt;* Pablo: Líder de una banda de guerrilleros. Es listo, traicionero, astuto y alcohólico.&lt;br /&gt;* Rafael: Miembro gitano de la banda de Pablo.&lt;br /&gt;* María: Amante de Robert Jordan. Tuvo una experiencia traumática a manos fascistas.&lt;br /&gt;* Pilar: Esposa de Pablo, y romaní, auténtica líder de la banda.&lt;br /&gt;* Agustín: Miembro de la banda de Pablo.&lt;br /&gt;* El Sordo: Líder de otra banda de guerrilleros.&lt;br /&gt;* Fernando: Miembro de la banda de Pablo, de mediana edad.&lt;br /&gt;* Andrés: Miembro de la banda de Pablo y hermano de Eladio.&lt;br /&gt;* Eladio: Al igual que su hermano, Eladio es un miembro de la banda de Pablo.&lt;br /&gt;* Primitivo: Joven miembro de la banda de Pablo.&lt;br /&gt;* Joaquín: Adolescente, miembro de la banda del Sordo, y comunista entusiasta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alusiones a hechos y personajes reales [editar]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acción de la novela se desarrolla en junio de 1937, durante la preparación de la Batalla de Brunete.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Batalla de Guadalajara, el caos imperante y, de manera más general, el trágico destino de la causa republicana, sirven de telón de fondo en la novela. Robert Jordan, por ejemplo, hace constar que sigue a los comunistas debido a su disciplina en una alusión implícita a las divergencias y luchas intestinas dentro de las distintas facciones del bando republicano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La escena descrita en el décimo capítulo en el que Pilar narra la ejecución de varios fascistas de su pueblo está basada en hechos acaecidos en Ronda en 1936. Aunque años más tarde Hemingway declaró haberla inventado, todo parece indicar que se basó en ella: en Ronda, unos 500 simpatizantes del bando sublevado fueron despeñados por el cañón que la rodea desde una casa situada en su borde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También aparecen en el libro algunos personajes reales como:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Andrés Nin, cofundador del POUM, del que se burla Karkov en el capítulo 18.&lt;br /&gt;* Indalecio Prieto&lt;br /&gt;* Los generales José Miaja, responsable de la defensa de Madrid en octubre de 1936 y Vicente Rojo son mencionados en el capítulo 35.&lt;br /&gt;* Dolores Ibárruri, la Pasionaria, es descrita prolijamente en el capítulo 32.&lt;br /&gt;* Robert Hale Merriman, líder de los voluntarios estadounidenses en las Brigadas Internacionales y bien conocido por Hemingway, pudo haber servido de modelo para Robert Jordan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A finales de la década de 1990 salió a la luz la autobiografía "Memorias de un saboteador" de Iliá Stárinov. Este militar ruso participó, además de en todas las contiendas bélicas de la URSS de la primera mitad del siglo XX, en la Guerra Civil de España. En ella fue instuctor de los saboteadores republicanos y partícipe de muchas de sus acciones. En su libro Stárinov cuenta que varias veces el propio Hemingway los acompañó a la retaguardia y que el prototipo de Robert Jordan fue Alex, un judío americano de las Brigadas Internacionales que formaba parte de su grupo de saboteadores. Los que conocieron a Stárinov dicen que Hemingway tomó sus cualidades militares para su personaje.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7716132122692599530-6687253385451021605?l=doblanxti.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://doblanxti.blogspot.com/feeds/6687253385451021605/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/04/ernest-miller-hemingway-nacio-el-21-de.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6687253385451021605'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7716132122692599530/posts/default/6687253385451021605'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://doblanxti.blogspot.com/2010/04/ernest-miller-hemingway-nacio-el-21-de.html' title='Ernest Miller Hemingway'/><author><name>Pablo Muniz</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S5fBntzmEMI/AAAAAAAAACA/vda8iXXO8tQ/S220/p.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_AcjEeLt-Y_o/S7blDplJNcI/AAAAAAAAAEM/u0TlDYiJimY/s72-c/heminguay.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
